lunes, 29 de febrero de 2016

La biblioteca del Ateneo Popular de Santander

Durante la República convivían el Ateneo Popular de Santander y el Ateneo de Santander, el primero transversal, aunque el mero hecho de serlo, transversal, es decir, de defender el acceso universal a la cultura, nos da razones suficientes para considerarlo izquierdista, y el segundo abiertamente derechista, es decir, elitista, como lo sigue siendo.

El Ateneo Popular de Santander tuvo varias sedes. La última fue el edificio racionalista que se encuentra en la calle curva que sube por detrás de la iglesia de Santa Lucía. Los obreros que la construyeron no cobraron por su trabajo: en la presentación del libro sobre el Ateneo Popular de Santander de Fernando Vierna un anciano contó cómo de crío cargaba mármol con una carretilla desde la marmolería de su padre que estaba (hasta hace poco) en Peñas Redondas, enfrente del actual El Papi, hasta la sede en obras. Fue una labor voluntaria. El arquitecto que firmó la obra fue Deogracias Mariano Lastra, durante la República sin el Deogracias.

Cuando cayó Santander en los últimos días de agosto de 1937 el Ateneo Popular de Santander desapareció y su sede fue arrasada. La biblioteca, extraordinariamente rica, se esfumó. No se sabe si fue víctima de un auto de fe, si la llevaron al infierno (así eran denominados los depósitos de libros peligrosos, como el que se conserva como fondo especial en la biblioteca pública de Gijón), si se deshizo en manos de los asaltantes... algún libro con el matasellos del Ateneo Popular de Santander ha aparecido a la venta en la librería de Carmichael Alonso, en Lloreda de Cayón, pero pocos.

La sede del Ateneo Popular de Santander fue pronto ocupada por Falange (aquí estuvieron internas, con todos los gastos pagados, las hijas del alcalde falangista del pueblo de mi madre, por ejemplo) y más tarde por el Ateneo de Santander, recordemos, su antítesis, que es la institución que todavía hoy la ocupa. Y digo ocupa aposta.

Rafael Pérez Llano desvela en la última entrada de su estupendo blog, aquí, el destino cierto de muchos de los libros de la biblioteca del Ateneo Popular de Santander.

Es estremecedor.

Lo que seguimos siendo.

Dos

(1)

Una señora sacudiendo el paraguas a la entrada del aparcamiento subterráneo.

Otra pidiendo

al lado,

no:

debajo.

(2)

El otro día que hacía bueno

volvía del trabajo

por una calle que olía

maravillosamente

a guiso.

[] Sonaba una olla a presión.

[Pero]

miércoles, 24 de febrero de 2016

Leña verdi

Han esgandiáu las siebis
del jardín del mí trabaju,
las han trucáu tarmaos
cona jerra létrica.

Ó los ñalis
ó las bandiás.

Sólu daqui pisondera
conos pasos esmanaos
y palomas
y junta las palomas
los vilanos del aeriopuertu
a buscu de las gaviotas
que gañin
altas
cumu el gallegu
que jala
cara nós
de los ñublaos.

jueves, 18 de febrero de 2016

martes, 16 de febrero de 2016

Benditos

Hace un par de días apareció en prensa una noticia sobre el diálogo mantenido por el Alcalde con los agentes culturales de Santander sobre planes (líneas maestras) y proyectos (la forma que tienen las ideas de aterrizar) a desarrollar durante los próximos años.



La noticia era pura propaganda: bondades del Centro Botín, del Archivo Lafuente, el lavado de cara de la Biblioteca Municipal, etc.

Así como para saber quién es el que manda en una reunión basta con fijarse en quién redacta el acta, en actos como el referido basta con fijarse en quién emite la nota de prensa.

Los medios reciben una nota institucional con foto a buena resolución y no reparan en mientes: la publican tal cual, o con ligeras variaciones para que no se diga. Bastante tienen como para hacer ascos a notas de prensa prefabricadas.

La primera palabra que viene a la cabeza ante hechos así es "manipulación".

No es posible que viendo en la foto quién estaba presente en la reunión nadie dijera nada ni sobre el Centro Botín, ni sobre el Archivo Lafuente, ni sobre la tropelía que van a cometer con la Biblioteca Municipal, etc.

Pero hete aquí que me encuentro con un amigo de los que aparecen en la foto y le pregunto: ¿Qué tal la reunión, imagino que caldeadita, no? Qué va, en absoluto, responde. ¿Nadie dijo nada?, yo sorprendido. No, concluye.

¿Cómo es posible?

Si este tipo de actos no son el lugar, ¿para qué acudir, con quién hay que quedar bien y por qué? Y si efectivamente son lo que se vende, o sea, el lugar donde debatir, ¿por qué nadie dijo nada?

Así que ya lo sabemos: el oficialismo cultural de la foto (otra más en detalle en la edición en papel del DM) ha dado su bendición a los planes y proyectos que tiene el Alcalde preparados para Santander.

No pasa nada.

Pero mejor saberlo para evitar decepciones.

domingo, 14 de febrero de 2016

Etimología de Peña Sagra

Mozagro es un monte cántabro sobre cuya etimología no parece que debamos albergar dudas: Mons Sacrum, monte sagrado. Monsacro es el monte asturiano donde asegura la leyenda que se escondió el Arca Santa antes de que se construyera la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.

Peña Sagra por el contrario es un topónimo de etimología más dudosa. A grandes rasgos se manejan dos opciones: Sacra de sagrada o Sacra de execrable.

Pero a lo mejor no hay que elegir. A lo mejor puede ser ambas cosas, incluso alternar: sagrada primero, execrable después y por último otra vez sagrada.

Propongo un paralelo:

"No puedo pasar por alto la historia de Taleo, espectáculo prodigioso. No es que se la haya oído a otros, sino que yo mismo he contemplado con mis ojos el maravilloso prodigio. Se estableció a veinte estadios de Gamala, una pequeña y atractiva aldea, sobre una colina donde había un antiguo templo dedicado a los demonios y honrado en otro tiempo con numerosos sacrificios por los infieles. Allí se construyó una pequeña choza. Los paganos, se decía, daban culto siempre a estos espíritus malignos para apaciguar con este culto sus innumerables crueldades. (...) Cuando le vieron llegar, intentaron asustarle, pero no lo lograron porque tenía como protección su fe y la gracia combatía por él. Entonces, como impulsados de una cólera rabiosa, se lanzaron contra los árboles que surgían en las proximidades: (...) se cuenta que más de quinientos fueron arrancados de golpe. (...) Cuando los malvados demonios no pudieron atemorizar de este modo al atleta de la filosofía, recurrieron a otras tretas. Así, por la noche, intentaban infundirle pavor y confundir sus pensamientos lanzando alaridos y haciendo aparecer ciertas luces. Pero, como él se burlaba de todo esto, optaron por abandonarle y huir".

Teodoro de Ciro: Historias de los monjes de Siria, del s. V, aquí, p.195. Por cierto, un libro editado por la admirable Trotta con introducción, traducción y notas del profesor Ramón Teja, impagable.

Comentaba antes que Peña Sagra podría haber sido primero sagrada, y quiero decir con ello sagrada antes de la irrupción del cristianismo, después execrable, en pleno proceso de cristianización, quizá protagonizado por monjes tempranos con el aire de los descritos por Teodoro de Ciro, y de nuevo sagrada, pero ya desde una óptica cristiana, lo que supone adorar no un monte pero sí un santuario, el de la Virgen de la Luz, enclavado en el monte.

El cristianismo es una religión sincrética. El sincretismo no tiene por qué ser amable: llega lo nuevo asume lo viejo y ya está; no. El proceso de integración afecta a ambas partes, la nueva y la vieja (teoría de sistemas), y también puede ser traumático.

Es quizá esta sucesión de perspectivas, su imbricación, la que ha hecho de Peña Sagra un topónimo con algo de familiar, que se quiere reconocer, pero que no se puede identificar, definir con garantías. Todavía hoy Peña Sagra es entre los paisanos un paraje que infunde respeto, y no se sabe si para bien o para mal.

La corriente



Theo Angelopoulos, La mirada de Ulises, 1995.

"Los santos eran arrojados de sus capillas y arrastrados después hasta la ribera entre las patadas y salivazos de la turba, que quería vengar en estos cuerpos de palo pintados y dorados la sangre derramada por otros de músculos y hueso. ¡Al agua con los santos! Y caían de cabeza en la ría vírgenes y bienaventurados, flotando después de la inmersión con la ligera porosidad de la madera vieja.

La muchedumbre seguía por las riberas el tardo descenso de las imágenes empujadas por la corriente. Silbaban y aplaudían viendo el cabeceo de los santos (...).

Una imagen de la Virgen de Begoña arrancada de su hornacina era la que más llamaba la atención. ¡Ella tenía la culpa de todo!... Y la silbaban e insultaban, mientras la imagen descendía tendida de espaldas, mostrando a flor de agua su vientre dorado y su carita de muñeca sagrada. Un gabarrero, cruzando la ría en su barcaza, avanzó hacia la imagen como si quisiese cortarle el paso. Los devotos aplaudieron la piedad del marinero. ¡Iba a salvar a la Virgen! Cuando su barca estuvo cerca, dejó de manejar el remo, y levantándolo en alto, después de mirar a ambas orillas, dio con él un golpe tremendo a la imagen, que desapareció en un remolino de agua para no flotar más. Entonces fueron los otros los que prorrumpieron en aplausos, mientras los devotos elevaban los ojos al cielo. (...)

El doctor contemplaba la fuga del ídolo sobre las aguas, y como atraído por él, lo siguió un buen rato a lo largo de la ribera."

Vicente Blasco Ibáñez, El intruso, novela de 1904 radicada en Bilbao.

martes, 9 de febrero de 2016

Nihil novum sub sole



En una de las calles más tristes de Santander, hace un par de horas.

domingo, 7 de febrero de 2016

Tudanca, su Práu Conceju y la comunidad aldeana

Para contexto del Práu Conceju de Tudanca, "Comunidad aldeana, evolucionismo e industrialización en el s. XIX", aquí.

Pinares

Preparando un trabajo sobre el biólogo cabuérnigo Augusto González de Linares, que falleció un 1º de mayo, encuentro noticias de los actos programados para esa fecha por el naciente movimiento obrero en Cantabria: había un centro obrero en la calle Ánimas, que estaba (creo) entre el antiguo castillo de San Felipe (sus cubos se encuentran haciendo cama en los Jardines de Pereda) y la catedral, desde el que partía una comitiva que se dirigía al ayuntamiento a presentar sus reclamaciones a las autoridades para luego encaminarse a Los Pinares del Sardinero, donde comían.

Los Pinares también son conocidos como "Los Pinares de La Alfonsina".

La Alfonsina es el nombre de la finca que el ayuntamiento quiso regalar, con proyecto de palacio incluido, a Isabel II. Pero llegó la revolución de 1868, conocida como La Gloriosa, y se desbarataron los planes. Se retomarían más tarde en la península de La Magdalena o también conocida de antiguo como de Hano.

Sabiendo lo anterior, que los obreros celebraran el 1º de mayo en Los Pinares adquiere una dimensión incisiva extra.

Por supuesto, con el franquismo esta fiesta desapareció.

Pero mi padre, que ha nacido en El Alta, me dijo el otro día que él iba de pequeño "a veranear" a Los Pinares y que solía haber muy buen ambiente.

También me dijo que cuando se generalizaron los coches la gente dejó de ir a Los Pinares del Sardinero para ir a los Pinares de Liencres.

Yo de crío iba con mi familia paterna a los Pinares de Liencres. Allí celebrábamos, por ejemplo, mi cumpleaños, que es en agosto, cuando no lo hacíamos en Sopeña.

Sigue la tradición, aun cuando los que la continúan, los que la continuamos no seamos conscientes de ello.

Es como un río subterráneo que da de beber a los árboles de la superficie.

sábado, 6 de febrero de 2016

Borrador

Este texto es un borrador.

Nunca va a dejar de serlo.

Me he estado fijando esta mañana en cómo un quiosco resiste a los embates del viento: no lo que estaba dentro, sino lo de fuera, lo expuesto en un tingladillo armado con cuerdas, plásticos, banquetas. Cada nudo, cada recuerdo de Santander posado sobre un plástico para que no volara, cada pinza, todo en este quiosco vuelto hacia afuera tenía su lógica. El quiosco era un artefacto dispuesto antes contra el viento que para la venta.

Era temprano.

Mientras observaba el quiosco reparé sin querer, espectador involuntario, en cómo se iba tejiendo la red de mendigos en el centro de Santander. Se avisan de dónde se van a poner, se ofrecen algo para taparse, un gorro, no gracias, si no llueve, pero gracias, y qué del viento, toma un rotulador, ese cartón que llevas es mejor para el suelo, toma este para escribir que no tiene brillo, voy un poco más allá, donde aquella esquina con la tienda que pone buena música y se oye, yo aquí, al calor, en esta tienda no cierran la puerta y sale, el calor, cuando venga Francis dile que tire para el otro lado.

Francis, tira para arriba.

Me puse en marcha haciendo repaso mental de las esquinas donde sopla un viento demoledor: en Cuatro Caminos, esquina Calle Alta con Vargas, uno; en la conocida como Plaza del Rey, en la Calle Burgos, otro; en la esquina de Ruiz Zorrilla con La Hermida, foto:



No me salen más.

Cartelería

Raquel está haciendo seguimiento del cartel de un supermercado del barrio que lleva cerrado ni sabemos el tiempo. La primera vez que Raquel me hizo reparar en él le faltaban un montón de letras. Se fueron sumando nuevas faltas con los días. Pero llegó uno, hace no mucho, en que alguien repuso todas las letras de una sola vez.

Raquel está intrigada.

¿Quién repuso todas las letras que faltaban en un cartel de un supermercado que permanece cerrado y por qué?

Hoy nos hemos fijado que de nuevo falta una letra.

Hoy que el viento apenas permite abrir los ojos.

Cuartu del portal, joche y juche

En una fase intermedia de la evolución de la casa montañesa aparece un cuarto incrustado en el portal. Este cuarto los libros lo llaman "del peregrino" pero ningún montañés lo llama así no ya porque al peregrino se le llame peligrinu, razón suficiente, sino porque, además, este cuarto es el del portal, es decir, el cuartu del portal, sin más vueltas.

La gente de paso, como por ejemplo los hojalateros, se quedaban a dormir no en un cuarto especialmente preparado para ellos sino en los pajares. Manuel Llano lo confirma cuando trata de los méndigos. Él lo sabe de primera mano: no en vano fue lazarillo de su padre.

Cuidado que no niego que en origen este cuarto pudiera nacer para dar cobijo a los peregrinos. De hecho es frecuente encontrar en la decoración de la casa montañesa taqueado jaqués, típicamente románico, asociado a las peregrinaciones medievales. Pero lo que es claro es que el cuartu del portal se puede explicar desde dentro, sin necesidad de buscar explicaciones ajenas a la inercia de la casa montañesa, a saber: la casa llana prolonga el portal, en el portal se montan armadijos de madera conocidos como vargaretas en el Nansa para guardar aperos y estos armadijos se prolongan hasta el suelo dando lugar a espacios cerrados que pronto se convierten en cuartos. Es normal que los paisanos conozcan el resultado final de este proceso como cuartos del portal, porque realmente es lo que son, y no "cuartos del peregrino". Insisto en que no niego que el detonante de este cuarto sea algo ajeno al proceso lógico descrito y que este cuarto aparezca porque alguien con poder obliga o convence a los vecinos a destinar la mejor estancia de la casa a los peregrinos, incluso a que se les construya una estancia específica para ellos. Pero tengo para mí que eso del "cuarto del peregrino", por mucho que disfrute de respaldo documental, tiene mucho de mito moderno (llegan los maestros de obra y se apropian cuando menos documentalmente de lo que encuentran, construido desde abajo) y de acreditación reciente, por supuesto interesada, surgida al albur de la arquitectura neomontañesa en las primeras décadas del siglo pasado.

Cuando una persona duerme en el pajar, al hueco que deja en la hierba se le llama joche. No lo busquéis en el Diccionario de la Real Academia Española. No lo busquéis en los libros.

Si el cuerpo es la catedral del alma
la herba curau del joche la luz
de noche.

El otro día en Enterrías, Liébana, una vecina nos dijo que juche es el lugar donde se esconde algo. Nos lo dijo mientras nos enseñaba el zulo de una casa de potentados del pueblo. Le pregunté: ¿Y cómo se llama aquí a los zulos? A lo que respondió: De ninguna manera, zulo. ¿Por qué no juche?, me pregunté, pero no se lo dije.

En resumen, joche es en Cabuérniga el hueco que deja una persona en la hierba cuando duerme y juche es en Liébana el lugar donde se esconde algo.

¿Compartirán el montañés joche y el lebaniego juche campo semántico? Todo parece indicar que sí. ¿Y etimología? ¿Tendrán algo que ver con el vasco botxo, que es, entre otras acepciones, como se denomina familiarmente a Bilbao? De ser cierta nuestra intuición habría que emparentar joche y juche además de con el vasco botxo con el castellano buche y boche, que, según Corominas, proceden del castellano antiguo poço, poça, que a su vez lo hacen del latín PUTEUM, PUTEA, "pozo".

¿Y la jucha ,"arca", la kutxa vasca, "caja", y el juchu, "espeto"? ¿Tendrán algo que ver, aunque sea de forma tangencial?

miércoles, 3 de febrero de 2016

Santander B

He subido al trastero. Está en la última planta del edificio. Se ve todo.

Todo lo tenemos tapado con sábanas y toallas de playa. El velux cierra mal. No sabemos lo que puede entrar, tan alto. El sur, las gaviotas, la helada que cae. Nubes bajas con olor a sentina que nos llegan pese a los descargaderos cubiertos del puerto, o precisamente. Y el sol, que todo lo daña si no está tapado.

Este invierno soleado.

Todo lo tenemos tapado.

Se ve todo.



Son todas fotos del puro centro de Santander.

Todas las casas que aparecen en las fotos están habitadas.

lunes, 1 de febrero de 2016

Galbareta

Ya hemos comentado en otras ocasiones (podéis hacer uso del buscador) que vargareta en el Nansa y pajareta en el Saja es cualquier armadijo que apoya en palos incrustados en la pared.

En las casas llanas, que son las de tipología más antigua que conocemos, el alero se prolonga dando lugar al portal y dentro de éste se construye un cuarto. El tejado cae en ángulo y el cuarto del portal es un cubo, de manera que entre ambos, tejado y cuarto, queda un espacio libre. Este espacio toma el nombre bien de la vargareta o bien de la pajareta y son utilizados para guardar aperos de tamaño medio, por ejemplo, los rastrillos. Toma el nombre o a lo mejor es que estos cuartos son resultado de armadijos previos.

Estos espacios entre el tejado y el cuarto podían cerrarse. Incluso podían conectar con algún espacio interior fruto del recrecimiento de la casa impulsado probablemente por el progreso que trajo consigo el maíz, dotándose, la vargareta o pajareta, de un pequeño balcón. Si los cuartos eran dos, uno a cada lado del portal, y ambos estaban cerrados con un balcón que conectaba con el interior, es fácil imaginar que se unieran, dando lugar al balcón de la casa. Es una explicación del origen del balcón; una. Otra es que el balcón naciera aprovechando el boquerón del pajar. En los libros se apunta como génesis del balcón la arquitectura noble, aunque esta opción jerárquica, de arriba a abajo, a mí, además de no gustarme, no me convence.

Pongo foto de uno de estos armadijos en la pared lebaniego:



Lo que está debajo es un rimeru de leña.

La foto está tomada en Cabezón de Liébana.

Es habitual encontrar en las casas antiguas lebaniegas un espacio superior diáfano, completamente abierto o cerrado a lo sumo con zarzo. Pongo fotos de una casa de Enterrías:





Las tripas de la casa quedan al aire. Fijaos que los muros no son de carga, es decir, que la estructura de madera de la casa, y con ella el tejado, no apoya en los muros, sino en una estructura de madera tipo pérgola conocida en Cabuérniga como cuadru. A pesar de las evidencias, siempre, en todas partes, todos insisten en decir que nuestra arquitectura tradicional presenta muros de carga: no. Al menos no siempre.

El sábado fuimos a la Casa de las Doñas en el pueblo de Enterrías, cuya visita recomendamos vivamente, y nos explicaron que este espacio diáfano era empleado como secadero (en origen de trigo) y que se conoce como galbareta. Lo ponemos con /-b-/ porque la propietaria de la Casa de las Doñas defiende que esta palabra deriva de vargareta (escrito como lo he venido haciendo hasta ahora) y ésta a su vez de barga, no de varga entendida como cuesta, sino de barga entendida como cada una de las tablas que pueden cerrar el piso superior de la casa y que hemos oído nombrar en Bárcena Mayor colondra.

En masculino, galbaretu, una galbareta comparativamente más pequeña.

Pongo foto de una galbareta sometida a reformulación y a continuación otra con varias galbaretas a la vista, la primera de Enterrías y la segunda de Piasca, ésta con una casa en primer término, a la izquierda, que presenta una galbareta cerrada con un zarzo que aquí, en este municipio, he oído por primera vez llamar sietu:





Queda por resolver la relación entre galbareta y balcón en las casas lebaniegas, una incógnita que puede ayudar y mucho a resolver la mayor sobre el origen del balcón.