miércoles, 21 de octubre de 2026

De paseo

Habíamos salido Raquel y yo a buscar el local donde se conocieron mis abuelos paternos, una tienda de pianos que había en la C/ Ruamayor de Santander, ahora en obras, seguramente con destino a un piso turístico.


Mi abuelo era músico y mi abuela trabajaba allí. 

De vuelta a casa hablamos de esto y de aquello. Hacía bueno aunque el cielo estuviera cubierto. Saqué el móvil en el semáforo del Pasaje de Peña y Raquel me preguntó qué hacía. Escribir una cosa, respondí.

Me suele pasar que las ideas me vienen hechas, en bloque, creo que son imborrables pero a la mínima se desvanecen. Sucede en un instante y de manera absoluta. Es como una nube blanca que se interpone entre la idea y yo, desapareciendo la idea (y de alguna manera también yo, que me quedo en blanco). Así que últimamente anoto donde puedo alguna palabra clave de la que poder tirar del hilo, aunque luego resulte que la idea no merezca la pena. Temo que mi cabeza se haya hecho a generar ideas adaptadas al formato de este blog. Así de triste es. Durante las últimas vacaciones, que estuve sin subir nada, empecé a hilar textos largos, pero solo en la cabeza: lo mismo, en cuanto llegué a casa, se esfumaron.

Aunque lo habitual es que me siente al ordenador a primera hora de la mañana y escriba lo que he venido royendo de camino, o lo que surja en ese momento, como una forma de calentamiento, o, como suelo trabajar con la cabeza, que me asalte una idea repentina o se abra una derivada y la ponga por escrito en el momento. Eso suelen ser las entradas de este blog.

¿Y se puede saber qué cosa?, insistió Raquel. Pues resulta que nos acabamos de cruzar con una señora que se me ha parecido a Carmen Fuente, una administrativa que tuve mala, malísima. Y corta. Son cosas que suelen ir de la mano. Raquel la conoce de sobra de oírme hablar de ella. Me criticaba todo lo que podía y una de las críticas que me hacía es que iba a trabajar andando. ¿Y eso qué tiene de malo?, preguntó Raquel. Eso depende del punto de vista, y seguí.

Esa mujer entró en la administración durante la transición por la puerta de atrás. Hubo ahí una generación funesta. Entraron a tropel y sin saber nada, lo cual no impidió, incluso facilitó, que se apoderaran del hospital. Es la época de la famosa frase de "esto siempre se ha hecho así". Por fortuna está remitiendo, gracias a las jubilaciones. 

Una de las últimas veces que vi a esta señora fue en un coche descapotable que conducía su marido por El Sardinero, dije. Iba mirando a ver si la miraban. Ese es el fundamento de su punto de vista.

Entonces se entiende que le pareciera mal que tú fueses a trabajar andando. Qué pena, se lamentó Raquel. Tanta historia para terminar replicando el modelo de mierda del pasado. Desaprovechamos una buena oportunidad para mejorar durante la transición. Terminamos haciendo lo mismo: aprovecharnos.

Será algunos, repliqué.

Los de siempre, concluyó.

Se puso el semáforo en verde y pasamos. Lo hicimos a la par que una familia de rumanos con muchos críos que durante la breve espera habían estado pintando monigotes en la acera con tizas de colores. Reconocimos al señor que pide en la C/ San Fernando junto a un contenedor mientras teje abriguitos para perro. Suele saludar a la mínima oportunidad. Pero este día no. De camino, los críos abrían los contenedores accionando las palancas hasta que las madres se lo impidieron.

Esa es la clave, me hizo ver Raquel: dotar a la gente de herramientas para cambiar las cosas.

Nosotros apretamos el paso porque las nubes empezaban a oscurecerse o quizá fueran las horas.

martes, 20 de octubre de 2026

Comunidad

Esta mañana he venido al trabajo más pronto de lo normal. Quiero decir, de la hora establecida. Para mí es normal venir temprano, como hoy. Bajando mi calle he coincidido con una señora emigrante que salía del portal de uno de los edificios antiguos que quedan en la parte baja, uno de los primeros números. Apenas hay luz ni ruidos, a esa hora. Salía y se ha vuelto para cerrar el portón de madera del portal con cuidado y no molestar, delicadamente.

Derribos en la C/ San Pedro de Santander, este domingo





lunes, 19 de octubre de 2026

En mi bloque

Mi vecino del bajo lo acaba de reformar sin sacar los permisos y con una cuadrilla de obreros extranjeros. Es además abogado, así que votará al PP. Mi vecino del primero es ferroviario y, quizá de tanto madrugar, un resentido de la vida. En cuanto se ha jubilado se ha marchado a Castilla, de donde es. Votará a VOX. La del segundo es profesora también jubilada y también castellana, y no para. Votará a IU. Encima estamos nosotros. Encima, dos funcionarios que no se enteran de nada y pasan de todo. Votarán al PP. Encima suyo, un obrero del metal que compró el piso a tocateja. Probablemente vote a VOX. En el último piso, una familia de emigrantes. Es casi seguro que voten al PSOE aunque llevan mucho tiempo en España y a lo mejor votan al PP, para desmarcarse.

Me sale mayoría de la coalición PP-VOX.

jueves, 15 de octubre de 2026

Los rizos del viento

Se ven por las aceras helicoteros caídos de los árboles. Se ven bien porque han pasado máquinas para clarear las aceras y su silueta se recorta contra el suelo. Es raro que a este lado de la calle no hayan puesto todavía una terraza. De repente veo caer, será de un piso, el plastiquito que cierra un paquete de tabaco, girando como una hélice, llevado por el viento.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Acostado

Me acuesto tarde y al posar la cabeza en la almohada noto que no es la mía. De costado, no sé si lo que oigo son mis latidos o es que los vecinos de arriba han puesto el deshumidificador, en cuyo caso, a qué velocidad, porque corre.

lunes, 12 de octubre de 2026

El solar de mi padre

Habíamos subido a limpiar de hierbas el solar del Alta de mi padre. El verbo cántabro adecuado es sorripiar. Antes hubo un almacén de azulejos y antes, el baile de la Sole. La Sole era mi bisabuela. El baile tenía una bolera de la que ahora no queda ni rastro. El último que alquiló el almacén lo rompió todo al marchar. Hubo que tirar lo poco que quedaba en pie por miedo a que se produjera un accidente. Desde entonces, procuramos mantener el solar limpio.

Aquí obligaron a tu abuelo a cavar cuando cayó Santander porque decían que tenía escondidas armas, dijo mi padre señalando una zona tupida de hierba. Es donde le hice yo un poco de huerta para que se entretuviera ya de mayor, completó. Es la zona que más me costó limpiar.

Cuando mi padre me dijo de subir, no me preocupé de llevar nada, así que terminé arrancando las hierbas como pude, pese a que él trató de impedirlo. Escribo esta entrada al día siguiente con las manos doloridas. Hoy es el Día de la Hispanidad (vivo en Perines y ahora mismo la banda municipal está tocando el himno de España). Él llevó unas tijeras de podar eléctricas. Mi padre se empleó en tres plumeros, infructuosamente, he de decir, y yo del resto. Pero sin prestar atención a nada. Únicamente reconocí una dama de noche que según mi padre era probable que tuviera su origen en el pequeño jardín que cuidaba mi abuela. Esa no la tocamos.

Yo soy uno de los últimos nacidos en Santa Clotilde. Según mi madre, no había ni gasas. Mi padre nació en la casa de enfrente. Los dos somos de la misma calle. Ninguno decíamos General Dávila cuando oficialmente se llamaba así. A mi padre le molesta que ahora se llame Paseo de Altamira porque los de la Finca Altamira eran unos altivos. No se relacionaban con nadie. No les querían.

Regresamos juntos. Vivimos muy cerca, mis padres por la alameda. En coche por Vía Cornelia, mi padre me dijo que de críos bajaban toda la cuesta en triángulo. En sentido contrario, por aquí venían los carros de los Valero, continuó, que volvían de llevar el tabaco de los barcos al almacén. El almacén sería la actual Biblioteca Central y Archivo, pienso. Llevaban algarrobas en la parte de atrás para dárselas a los caballos. Decían que les daba fuerzas. Nosotros se las robábamos para comer. Tenían hueso.

Un hueso duro como el rayo, dijo. Y ahora pienso en si este hueso duro como un rayo y no como una piedra tendrá o no que ver, ya adelanto que yo creo que sí, con las piedras del rayo que en Liencres creían que iban en la punta de los rayos, y que por eso te mataban si te daban, no por la descarga eléctrica, sino por el golpe de esta piedra que el poeta José Hierro decía que eran los fósiles de erizo, que yo de pequeño recuerdo ir a coger al Chiqui, donde ya no quedan.

Esta creencia es prerromana y paneuropea. Mi padre conserva su parte. No sé qué haré yo con la mía, así, sin tan siquiera unos guantes que ponerme.

domingo, 11 de octubre de 2026

"e l e g í a"

Teclear "e l e g í a" es pensar en todo lo que no escribo.

"Madre Irlanda" (Lumen, 2021) de Edna O´Brien, fragmento

"Preparar un maletín y cargar con él por el caminillo de entrada, con el índice sobre la tapa para que no salten los cierres, lanzando un adiós cruel y altanero a todos los elementos del paisaje, pisoteando por puro desprecio los hongos venenosos y los pedos de lobo, dando un puntapié al fresno, el árbol del que procedían las varas que se empleaban para azotar a bestias y personas. Adiós a los humildes montículos, a la hierba de Santiago, al corral, a las gallinas amodorradas, adiós a los labrantíos, adiós a la cancela verde con su pasador obstinado (...)

Dublín era el lugar al que se dirigían mis ensoñaciones, hasta que lo conseguí, montada en un tren, la maleta reforzada con un cordel, la cabeza llena de fantasías (...)"

De Madre Irlanda (Lumen, 2021) de Edna O´Brien, pp. 147-148.

Me recuerda a las trovas de adiós montañesas.

sábado, 10 de octubre de 2026

El azar no tiene sentido si no se lo damos y entonces ya no lo es o sí pero de una forma distinta a como creíamos, con lo cual no sé si deja de serlo y pasa a ser otra cosa: (tres espacios) 656t, por ejemplo

 


656t

(se me ha volcado el termo que traigo de casa, unas gotas de café han caído sobre el teclado y al limpiarlas con un clínex y levantar la vista he visto lo anterior escrito, espacios incluidos)

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