sábado, 24 de enero de 2015

De libros con doble vida, el blog de nuestro alcalde, la rampla de Sotileza y la plazuca del Rampalay, mi fotocopiadora y la cadena perpetua, y el faro

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El libro Historia de los salazoneros italianos en Cantabria publicado por la UC el año pasado ya fue publicado con un título muy parecido por la Consejería de Medio Ambiente, en época socialista. Ahora se vuelve a publicar, parecido, por otra institución. Eso es sacar rendimiento y lo demás, cuento.

(2)

El blog de Íñigo de la Serna, alcalde de Santander, tiene fondo negro.

Pues eso.

(3)

Me contaba el poeta y dramaturgo Isaac Cuende, nacido en la calle Limón del Cabildo, que siendo él un chaval no había semana que no se suicidara alguien en la Rampla de Sotileza.

Hoy la han dejado muy bonita.

El refugio antiaéreo de la rampla ni se nota, oye.

Me contaba también Isaac que en la plazuca del Rampalay, pegada a la iglesia de Santa Lucía, en Santander, ponían una mesa por la que iban desfilando las familias de los republicanos condenados. Era donde se rapaba a las mujeres. Era también donde se las obligaba a beber aceite de ricino. Si tenías mala suerte y se cebaban contigo porque tu marido era, por ejemplo sindicalista, tenías muchas posibilidades de recibir ración extra, la estipulada, y acabar muerta en alguna esquina, de camino a casa, barrida por dentro.

En la plazuela han puesto la escultura de un obispo que parece un cabezudo, oye. Qué feo. Tenemos que escribir una carta al director de El Diario Montañés. No se puede consentir, tú. A ver si se la cambian por otra de su tamaño.

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La fotocopiadora de mi empleo es de autoservicio, que es una manera fina de decir de pago.

Es absurdo que sea de pago. El dinero recaudado es mínimo. Además, su gestión es problemática. A todo lo cual se suma que la tinta la paga la empresa proveedora. Si la dejáramos en abierto a nosotros no nos costaría nada, al contrario, sería un alivio. Entonces, ¿por qué? Que sea de pago es simplemente una barrera mental, es una forma de poner freno a las fotocopias incontroladas. A todos nos ha pasado: sentir la necesidad de fotocopiar todos los libros y todos los artículos del mundo. Si es de pago, te lo piensas dos veces. Si después de pensártelo dos veces sigues sintiendo tal necesidad, adelante: no te vas a volver pobre si fotocopias el mundo en nuestra fotocopiadora.

De todas formas, estoy revisando que sea de pago. Probablemente la acabe poniendo gratuita, al menos en prueba, a ver cómo responden los usuarios.

Lo anterior me sirve como vía de acceso alternativo al tema de la cadena perpetua: antes la reinserción era el concepto que confería, desde la cabeza, legitimidad a todo el sistema penitenciario. Sobre la reinserción pivotaba todo. Hacía la cárcel tolerable porque servía para algo, para algo bueno, positivo.

La cadena perpetua acaba con la referencialidad de la reinserción. Ahora todo el sistema penitenciario se ha venido abajo.

No sé si decir que ahora el sistema penitenciario no es que se haya venido abajo, a lo mejor lo que se ha caído es la careta, a lo mejor lo que ha pasado es que ha quedado en evidencia, que siempre fue lo que ahora se ha demostrado que es. No quiero pensar así.

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Me contaba el otro día mi padre que sus abuelos, o sea, mis bisabuelos, tuvieron durante un tiempo un bar en El Alta, concretamente enfrente de los Salesianos, colegio que funcionó durante muchos años como cárcel.

Me contaba mi padre que su abuela le contaba a él cómo venían a primera hora de la mañana soldados temblando porque habían tirado hasta a veinte personas de una vez por el faro.

El periodista Aser Falagán, de El Diario Montañés, decía en uno de sus artículos que no es cierto que tiraran a gente por el faro, que es un mito. Ayer mismo dos amigos míos que tengo por bien informados me decían que puede que mi bisabuela no mintiera pero que probablemente sí que estuviera engañada. La memoria, que no es de fiar. Los historiadores no han podido demostrar que se tirara a nadie por el faro.

Ya.

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