Mientras los músicos tocaban tormentas, el retinglar asustado de los campanos, las gruesas gotas martilleando sobre piedras saleras, el viento pasaba por la puerta medio abierta que daba al callejón y afuera dos apicultores, pasiego uno y el otro montañés, bebían medias de cerveza que al entrechocar sonaban como relámpagos lejanos.
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