Cajal era ferviente defensor del castellano hasta que se dio cuenta de que si quería que lo leyera alguien y que sus investigaciones tuvieran eco y fueran influyentes tenía que publicar en la lengua estándar de entonces, el francés, y se plegó.
Cómo podía imaginar que un tal Bad Bunny iba a darle la vuelta a la tortilla en un tinglado llamado Super Bowl.
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