Estamos en una feria donde venden árboles crecidos de aguacate. Como están, y alcanzan la altura del pecho, en cuatro años dan fruto, aseguran los vendedores. Le ofrecemos por mensaje a mi madre pero responde que prefiere sacarlo de una
piedra, o sea, del hueso, para verlo crecer, pese a que, también nos dicen los vendedores, así la espera se prolonga catorce años.
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