jueves, 18 de junio de 2026

Los primeros geranios y su color

Francisco Cubría descubrió media docena de geranios en una ventana que estaba encima de un escaparate de la C/ Calvo Sotelo, las únicas flores de toda la calle, reciente por entonces -había pasado poco tiempo desde el incendio y poco también desde que las clases subalternas habían sido desplazadas por los ricos que ansiaban tomar el centro de Santander-, y animaba a los vecinos en un texto publicado en prensa precioso a que pusieran más. Sigue sin tener mucho éxito su reclamo.

Lo leí ayer, que me compré de segunda una antología de artículos de este escritor publicada por la UC en 2016, y ayer mismo que pasaba bajo un balcón en la esquina de Cisneros con Jiménez Díaz, vi una jardinera con geranios muy tupidos encima de un tendal con un mono de trabajo secando.

Francisco Cubría no dijo de qué color eran las flores que vio en el centro hace setenta años. Las de ayer eran rojas.

miércoles, 17 de junio de 2026

Los malos y tontos

Está feo decirlo porque es toda la vida tratando de no aceptarlo (esta línea entre paréntesis la he escrito después: si llegas al final de este párrafo descubrirás que sigo tratando de no aceptarlo, como desvela el propio título, que acabo de poner) pero cuando conoces o coincides con alguna de las personas que sabes objetivamente que son los que la están liando, no hace falta que sea particularmente a ti, pero también, y ves que además de malo es tonto (será por eso, quieres creer)

la sensación es pésima. Es inevitable que te entren ganas de apagar la luz y marchar.

Los libros al sol

En casa tenemos muchos libros y muchas estanterías. Hay una en una pared a la que le da directamente el sol de la tarde. Me duele porque sé que el sol daña los libros pero no hay más. No suelo anotarlos ni subrayarlos. Desde pequeño. Los cuido. Pero estos libros al sol he asumido que van a terminar marcados. La palidez inducida por el sol en los lomos será mi marca. Así como otros los abren mucho al leerlos, por ejemplo, yo a estos les he abandonado al sol. Así me consuelo.

Llevaba tiempo buscando uno sobre toponimia de Santander para ver si daba con el topónimo del antiguo lugar que ocupa el Hospital Valdecilla (Fuente Mar, ya lo adelanto). Pero nada. Anoche me senté a leer en una butaquita pequeña que tenemos al lado de esta estantería y donde dejé el móvil estaba el libro. Lo recordaba de un azul muy intenso y resulta que tiene el lomo comido por el sol, blanquecino, por eso no le reconocí. La marca que he hecho mía me lo había hurtado. Voy en mi contra. Será porque es un arreglo. Tengo que mover esos libros de ahí.

El ascenso y el descenso

¿Te imaginas subir y medio matarte por llegar a Mozagro solo porque crees, tirando de etimología, que es un monte sagrado, pero luego descubrir que no lo es, que su nombre viene por lo acre, áspero o difícil de su topografía?

La clasificación del origen

 ¿"Origen" es una palabra que pertenece al ámbito de la geografía o a cuál?

martes, 16 de junio de 2026

En el transcurso

Tanto rectificar, será porque hay una dirección, aunque esta permanezca oculta incluso para el que siente la necesidad de rectificar (instinto, quizá, como el de las aves que se conducen por el cielo).

El "boronu" ateo

Lo anunciaban en el escaparate de la carnicería y a la segunda vuelta, porque lo había supuesto caro, entré y lo pedí. ¿Es de Cantabria?, pregunté. No, es de Cervera de Pisuerga, respondió. Tarde. Pone "borono" en el plástico. Lo pagué y lo metí con disgusto en la bolsa de la compra. Al menos no fue caro. Boronos creo que he probado de dos marcas, una lebaniega (que en mi casa nos sabe raro) y otra montañesa (este bien porque la harina es de maíz, no de trigo, lo cual explica también que el montañés se coma echando un poco de azúcar por encima y el lebaniego no, si acaso con manzana frita), ninguno casero (una carnicería de Cabezón de la Sal lo ofrece pero nunca lo tiene). Cuando lo veo a la venta procuro comprarlo. Pero no este palentino. En el frigorífico de casa está. Se lo comentamos a una lebaniega y, sabedora, nos pregunta si tiene alma, es decir, la grasa de dentro. No lo sabemos, no lo hemos abierto. Será ateo, entonces, dice.

lunes, 15 de junio de 2026

El país según va

Anoche que estaba esperando en un banco del centro, donde el mercado, una chica sudamericana baja de una pensión y un chico africano que estaba en el banco de al lado le pregunta si es nueva (en la pensión, se entiende), que si ha venido sola..., no sé, tampoco estaba yo prestando mucha atención, aunque sí oí que la chica le preguntaba por el examen para la nacionalidad española, que si era en español o inglés, a lo que el chico respondió que solo en español, claro. La chica suspiró aliviada se ve que porque el inglés no era lo suyo.

Me acuerdo ahora que tengo la ventana abierta y un obrero de los que están abajo saluda a otro que llega con un sonoro "arriba España". El nuevo no le contesta o lo hace en voz baja y no le oigo.

La recolección de la tila

En Liébana "echar una teja" es recolectar tila. 

Primero se escaña o cortan las cañas o ramas de una teja o tilo. En el suelo (bajo el árbol o ya en casa) se quita la tila, que nace como las cerezas (sic). Luego se deja secar a la sombra, en sitio seco y aireado. A partir de la descripción, es fácil imaginar un soberáu montañés o una galbareta lebaniega.

Hasta hace poco la tila tenía buena venta. Ahora los vecinos lebaniegos la aprovechan para consumo propio.

Foto de cerezas autóctonas lebaniegas que sirvieron como detonante para la explicación anterior, quizá por eso de que una tira de la otra:


No es que estén verdes, es que son así. Son muy sabrosas.

No sé por qué al tilo se le llama teja. Lo único, que la teja, femenina, es casi seguro que es más apreciada que el teju, masculino, quizá por ser este venenoso. Pero no sé por qué se establece la comparación entre ambos árboles. Quizá por su etimología.

Había un tilo en la huerta de mi tía pero al estar la casa largos años vacía, la huerta se descuidó y la gente se empeñó en coger las flores sin cuidado, llegando a morir (matar) el árbol. Tampoco lo sabía.

sábado, 13 de junio de 2026

Luz y agua, nubes de tormenta, montones de abono, talla de vaca, narrativa en madera, "urru", integración de parra en vivienda santoñesa, la mesa de todos, laurel y maqueta de barco, y olas metálicas

(1)

La electricidad salvando el río Saja.

(2)

Así es fácil imaginar nubes de tormenta. En el esquinal de una casa del barrio Duréu de Sopeña de Cabuérniga.

(3)

Forma antigua de abonar. No sé cómo se hace. Vi algo parecido otra vez cerca de Treto. No recuerdo más.

(4)

En una lastra de la bolera de Carmona.

(5)





En el escaparate de una tienda de fotos de Cabezón de la Sal. Más allá de representar escenas o escenarios (sobre todo si hay potencial narrativo) (la cucina), esta es una forma de narrar preciosa (la cacería del jabalí).

(6)


A esto también se le llama urru.

(7)

Parra integrada en antigua casa de Santoña.

(8)


Vecindad. Al fondo, Monte Buciero.

(9)


Laurel en maqueta de barco. En escaparate de Santoña.

Más aquí (punto 4).

(10)


Olas en las escaleras del cine Los Ángeles de Santander.

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