No sé si he contado alguna vez que estuve una noche de fiesta en casa de Okuda, por la Estación de Atocha de Madrid, hace mil años. Era un piso compartido. Él no estaba porque se había ido a tomar algo con La Mala Rodríguez. No los esperamos, de su casa nos fuimos a algún bar, no recuerdo cuál. No le conozco de otra.
A mí la obra de Okuda me gusta. Esos personajes asomados al universo con el universo asomándoles por los ojos me conmueven. Su imaginería, en el fondo tan cántabra (véase el mural del Paseo de Altamira hecho a medias con Serzo, por ejemplo), me toca. Ahora parece que se ha puesto de moda entre los snobs decir que "es mal". A mí me sigue gustando pese a que algunas de sus intervenciones me parezcan desacertadas, como la del faro. Pero por el momento el balance es positivo.




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