Último disco de LesPata, aquí.
Más aquí.
Buenos no, buenísimos.
Dan augua
Muchos vecinos que viven al pie de la carretera del Escudo están pendientes de los camiones que vuelcan porque la carga que cae se da por perdida, la cubre el seguro. Es entonces cuando los vecinos de los alrededores se ponen los buzos y salen a por ella. Es una actividad más. Hablan de accidentes míticos que dieron de comer a los vecinos durante meses, los arcones llenos.
Es parecido a los cargamentos de naranjas o de acordeones que caen a la mar en la Costa da Morte, tal y como narran Manuel Rivas, Cela, etc.
No sé si he contado alguna vez que estuve una noche de fiesta en casa de Okuda, por la Estación de Atocha de Madrid, hace mil años. Era un piso compartido. Él no estaba porque se había ido a tomar algo con La Mala Rodríguez. No los esperamos, de su casa nos fuimos a algún bar, no recuerdo cuál. No le conozco de otra.
A mí la obra de Okuda me gusta. Esos personajes asomados al universo con el universo asomándoles por los ojos me conmueven. Su imaginería, en el fondo tan cántabra (véase el mural del Paseo de Altamira hecho a medias con Serzo, por ejemplo), me toca. Ahora parece que se ha puesto de moda entre los snobs decir que "es mal". A mí me sigue gustando pese a que algunas de sus intervenciones me parezcan desacertadas, como la del faro. Pero por el momento el balance es positivo.
Yo me quito los calcetines nuevos y los dejo para el día siguiente:
Ella deja que la ropa de trabajo del día siguiente se vaya aposentando: