miércoles, 15 de julio de 2026

Paralelismo de Maggie O´Farrell y Begoña Caamaño

El planteamiento de la novela Hamnet (Libros del Asteroide, 2021; primera en inglés de 2020) de Maggie O´Farrell se puede comparar, siguiendo el fantástico artículo de Emma Pedreira, aquí, con las dos únicas novelas de Begoña Caamaño: Circe o el placer del azul (Mar Maior, 2026; primera en gallego de 2009) y Morgana en Esmelle (Mar Maior, 2026; primera en gallego de 2012).

En Jelgar, 1

Me meto por un bosquete siguiendo un camino de animales. En la pista nunca se encuentra nada. Hay que salirse. 

Restos de una cabaña de pastor entre raíces de árboles antiguos. Un claro tomado por los helechos. Encuentro una pared que por tramos se levanta contra una garma. Sigo el perímetro. Se desvanece, me pierdo. Llego al otro lado. Toda esta otra parte está taponada por una inmensa garma. Detecto un camino:


Las piedras han sido apartadas, no puede ser solo de animales.

El roble parece estar señalando el paso del lado de allá. Lo sigo un poco. Este camino va al encuentro de la antigua cambera que conduce a Joces y cuya huella todavía se adivina en el terreno:


Vuelvo:


Me interno de nuevo en el bosquete. Aquí hay algo.

lunes, 13 de julio de 2026

El primer molino eólico cántabro

Los de los eólicos son tan majos que el primer molino que pusieron se preocuparon que fuera encima de un campamento romano para señalarlo.

El círculo

Un amigo nos invitó a comer a su casa. No recuerdo si antes o después fuimos a dar un paseo hasta el yacimiento de una antigua ermita rodeada de pastos de altura donde, según nos dijo, habían salido cosas interesantes, por ejemplo monedas (imprescindibles para datar el yacimiento, de ahí su importancia, no por su valor económico) o restos de búcaros para flores. 

Pero lo más llamativo, quizá por no haberlo sabido ver hasta ahora, fue lo que apareció fuera, tanto en el soportal, de alguna manera un espacio de transición, como sobre todo a resguardo de una de las paredes laterales, donde incluso encontraron restos de antiguas hogueras.

Este emplazamiento se explica como un lugar de encuentro o reunión de pastores, remarcó nuestro amigo. Es en lugares como este, no de paso sino de estancia, donde se aquilató una cultura pastoril desarrollada todo a lo largo de la Cordillera Cantábrica, desde las brañas vaqueiras hasta las cabañas pasiegas.

Es en torno a hogueras como esta donde se aprendió a hacer cibillas, a levantar cuerres o a tallar un palu pintu, ejemplificó. Hasta ahora nos habíamos quedado con el desarrollo vertical, siguiendo el discurrir de los ríos, el valle como unidad de análisis, el Nansa o Cabuérniga, por ejemplo, pero estamos empezando a reconocer un corredor horizontal de carácter pastoril previo.

A mediados de la semana pasada fuimos mi tía, mi madre y yo en taxi a ver a otra tía al valle. Salimos todos juntos a La Castañera. Buscamos un banco bajo algún árbol pero como ninguno nos gustó, nos sentamos en la pared que rodea la iglesia, por la parte de la puerta, que está más baja. Conocemos el sitio. No es la primera vez que vamos. Nos pusimos en círculo y sacamos las viandas: quesitos para poder masticar bien, un poco de chorizo, unas rosquillas, agua. Hablamos de esto y de aquello.

El alimento del alma

Suele estar en un banco del barrio. Normalmente solo. A veces, quieto que ni pestañea; otras, moviéndose de sentado como un péndulo. Debe dormir en el centro de acogida de Candina. Alguna vez le he viso subir por la cuesta de los toros a primera hora. Carga el móvil en una lavandería que hay cerca. Cuando tiene que ir al baño compra una lata en el súper y pide la llave. El banco es de los pocos que quedan. Uno lo quitaron porque impedía que un bar pusiera terraza. Otros dos por él. Se ve que los vecinos no lo querían delante del portal. Había un árbol al lado del banco pero los camiones que paran a descargar lo fueron tronzando hasta que también lo quitaron.

Paso a su lado de vuelta del trabajo. Está viendo recetas de cocina en el móvil.

viernes, 10 de julio de 2026

La señora de los pendientes

Esa señora mirando el escaparate de una tienda de rebajas como a punto de escapar, guardando la distancia de huida

me lleva a, o me trae el recuerdo de

los domingos que voy al rastro y paso sin querer parar por donde el puesto de esa señora que siempre que me ve se toca los pendientes.

Fue que un día de lluvia salía de mi casa de la C/ del Sol y me la encontré buscando un pendiente que se le había caído y no era para encontrarlo. La acera mojada, los charcos, todo eran reflejos. Son un regalo de mi difunto marido, me dijo. Lloraba y lloraba y las lágrimas se le mezclaban en la cara con el agua de lluvia. Paré con ella y nos pusimos a buscar el pendiente perdido hasta que lo encontramos.

Desde entonces siempre que me ve se toca los pendientes y si me paro me lo recuerda y ella es fácil que se vuelva a poner a llorar.

Nota floral

El día del funeral la viuda repartió las flores de la corona entre los presentes. Eran rosas blancas. Me lo dijo una de las personas que estuvo al preguntarle por las que tenía en el salón, varias. No sé si el número respondía a alguna razón, no lo pregunté, pero no creo, por eso no lo pregunté. Serían las que cogían en la mano.

A partir de ahora, flores sí y rosas pero no blancas.

Los dos hermanos

Debían ser hermanos porque se parecían. Muy mayores los dos. Subían de la mano. Las llevaban una sobre otra, en horizontal. El que aparentaba estar mejor era el que la llevaba puesta debajo.

Para sostener y yo bajaba por la alameda, vencido.

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