El cajigal balumba de lo irremediable a lo inesperáu.

martes 16 de junio de 2009

Con la cabeza alta



Sarrionandia es uno de los mejores escritores vascos de la actualidad. A él, junto a otros entre los que destaca Bernardo Atxaga, se debe la incorporación de la lengua vasca a la modernidad, dejando atrás códigos caducos que por contraste disfrutan de gran predicamento en Cantabria, donde tanto abunda el paisanismo literario (y por paisanismo también me refiero a sus reversos, como los poemarios dedicados a los traumas del ratón Mickey y otras moderneces hueras). Sarrionandia publica al menos un libro al año. Al castellano tan sólo ha volcado dos, uno hace mucho tiempo, publicado por el extinto diario Egin, y otro más reciente, en esta ocasión dado a imprenta por Hiru, la editorial de la mujer, recientemente fallecida, de Alfonso Sastre, uno de los dramaturgos españoles vivos más influyentes, sobre todo en los convulsos años setenta y ochenta, y afín a la izquierda abertzale, como se ha podido saber, o recordar quien ya lo supiera, a raíz de las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Ambos libros están agotados. El primero lo compré cuando crío y lo regalé, lástima, porque es inencontrable. El segundo todavía lo tengo y lleva por título "No soy de aquí": el libro desgrana su estancia en la cárcel por pertenencia a la banda terrorista ETA. Es un libro, por muchos motivos, descorazonador. Es impresionante comprobar la claridad de ideas de alguien tan equivocado.

El autor, Sarrionandia, huyó de la cárcel escondido en unos bafles durante un concierto, unos dicen que de Kortatu, otros que de un cantautor, uno que ha muerto recientemente, me parece, y de viejo, un deshonor tratándose de un revolucionario, supongo. El caso es que Sarrionandia ahora vive en paradero desconocido. Y continúa escribiendo, incansable, un libro al año, como una fruta que se hace desear porque de tan rica sabe que puede. En muchas ocasiones he tenido un nuevo libro suyo en las manos en la librería Urretxindorra o en alguna otra de las que frecuento cuando visito el País Vasco, libros que no me tienen como destinatario, libros que abro y cierro como un abanico por si se me queda algo del aire, las letras del alfabeto aventadas, lleno el texto de kas que parecen apuntalarlo. Lástima, me digo, qué pena tantas cosas... releo lo que puedo, lo que está a mi alcance y entiendo, y me digo que no puede ser, imposible, que un autor de tanta altura no puede defender lo que defiende, no es capaz. Pero sí.

Uno de sus poemas tiene un verso que dice: "sombras de aves invisibles por el suelo".

Yo prefiero levantar la vista. Quizá no todos puedan.

La fotografía es de Graciela Iturbide.

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