sábado, 20 de junio de 2026

El primer paisaje

Mar de nubes encima del Escudo de Cabuérniga:


A estas nubes se las llama bollu. Igual que a la espuma que sale cuando hierves la leche en un cazo y se te va.

La foto está tomada entrando al valle desde Santa Lucía, desde el coche. Otra vista del mismo día, esta vez andando desde la mies mirando hacia Sopeña (la casa que se ve en primer término la ha hecho un paisano haciendo caso a lo que sabe, por eso le ha salido una casa tan bonita y compenetrada con el entorno):


A estas nubes mi madre las llamó melenas. Supongo que haya una relación subterránea con las melenas de la pareja.

Se trata de un fenómeno persistente.

El Escudo se llama así precisamente por esto que estáis viendo. Es una de las fronteras más claras de La Montaña (me recuerda a la frontera de humo que se levanta frente al lobo en Joces, Bustabláu y otros seles de la cabecera del río Barcenillas). El Escudo o L´Escudu funciona como parapeto frente a las nubes que entran por el mar. No creo que este topónimo tenga una explicación bélica, aunque nunca se sabe.

Vuelvo a la carretera primera, otra vista, esta vez buscando el límite del mar de nubes:


Ahora viene el redoble de tambor.

En la vertical del Picu Castillu, cerca del paso de una vertiente a otra, cerca también de donde se cortan las nubes, hay un petroglifo neolítico que representa se dice que una serpiente. Se puede ver en el libro Después de Altamira, disponible en la web del Centro de Estudios Montañeses. Echadle un ojo. Raquel y yo creemos que en realidad se trata de una vista de la niebla cayendo. Una vista desde ese mismo punto donde un pastor, uno de los primeros, antepasado de los vaqueros cabuérnigos, la dejó grabada en una lastra hace unos cinco mil años. Se suma un animal aparentemente sorprendido. De estar en lo cierto, nos encontraríamos ante el primer paisaje.

Sé que suena fuerte pero estoy convencido de lo que digo. No es científico. Es lo que Raquel y yo vemos. No vemos una serpiente. Vemos un paisaje tomado por la niebla. Ojalá en el futuro haya medios para poder comprobarlo.

El olor a hierba segada y la primera foto

Cuando huele así me acuerdo de la primera foto que me hicieron. Lo dice volviendo a casa por la mies. Es tiempo de siega. Hay lombillos tirando líneas en los praos. Fue delante de la casa que teníamos, continúa, en un retaluco de prao que había. Estaba mi padre segando y yo con dos amigas ayudándole. Mi madre nos había preparado bocadillos de chorizo. A ese día me recuerda este olor. Me hicieron entonces la primera foto, que yo recuerde, aclara. Quién la tendrá.

Luego ese prao mi padre se lo dio a una familia que era tan pobre que no le alcanzaba ni para los pisos de protección de Cabezón, dice. Hicieron una casa pequeña y ahí se fueron a vivir todos.

El prao es ahora una urbanización. No sé qué habrá sido de ellos.

viernes, 19 de junio de 2026

Se le han aclarado los ojos

Ahora que está empezando 

a perder la cabeza

el abuelo ha dejado al descubierto

un secreto

y es que habla con los pájaros.

Silbo y me responden

era lo que él quería creer

cuando estaba bien

que se decían cosas

(la serpiente, la nube

el nogal, la hierba olorosa)

pero ahora ha olvidado que era él

solo, él el que lo quería creer así

(he visto a la serpiente en la ribera

esa nube trae los carrillos inflados

cuidado con la sombra del nogal

qué olor mas rico a hierba segada

¿verdad?)

en el coro del amanecer, en casa

asomado o en el camino, una voz

más.

Ahora silba sin saber por qué

y es ahora que lo hace así

cuando se comunica - verdaderamente -

con ellos: los pájaros

cantando porque sí

él silbando (las nubes pasan

como pasa todo)

por lo mismo.

El vil metal

Sobre la condición de obrero mixto

El primer día de clase le preguntaron el nombre y a renglón seguido dónde trabajaba su padre: en la fábrica, dijo ella: será de peón, replicó la monja. Calló. Era muy niña. No lo ha olvidado. La siguiente fue su amiga. En el monte, contestó ella. Aquí las risas fueron generalizadas. Pero su amiga no se preocupó de aclarar que era en el Monte de Piedad, donde su padre era directivo.

La clave está en a quién das la oportunidad de hacerte daño.

jueves, 18 de junio de 2026

Si no me equivoco

Lo que VOX plantea, y es un ejemplo fácil para que se entienda bien, es que Lamine Yamal es punta de lanza en la selección española no porque sea el mejor, sino porque, siendo muy bueno, impidió que otros españoles "nacionales" le superaran valiéndose de privilegios que le fueron concedidos por su condición marginal (los aún más radicales dirán que estos privilegios se los dio el gobierno socialista para ganar su voto).

Pero yo no sé de fútbol y la política me tiene hastiado. Aun así, creo que no voy desencaminado.

Los primeros geranios y su color

Francisco Cubría descubrió media docena de geranios en una ventana que estaba encima de un escaparate de la C/ Calvo Sotelo, las únicas flores de toda la calle, reciente por entonces -había pasado poco tiempo desde el incendio y poco también desde que las clases subalternas habían sido desplazadas por los ricos que ansiaban tomar el centro de Santander-, y animaba a los vecinos en un texto publicado en prensa precioso a que pusieran más. Sigue sin tener mucho éxito su reclamo.

Lo leí ayer, que me compré de segunda una antología de artículos de este escritor publicada por la UC en 2016, y ayer mismo que pasaba bajo un balcón en la esquina de Cisneros con Jiménez Díaz, vi una jardinera con geranios muy tupidos encima de un tendal con un mono de trabajo secando.

Francisco Cubría no dijo de qué color eran las flores que vio en el centro hace setenta años. Las de ayer eran rojas.

miércoles, 17 de junio de 2026

Los malos y tontos

Está feo decirlo porque es toda la vida tratando de no aceptarlo (esta línea entre paréntesis la he escrito después: si llegas al final de este párrafo descubrirás que sigo tratando de no aceptarlo, como desvela el propio título, que acabo de poner) pero cuando conoces o coincides con alguna de las personas que sabes objetivamente que son los que la están liando, no hace falta que sea particularmente a ti, pero también, y ves que además de malo es tonto (será por eso, quieres creer)

la sensación es pésima. Es inevitable que te entren ganas de apagar la luz y marchar.

Los libros al sol

En casa tenemos muchos libros y muchas estanterías. Hay una en una pared a la que le da directamente el sol de la tarde. Me duele porque sé que el sol daña los libros pero no hay más. No suelo anotarlos ni subrayarlos. Desde pequeño. Los cuido. Pero estos libros al sol he asumido que van a terminar marcados. La palidez inducida por el sol en los lomos será mi marca. Así como otros los abren mucho al leerlos, por ejemplo, yo a estos les he abandonado al sol. Así me consuelo.

Llevaba tiempo buscando uno sobre toponimia de Santander para ver si daba con el topónimo del antiguo lugar que ocupa el Hospital Valdecilla (Fuente Mar, ya lo adelanto). Pero nada. Anoche me senté a leer en una butaquita pequeña que tenemos al lado de esta estantería y donde dejé el móvil estaba el libro. Lo recordaba de un azul muy intenso y resulta que tiene el lomo comido por el sol, blanquecino, por eso no le reconocí. La marca que he hecho mía me lo había hurtado. Voy en mi contra. Será porque es un arreglo. Tengo que mover esos libros de ahí.

El ascenso y el descenso

¿Te imaginas subir y medio matarte por llegar a Mozagro solo porque crees, tirando de etimología, que es un monte sagrado, pero luego descubrir que no lo es, que su nombre viene por lo acre, áspero o difícil de su topografía?

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