Vamos a la capilla del hospital y a la puerta hay una escultura de una hermana de la caridad representada con ese tocado que llevan que parece un pájaro con las alas abiertas. La mira y se estremece (para mal) al tiempo que me dice que uno todavía mayor llevaban las de su colegio. Salían así por las puertas, moviendo la cabeza, igual que tudancas, y hace el gesto, poniendo las manos
aspanas. La cabeza y el culo ese gordo que tenían de estar sentadas, termina.
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