Que aquí no va a quedar nadie está claro. Que tarde o temprano nadie se acordará de nosotros, también. Ni de lo que hicimos. Por eso me da igual y es verdad que el miruellu estaba cantando el martes en el alero de mi pabellón
y que lo ha hecho primero aquí que en casa
y también,
venían los tres por el pasillo de la menos uno, la niña en medio riendo calzaba playeras que emitían destellos, la madre a su lado miraba de reojo al niño con gorra. Iban felices, me pareció. Les sonreí al cruzarnos.
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