Estoy parado en el semáforo de Cuatro Caminos, en el ramal de la C/ José Hierro, y veo pasar una bola de pelusa por la carretera. Es pequeñita, pero me fijo. Será de alguien que ha sacudido una alfombra por la ventana que se ha mezclado con plumas de paloma. Estas plumas se comban y ayudan a que el conjunto ruede. Pasa y por los movimientos, el volumen, el color, se me parece a un ratón de campo. Se tropieza con el bordillo de la acera y entonces resiguiéndolo corre más aprisa.
Los montes han ardido.
Para el viento sur
llueve y el asfalto
parece más negro.
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