viernes, 23 de octubre de 2026

En la plaza, con dudas

Volvía anoche con mi madre por la plaza porticada cuando vimos que los acampados han acotado un amplio recinto con botellas de agua. Han dicho: este pedazo de plaza, para nosotros. Eso es lo que parece. Pensando bien, es para que no entren los perros, pero no creo. A mí, que estoy a favor, me sorprendió, para mal. A mi madre, que no está con ellos, no le sorprendió.

Yo ahora no sé si lo que se pide es ser uno más. Pues si es eso lo que quieres, haz lo que el resto. Pero yo creía que lo que se quería era otra cosa.

Ya en su día pensé en ir a pasar una noche con ellos y que me contaran porque necesito entenderlo bien.

El reflejo

Durante el confinamiento, el ayuntamiento o alguien renovó la luz de un poste que hay en el callejón al que da la ventana del baño. Desde entonces se oye a lo lejos un zumbido molesto que yo creo procede de ahí.

Hemos cambiado el dormitorio de sitio. Ahora lo tenemos entrando a casa, a la derecha. En el lado opuesto tenemos un espejo que quiso ser de cuerpo entero pero que es solo un poco más grande que el normal de un lavamanos de baño. Debajo tenemos una hornacina que hizo mi tío Camilín para guardar una figura de la Virgen, vacía, y encima, posado, un cuenco de madera pálida tomada de la albura de un roble que ha hecho el padre de un amigo y un jarrón del color de la tierra manchega que hemos comprado en una tienda de cerámica que hay a la entrada de Santoña que es donde todos los padres pejinos han venido comprando el regalo de cumpleaños de sus esposas acompañados de sus hijos durante décadas. En el jarrón hay un racimo de esa planta cuyas hojas se pelan y quedan transparentes como vitela.

Desde que hemos cambiado el dormitorio, cada mañana que salgo a oscuras y con cuidado para no molestar, la luz del poste del callejón que entra por la ventana de cristal lechoso del baño, cuya puerta suele quedar entornada, se proyecta sobre el espejo, la hornacina, el cuenco de madera y el jarrón de las hojas traslúcidas.

Es una maravilla, he intentado hacer una foto varias veces pero siempre salen demasiado oscuras y no se ve nada. 

Será mejor así.

jueves, 22 de octubre de 2026

En el pórtico del antiguo convento renacentista de Santa Cruz de Santander, enfrente del Parlamento de Cantabria

Más aquí.

La entrevista de trabajo

Volvía de la firma del libro Lectura fácil de Cristina Morales en La Libre cuando, al pasar por los primeros números de la C/ Alta, que se ha quedado sin los edificios de una de sus manos, veo a un chico metiendo un carrito cargado de chatarra por una puerta que conduce a los solares y a otro yendo a su encuentro por la acera diciendo bien alto que tenía una entrevista de trabajo. Se le veía contento. ¿Dónde?, preguntó el del carrito, parado en el umbral. En un lavadero de coches de Maliaño, respondió aquel, algo sofocado, por la emoción. 

Sin decir nada, el otro entra a ninguna parte empujando el carrito.

miércoles, 21 de octubre de 2026

De paseo

Habíamos salido Raquel y yo a buscar el local donde se conocieron mis abuelos paternos, una tienda de pianos que había en la C/ Ruamayor de Santander, ahora en obras, seguramente con destino a un piso turístico.


Mi abuelo era músico y mi abuela trabajaba allí. 

De vuelta a casa hablamos de esto y de aquello. Hacía bueno aunque el cielo estuviera cubierto. Saqué el móvil en el semáforo del Pasaje de Peña y Raquel me preguntó qué hacía. Escribir una cosa, respondí.

Me suele pasar que las ideas me vienen hechas, en bloque, creo que son imborrables pero a la mínima se desvanecen. Sucede en un instante y de manera absoluta. Es como una nube blanca que se interpone entre la idea y yo, desapareciendo la idea (y de alguna manera también yo, que me quedo en blanco). Así que últimamente anoto donde puedo alguna palabra clave de la que poder tirar del hilo, aunque luego resulte que la idea no merezca la pena. Temo que mi cabeza se haya hecho a generar ideas adaptadas al formato de este blog. Así de triste es. Durante las últimas vacaciones, que estuve sin subir nada, empecé a hilar textos largos, pero solo en la cabeza: lo mismo, en cuanto llegué a casa, se esfumaron.

Aunque lo habitual es que me siente al ordenador a primera hora de la mañana y escriba lo que he venido royendo de camino, o lo que surja en ese momento, como una forma de calentamiento, o, como suelo trabajar con la cabeza, que me asalte una idea repentina o se abra una derivada y la ponga por escrito en el momento. Eso suelen ser las entradas de este blog.

¿Y se puede saber qué cosa?, insistió Raquel. Pues resulta que nos acabamos de cruzar con una señora que se me ha parecido a Carmen Fuente, una administrativa que tuve mala, malísima. Y corta. Son cosas que suelen ir de la mano. Raquel la conoce de sobra de oírme hablar de ella. Me criticaba todo lo que podía y una de las críticas que me hacía es que iba a trabajar andando. ¿Y eso qué tiene de malo?, preguntó Raquel. Eso depende del punto de vista, y seguí.

Esa mujer entró en la administración durante la transición por la puerta de atrás. Hubo ahí una generación funesta. Entraron a tropel y sin saber nada, lo cual no impidió, incluso facilitó, que se apoderaran del hospital. Es la época de la famosa frase de "esto siempre se ha hecho así". Por fortuna está remitiendo, gracias a las jubilaciones. 

Una de las últimas veces que vi a esta señora fue en un coche descapotable que conducía su marido por El Sardinero, dije. Iba mirando a ver si la miraban. Ese es el fundamento de su punto de vista.

Entonces se entiende que le pareciera mal que tú fueses a trabajar andando. Qué pena, se lamentó Raquel. Tanta historia para terminar replicando el modelo de mierda del pasado. Desaprovechamos una buena oportunidad para mejorar durante la transición. Terminamos haciendo lo mismo: aprovecharnos.

Será algunos, repliqué.

Los de siempre, concluyó.

Se puso el semáforo en verde y pasamos. Lo hicimos a la par que una familia de rumanos con muchos críos que durante la breve espera habían estado pintando monigotes en la acera con tizas de colores. Reconocimos al señor que pide en la C/ San Fernando junto a un contenedor mientras teje abriguitos para perro. Suele saludar a la mínima oportunidad. Pero este día no. De camino, los críos abrían los contenedores accionando las palancas hasta que las madres se lo impidieron.

Esa es la clave, me hizo ver Raquel: dotar a la gente de herramientas para cambiar las cosas.

Nosotros apretamos el paso porque las nubes empezaban a oscurecerse o quizá fueran las horas.

martes, 20 de octubre de 2026

Comunidad

Esta mañana he venido al trabajo más pronto de lo normal. Quiero decir, de la hora establecida. Para mí es normal venir temprano, como hoy. Bajando mi calle he coincidido con una señora emigrante que salía del portal de uno de los edificios antiguos que quedan en la parte baja, uno de los primeros números. Apenas hay luz ni ruidos, a esa hora. Salía y se ha vuelto para cerrar el portón de madera del portal con cuidado y no molestar, delicadamente.

Derribos en la C/ San Pedro de Santander, este domingo





lunes, 19 de octubre de 2026

En mi bloque

Mi vecino del bajo lo acaba de reformar sin sacar los permisos y con una cuadrilla de obreros extranjeros. Es además abogado, así que votará al PP. Mi vecino del primero es ferroviario y, quizá de tanto madrugar, un resentido de la vida. En cuanto se ha jubilado se ha marchado a Castilla, de donde es. Votará a VOX. La del segundo es profesora también jubilada y también castellana, y no para. Votará a IU. Encima estamos nosotros. Encima, dos funcionarios que no se enteran de nada y pasan de todo. Votarán al PP. Encima suyo, un obrero del metal que compró el piso a tocateja. Probablemente vote a VOX. En el último piso, una familia de emigrantes. Es casi seguro que voten al PSOE aunque llevan mucho tiempo en España y a lo mejor votan al PP, para desmarcarse.

Me sale mayoría de la coalición PP-VOX.

jueves, 15 de octubre de 2026

Los rizos del viento

Se ven por las aceras helicoteros caídos de los árboles. Se ven bien porque han pasado máquinas para clarear las aceras y su silueta se recorta contra el suelo. Es raro que a este lado de la calle no hayan puesto todavía una terraza. De repente veo caer, será de un piso, el plastiquito que cierra un paquete de tabaco, girando como una hélice, llevado por el viento.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Acostado

Me acuesto tarde y al posar la cabeza en la almohada noto que no es la mía. De costado, no sé si lo que oigo son mis latidos o es que los vecinos de arriba han puesto el deshumidificador, en cuyo caso, a qué velocidad, porque corre.

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