El cajigal balumba de lo irremediable a lo inesperáu.

viernes 27 de enero de 2012

Mal acostumbrados


A vuela pluma, se me antoja que la conexión entre ambos volúmenes del Centro de Arte Botín (CAB, ya lo veo venir) y de éste con los jardines, con su color rojo chillón, en metal, no va a ser el más acertado; que las vistas de los paseantes se van a reducir a las paredes del CAB y al antedicho armazón rojo, preciosas; que la solución para ocultar la boca del túnel con que los coches van a salvar los jardines, un anfiteatro al aire libre con su graderío, es en realidad un terraplén que desconecta el CAB con el fantástico edificio que tiene al lado, de Ricardo Lorenzo (alguien tendría que explicar a Renzo Piano quién es éste señor), además de cerrar el conjunto al oeste; que los bajos del CAB, abiertos, van a convertirse en el mejor lugar donde recoger musgo por navidad, si no lo mean antes los chavales del botellón; que redondear las aristas del edificio para que entre mejor el sol (¿qué sol?) a los bajos del CAB se me antoja una chorradita que ni a un crío (ya me imagino los fluorescentes encendidos en invierno a partir de las seis de la tarde); en fin, que no.

Y lo que es más importante: ¿qué programación? ¿Alguien fue a ver la exposición que se organizó hace poco con los fondos de la Fundación Botín? Que si esto me gusta, que si esto de más allá, también... en fin, caprichosa de todo punto. Tiene un poquito de todo lo que los ricachones creen que se debe tener. Y me parece estupendo, porque el que paga manda, y si a Botín le gusta la mierda que hace Mona Hatoum, por ejemplo, pues adelante, que la compre. Pero que no nos lo ponga en la bahía, por favor.

Mirad, en el Centro Niemeyer de Avilés también programaban exposiciones que no valían un higo. Llegó Cascos, que no es en absoluto santo de mi devoción, como os podéis imaginar, y se cargó al equipo aduciendo que lo que hacían no era bueno. Puso a otros y listo, vida nueva, hasta que toque volver a cambiar. Esto en el CAB no se podrá hacer. O sí, pero solo cuando Botín se levante con los cables cruzados, no cuando nosotros lo demandemos, porque nosotros, santanderinos, no vamos a pintar nada (no nos va a quedar ni piedra, ni papel ni tijera). Pero entonces, cuidado, porque tal y como está el patio, cuando Botín se levante con el pie cambiado, a lo mejor le da por borrarnos a todos del mapa, y listo.

Si le dejamos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El banco incluso le está usurpando el nombre a la ciudad, lo cual no deja de ser sintomático. En los diarios económicos internacionales -y cada vez se ve más en los nacionales- "Santander" significa "el Banco Santander".

Esta familia tiene, sencillamente, demasiado poder. Luego tiene uno que aguantar en los panfletos de historia de Cantabria lo malas malísimas que eran las estructuras sociales del Antiguo Régimen.

Archivo del blog