De frente, nada
lo evidente
pero al bajar la vista
para protegerme del sol
había pedazos de teja
y también vi pétalos
entonces alcé la vista
la mano de parasol
y allí estaban escondidas
las rosas:
cayendo.
Dan augua
De frente, nada
lo evidente
pero al bajar la vista
para protegerme del sol
había pedazos de teja
y también vi pétalos
entonces alcé la vista
la mano de parasol
y allí estaban escondidas
las rosas:
cayendo.
Estaba esperando en el banco de la parada y se sentaron detrás. Eran tres, dos de ellos pareja. Estos tenían un perro. Lo llevaban sin bozal. Respiraba fuerte. El que no era pareja preguntó que cómo se decía, si mandala o bandala, a lo que la chica respondió que mandala. ¿Y para qué sirven?, preguntó de nuevo. Para joderte, contestó el tercero. Todos tenían las voces rotas. No sirven para nada, añadió. Le acababan de llamar al móvil para decirle que tenía que ir a firmar, no sé a dónde, pero hablaron de "prolongación", y estaba cabreado, ahora que tenían planes. Pues a mí me relajan, aseguró la chica. En sitios así siempre sopla el viento, no sé por qué. Fúmate un cigarro, que te da tiempo, le dijo el uno al otro. Pero el tren no tardó en llegar.
Estaba en Floranes apoyada en una señal de tráfico y decía al teléfono "no hay plata, ni yo tengo ni él, qué se puede hacer". Era domingo por la mañana. Yo volvía a casa de paseo. Estaba la frutería abierta. Luego me pasaría a por naranjas.
No me fijé qué señal era.
