jueves, 29 de octubre de 2026

Manifestación en Villaverde de Pontones en contra del proyecto Olucas, convocatoria

Naturaleza artificial

Ayer volvía del trabajo por la C/ Floranes cuando vi que de un contenedor de obra sobresalía un montón de rocas claras y rugosas de esas que quedan a la vista cuando se pica la pared de una casa antigua, o eso me parecieron. Pero no, eran bloques picados de hormigón. Debían estar de obras en alguna casa o bajo de la calle. Pues eso, piedras santanderinas.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Movimiento obrero

El edificio de enfrente tiene dos accesos, el principal, a sur, que da a la calle, y el de la parte trasera, a norte, que es al que da la fachada principal de mi edificio, a sur. Al de atrás se entra por un callejón que colinda con nuestro jardín. Han puesto hace poco una luz en el portal que se enciende con el movimiento, por miedo. Es fuerte, la luz, de noche se mete por nuestras ventanas. Nunca cerramos del todo las persianas. En torno a las cinco de la mañana la luz del portal vecino se enciende muchas veces. Son los obreros saliendo de casa. Entran a trabajar a las seis.

lunes, 26 de octubre de 2026

Consigna

De fin de semana en el cinturón obrero de Madrid, un tiempo espléndido, la gente en las calles, las nubes metidas en Cantabria, dice mi madre que cómo no van a vivir felices, con luz y trabajo.

La antigua taberna marinera, el balcón suplementario, geodas en el Puente del Diablo de Cueto, pájaros en una casa de la C/ Cisneros y la cruz tallada en el pórtico del convento abandonado

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El Diluvio era antiguamente una mítica taberna marinera el doble de grande que incluía el local vecino, hasta hace poco perfumería, ahora vacío. Es el de la foto. Me recuerda a las muchas tabernas santanderinas retratadas por Solana, aunque en sus cuadros siempre creo reconocer a La Conveniente o a Bodegas Mazón, no al Diluvio. 

Por detrás del tabique de ladrillo se ven todavía los antiguos sillares.



(2)

Quería recuperar estas fotos del año 2024 de un correor del pueblo creo que de Puentenansa:




Se trata de una innovación a partir de una solución tradicional (en una foto de la antigua casa de mi bisabuela en el barrio La Junta de Sopeña se ve un armazón de madera para un tiesto: esta hilera de las fotos es un desarrollo de este armazón individual). De esta manera se evitaba que el agua de regar pudriera las tablas del balcón, además de verse mejor y aprovechar también mejor el sol y el agua de lluvia.

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De estas pequeñas geodas hay muchas al pie del Puente del Diablo o Puente Joráu de Cueto. Creo que pueden tener algo que ver con el primer topónimo, del que se adivina una leyenda que yo al menos no conozco.

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En una casa de la C/ Cisneros de Santander. La foto es de 2024. Ahora creo que ya no hay pájaros, ni en jaulas ni sueltos.

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Entradas más atrás puse una foto del pórtico del antiguo convento de Santa Cruz de Santander, aquí. Hace un año hice una foto a una sencilla cruz tallada en una de las columnas, fenómeno popular muy frecuente en las iglesias de Cantabria pero no en Santander:

viernes, 23 de octubre de 2026

En la plaza, con dudas

Volvía anoche con mi madre por la plaza porticada cuando vimos que los acampados han acotado un amplio recinto con botellas de agua. Han dicho: este pedazo de plaza, para nosotros. Eso es lo que parece. Pensando bien, es para que no entren los perros, pero no creo. A mí, que estoy a favor, me sorprendió, para mal. A mi madre, que no está con ellos, no le sorprendió.

Yo ahora no sé si lo que se pide es ser uno más. Pues si es eso lo que quieres, haz lo que el resto. Pero yo creía que lo que se quería era otra cosa.

Ya en su día pensé en ir a pasar una noche con ellos y que me contaran porque necesito entenderlo bien.

El reflejo

Durante el confinamiento, el ayuntamiento o alguien renovó la luz de un poste que hay en el callejón al que da la ventana del baño. Desde entonces se oye a lo lejos un zumbido molesto que yo creo procede de ahí.

Hemos cambiado el dormitorio de sitio. Ahora lo tenemos entrando a casa, a la derecha. En el lado opuesto tenemos un espejo que quiso ser de cuerpo entero pero que es solo un poco más grande que el normal de un lavamanos de baño. Debajo tenemos una hornacina que hizo mi tío Camilín para guardar una figura de la Virgen, vacía, y encima, posado, un cuenco de madera pálida tomada de la albura de un roble que ha hecho el padre de un amigo y un jarrón del color de la tierra manchega que hemos comprado en una tienda de cerámica que hay a la entrada de Santoña que es donde todos los padres pejinos han venido comprando el regalo de cumpleaños de sus esposas acompañados de sus hijos durante décadas. En el jarrón hay un racimo de esa planta cuyas hojas se pelan y quedan transparentes como vitela.

Desde que hemos cambiado el dormitorio, cada mañana que salgo a oscuras y con cuidado para no molestar, la luz del poste del callejón que entra por la ventana de cristal lechoso del baño, cuya puerta suele quedar entornada, se proyecta sobre el espejo, la hornacina, el cuenco de madera y el jarrón de las hojas traslúcidas.

Es una maravilla, he intentado hacer una foto varias veces pero siempre salen demasiado oscuras y no se ve nada. 

Será mejor así.

jueves, 22 de octubre de 2026

En el pórtico del antiguo convento renacentista de Santa Cruz de Santander, enfrente del Parlamento de Cantabria

Más aquí.

La entrevista de trabajo

Volvía de la firma del libro Lectura fácil de Cristina Morales en La Libre cuando, al pasar por los primeros números de la C/ Alta, que se ha quedado sin los edificios de una de sus manos, veo a un chico metiendo un carrito cargado de chatarra por una puerta que conduce a los solares y a otro yendo a su encuentro por la acera diciendo bien alto que tenía una entrevista de trabajo. Se le veía contento. ¿Dónde?, preguntó el del carrito, parado en el umbral. En un lavadero de coches de Maliaño, respondió aquel, algo sofocado, por la emoción. 

Sin decir nada, el otro entra a ninguna parte empujando el carrito.

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