martes, 3 de marzo de 2026

Contradiciendo a Lacan

El pobre soñaba doce horas al día que era rico y el rico doce horas al día que era pobre. Según Lacan no habría diferencias sustanciales entre ambos. Pero el pobre murió seis años antes.

¿Condición de supervivencia o inseguridad?

¿Por qué me siento impelido a buscar la legitimación de mis cosas, las nuestras, en otro sitio? Es más, ¿por qué buscar nada?

Sillín casero, siemprevivas, valla, desconchón, señal, naturaleza muerta, centro desarbolado, flor, naranjas y fantasmas

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Sillín de bici casero.

En relación, aquí.

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Hay un bar en Calzadas Altas que tiene una maceta en el techo con siemprevivas:

Las siemprevivas nacen en roquedos y acantilados (por ejemplo en el camino que conduce a Cabo Mayor). Las solían llevar los hombres montañeses prendidas en la solapa para hacer bonito. Creo que también como símbolo de bravura. Equivalente a la flor de edelweiss. Las siemprevivas no estaban al alcance de todos. Mi abuelo materno las llevaba.

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Está la sede principal del Gobierno de Cantabria medio tapada por una valla publicitaria.

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Parece de Esteban de la Foz.

En una pared de la C/ Cisneros.

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En una apeadero.

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Estas naturalezas muertas que se montan encima de las placas de hormigón que protegen los contenedores que se dejan al pie de la carretera me encantan.

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Ciudad sin árboles.

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La flor, juego autóctono de cartas.

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Naranjas pejinas que trajeron los Reyes Magos.

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El más allá de aquella mítica serie de fotografía dedicada a carteles electorales de Pedro Palazuelos.

lunes, 2 de marzo de 2026

"Rayar el sol"


Esto es rayar el sol.

Gatas y videntes

Son dos gatas y son hermanas. También había un gato pero murió. Debieron envenenarlo. Tenías que ver la alegría cuando se juntan, dice. Se abrazan, se dan de topetazos. 

Cuando echo comida desde el balcón la una no come sin la otra, se llaman y esperan a estar juntas. Entonces comen. 

Son como las bastianas, dice en referencia a las niñas de Garabandal, que si estaban una aquí y otra allá en cuanto sentían la llamada echaban a correr. Desde lugares distantes, sentían la llamada, echaban a correr y se reunían en el mismo punto.

domingo, 1 de marzo de 2026

"El oso en zapatillas" (A.H.R., 1953) de Marivic Charpentier, fragmento

"Cuando Antonio de Saint-Exupery estuvo en Marruecos en 1941, nos hizo una visita en Rabat.

- Los alemanes están perdidos - me dijo.
- ¿Qué te hace creer eso?
- Solo hace seis meses que están en País, y ya no cruzan las calles por donde está marcado.

Para Saint-Exupery aquello era simbólico.

Lo únicamente peligroso de la libertad es que, cuando se disfruta de ella, solo se ven los inconvenientes que trae consigo y los abusos que permite. Nadie se da cuenta de lo preciosa que es hasta que algo la amenaza. Entonces es cuando se comprende que, sin ella, la vida no merece la pena de ser vivida."

De El oso en zapatillas (Editorial A.H.R., 1953) de Marivic Charpentier, p. 229.

viernes, 27 de febrero de 2026

Imagen mental para la noción "vacío"

En japonés el kanji para "vacío" es un almiar (meta cuando es estable y jacina cuando es efímero, en cántabro) en llamas.

La noción "vacío" en cántabro creo que se asocia antes con el mundo ganadero que con el agrícola. De hecho, los "vacíos" ganaderos son eso.


La foto es de las inundaciones de Marrón de los años ochenta.

En relación, aquí.

La desconocida

Subo por la alameda y veo a una señora dar al grifo de la fuente y esperar a que el receptáculo que tiene forma de hoja se llene. Antes la había entrevisto más arriba echando algo al borde de una jardinera. 

Cuando paso a la altura de la jardinera veo que lo que había echado era arroz para los pájaros. No me había fijado en ella antes.

jueves, 26 de febrero de 2026

Sobre los incendios, una opinión (me temo que) polémica

Yo no sé cómo toda esa gente que se supone está en contra de las cárceles porque son un castigo (innecesario siempre), no una solución, que la solución pasa por más educación (otro tema es cuánto tiene la educación de dominación, pero no vayamos tan lejos), cómo esta gente, decía, puede estar a favor de penalizar a los paisanos que practican quemas en el monte.

Digo gente de izquierdas porque es a los que veo más preocupados. Los de derechas callan porque creen que los paisanos son unos incendiarios y no les parece mal. Ni bien. Les da igual.

Reconozco dos niveles: (1) Mal quemar. Pero no siempre. (2) Mal cuando se quema sin control porque es cuando se producen los incendios incontrolados.

(1)

A mí me sale decir que quemar es malo porque cuando voy al monte y veo laderas donde empieza a florecer la roca porque se está perdiendo la tierra me da miedo y sé que es malo. En estos casos me viene siempre a la cabeza Grecia. De vergel a pedrusco. Pero eso es lo que yo veo. Seguro que veo otras muchas cosas buenas (por ejemplo brañas) de las que desconozco todo el trabajo que hay detrás, incluidas probablemente quemas controladas.

Así que no hay que atacar de frente. Ni de frente ni de costado. No hay que atacar. De hecho creo que lo mejor es empezar poniéndose del otro lado y decir que las quemas son buenas. De esa manera seguro que es más fácil identificar las que son malas.

Entonces, bien quemar. Pero no siempre.

(2)

Dando por hecho que es necesario quemar, el problema es que se está haciendo sin control. ¿Por qué? Por falta de organización (no funciona) que ha devenido en falta de confianza (voy a mi bola: se llama desafección) que a su vez ha provocado una reacción punitiva equivocada (la principal prueba que encuentra la policía buscando por el monte tras un incendio es la de un enorme fracaso).

No funciona porque no funciona. Solo hay que mirar alrededor estos días. Si está pasando no es porque la gente sea mala o tonta, no hacemos nada insultando. No funciona porque algo se está planteando mal (se me ocurre, por ejemplo, que haya que hacer muchas gestiones costosas para practicar quemas controladas cuando estas solo se pueden hacer bajo condiciones muy particulares difíciles de prever, o porque falta información, sin más: pero la principal, y es la que más pena da, es porque la administración se siente muy lejos y en contra). Nos pasa a todos en distintos ámbitos de nuestra vida, no es algo que afecte solo a los ganaderos, y menos tal y como están las cosas (probad a hacer cualquier gestión, por ejemplo en el banco): en el fondo lo único que queremos es que nos escuchen, no que nos amenacen, porque entonces va a ser peor, y que nos ayuden (los economistas con el banco, los medioambientólogos o los biólogos en la gestión del territorio), que nos ayuden a resolver nuestra situación. Pero que nos ayuden, por ejemplo dándonos información objetiva. No que nos manden. Nosotros cuando pedimos a un fontanero que nos arregle una fuga no le damos las llaves para que se quede luego a vivir en nuestra casa. Si nos dice que en lugar de dos grifos se puede poner solo uno tendremos que hacerle caso, pero mi casa no deja por eso de ser mía.

Más que de penalización (fracaso absoluto) o de control (que es la ausencia de penalización, pero bajo su amenaza) habría que hablar de una mejor organización de base. Esa es la clave. Que empiece quien puede por donde debe.

Estoy seguro que cuando los ganaderos ven la tierra correrse y asomar la piedra infértil lo pasan igual de mal que yo.

Pasa algo parecido con el lobo. Apostar por el exterminio o extinción es fruto de la desafección. En vez de huir hacia delante habría que retroceder (incluso en el sentido de retomar ideas antiguas sostenibles que pese a ser viables sufrieron borrado colonial, y sigue: ahora ha tocado ser reserva energética y plaza turística), habría que retroceder, digo, y reactivar fórmulas de convivencia que no obliguen a unos pocos a dar de comer con su ganado a los lobos mientras otros muchos están criticando apoltronados en los sillones de sus despachos. Ni a matarlos.

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