Me ha sorprendido la lluvia en el centro. Decido correr a los soportales de la iglesia de Santa Lucía. Cuando llego están llenos. Reparo en que me he metido en un funeral. Ha terminado la misa y están saliendo. No se van porque llueve mucho. Me doy la vuelta y miro a la calle. No pasa nadie. Se acerca por dentro una señora tan desubicada como yo, con un perrazo atado. Nos sonreímos por la situación que compartimos. Yo estoy tranquilo, me lanzo a decir, aunque sea mentira, porque estoy bautizado en esta iglesia, y es cierto, así que es como si estuviera en casa, trato de convencerme. Pero es una autojustificación clasista que no me vale ni a mí. Pues mi madre, replica ella, pensando yo que iba a seguir mi línea argumental, era costurera.
¿Y?, y hago el gesto para que siga.
Pues que Santa Lucía es la patrona de las costureras, y sonríe como imagino que enseñaría los dientes el perro que lleva atado y con bozal.







.jpg)