miércoles, 24 de junio de 2026

Sobre Peña Carranceja


Siempre creí que el topónimo Carranceja resultaba de la suma de una palabra relacionada con roca y otra con hoz o paso estrecho.

Pero al encontrar a la venta esta foto de Peña Carranceja he buscado en la IA de Google y parece que en el norte peninsular /carra/, del latín CARRUS, "carro", se utiliza a menudo en composición con otras palabras para referirse a "camino hacia..." o senda, pudiéndose relacionar entonces con el topónimo Carrera de Tudanca, por ejemplo.

En suma, Carranceja sería algo así como "el camino de la estrechez significativa" (por ir en femenino, que es comparativamente mejor que el masculino). Creo que se ajusta a lo que se ve.

Aprovecho para decir que *Caranceja solo es en los mapas, aquí. El pueblo dice Carranceja. O decía. En mi casa seguimos.

El derrotero

No por esperable, el derrotero healthy del Centro Botín es menos triste.

Se ve (aproximación a poema visual)

Solo había entrado una pareja de golondrinas

(por el momento) anidan en los fluorescentes

del garaje, les dejamos una joraca por arriba

del portón para que pasen y duerman dentro.


/º/    v


Cuando iba en bici a Téran

a la residencia, a ver a tu tía

me acompañaban hasta Duréu

hasta la primera casa, la baja

toda la calleja Cárabes adelante

siguiéndome. Ese es su confín

se ve.

martes, 23 de junio de 2026

Los últimos "jisquíos"

Llegamos poco antes de la cena, que es muy temprano, supongo que para acortar los días

que no se hagan largos

como son, disimularlos

pedimos verla y la bajan en ascensor, en silla de ruedas 

mi madre la abraza mientras yo le doy la mano

el ascensor permanece abierto y tiene un espejo

luego al revés, soy yo el que la abraza, y me veo

salimos a la calle, cruzamos la carretera y entramos al parque de la residencia

pequeñito

tiene unos pocos árboles frutales, parecen, aunque no veo que den fruta, quizá no sea tiempo, bancos debajo y un breve trazado de caminos de firme liso para facilitar el tránsito de los residentes, a muchos de los cuales les cuesta andar

estamos solos y nos ponemos un poco al sol y un poco a la sombra, para que le de a ella un poco de sol y a mí un poco de sombra

y mi madre en medio le canta

mi tía muy callada, las horas, quizá

le canta una montañesa para animarla

en voz baja: mi tía no reacciona

termina y echa un ijujú: 

tampoco.

Es el segundo que escucho en vivo, quiero decir, no en una grabación o impostado en una actuación.

El primero fue a mi tía Geniuca, que se puso una hierba en la boca, hizo hueco con las manos y echó un jisquíu. Apenas sonó. Igual que el de mi madre.

Es donde queda. En las voces bajas de las mujeres.

lunes, 22 de junio de 2026

Reparto de tareas

Entre los raperos un verso es una barra y una estrofa un cacho.

Las limpiadoras se tienen repartidos los pasillos del hospital por estrofas, es decir, por cachos.

Me recuerda a las trovas tradicionales, las de autoría colectiva, donde las estrofas servían para coordinar la composición (una vez estuvieran asimiladas las formas).

Mi encuentro con Enrique Vila-Matas

No sé si vale decir que una vez me crucé con el escritor Enrique Vila-Matas en las escaleras de la Biblioteca Nacional, él subiendo y yo bajando, entrando y saliendo, él con unas playeras blancas impolutas y yo no lo recuerdo ni tampoco a qué había ido.

domingo, 21 de junio de 2026

El plátano de la esquina de la bolera de Sopeña

En este árbol de la bolera de Sopeña es donde colgábamos al Judas, le prendíamos fuego y le apedreábamos mientras le lanzábamos insultos. Una vez nos grabó Jesús García Preciado con la tele pero no funcionaba el audio. Días más tarde nos convocó en su casa del pueblo para doblarnos a nosotros mismos con una grabadora. Me acuerdo de Tin, que había utilizado una palabrota que luego no podía reproducir al micrófono sin morirse de la risa: ¡juputa! También de Culis (porque era el más cool: le gustaba jugar al baloncesto en el aro que habíamos puesto en otro árbol de la bolera: teníamos que tener cuidado con las raíces y los rebotes) y de otros, lo pasamos bien aquel día. Mi padre tiene fotos pero no las quiero poner aquí porque sabéis que no me gusta subir fotos en las que salga gente ni poner nombres completos, tampoco el mío.

Al fondo se ve la casa de Don Marcelo, que es como él quería que le llamasen, Marcelo para el pueblo. Puso un busto suyo a la entrada de su casa. Desapareció. El pedestal todavía está tirado por ahí cerca. Las palmeras no se han visto afectadas por el picudo rojo, todavía.

Creo que es también en este árbol donde se quemaron las imágenes de la iglesia durante la guerra. En este o en el de al lado, que está más en la esquina. Haría falta preguntarlo antes de que se olvidara.

sábado, 20 de junio de 2026

El primer paisaje

Mar de nubes encima del Escudo de Cabuérniga:


A estas nubes se las llama bollu. Igual que a la espuma que sale cuando hierves la leche en un cazo y se te va.

La foto está tomada entrando al valle desde Santa Lucía, desde el coche. Otra vista del mismo día, esta vez andando por la mies mirando hacia Sopeña (la casa que se ve en primer término la ha hecho un paisano haciendo caso a lo que sabe, por eso le ha salido una casa tan bonita y compenetrada con el entorno):


A estas nubes mi madre las llamó melenas. Supongo que haya una relación subterránea con las melenas de la pareja.

Se trata de un fenómeno persistente.

El Escudo se llama así precisamente por esto que estáis viendo. Es una de las fronteras más claras de La Montaña (me recuerda a la frontera de humo que se levanta frente al lobo en Joces, Bustabláu y otros seles de la cabecera del río Barcenillas). El Escudo o L´Escudu funciona como parapeto frente a las nubes que entran por el mar. No creo que este topónimo tenga una explicación bélica, aunque nunca se sabe.

Vuelvo a la carretera primera, otra vista, esta vez buscando el límite del mar de nubes:


Ahora viene el redoble de tambor.

En la vertical del Picu Castillu, cerca del paso de una vertiente a otra, cerca también de donde se cortan las nubes, hay un petroglifo neolítico que representa se dice que una serpiente. Se puede ver en el libro Después de Altamira, disponible en la web del Centro de Estudios Montañeses. Echadle un ojo. Raquel y yo creemos que en realidad se trata de una vista de la niebla cayendo. Una vista desde ese mismo punto donde un pastor, uno de los primeros, antepasado de los vaqueros cabuérnigos, la dejó grabada en una lastra hace unos cinco mil años. Se suma un animal aparentemente sorprendido. De estar en lo cierto, nos encontraríamos ante el primer paisaje.

Sé que suena fuerte pero estoy convencido de lo que digo. No es científico. Es lo que Raquel y yo vemos. No vemos una serpiente. Vemos un paisaje tomado por la niebla. Ojalá en el futuro haya medios para poder comprobarlo.

viernes, 19 de junio de 2026

Se le han aclarado los ojos

Ahora que está empezando 

a perder la cabeza

el abuelo ha dejado al descubierto

un secreto

y es que habla con los pájaros.

Silbo y me responden

era lo que él quería creer

cuando estaba bien

que se decían cosas

(la serpiente, la nube

el nogal, la hierba olorosa)

pero ahora ha olvidado que era él

solo, él el que lo quería creer así

(he visto a la serpiente en la ribera

esa nube trae los carrillos inflados

cuidado con la sombra del nogal

qué olor mas rico a hierba segada

¿verdad?)

en el coro del amanecer, en casa

asomado o en el camino, una voz

más.

Ahora silba sin saber por qué

y es ahora que lo hace así

cuando se comunica - verdaderamente -

con ellos: los pájaros

cantando porque sí

él silbando (las nubes pasan

como pasa todo)

por lo mismo.

El vil metal

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