Esta mañana voy a entrar al Edificio Enlace, que tiene una puerta corredera automática, y justo coincido del otro lado con un señor mayor que estaba saliendo y que, cuando se abre la puerta, me invita a que pase con un gesto caballeroso, como si él me la hubiera abierto. Reímos y pasamos a la vez. La puerta es grande.
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