martes, 24 de marzo de 2026

En la biblioteca de la CNT de Gijón

Nos alojábamos al lado de la sede de la CNT y de la CGT. Debieron expropiarles mucho tras la guerra y en la transición se lo compensaron con este edificio enorme que ahora se encuentra medio vacío, o al menos esa impresión da. 

(por cierto, la CNT está teniendo muchos problemas para que les devuelvan los bienes incautados durante la guerra dada su naturaleza y porque ellos no se pliegan a las normas impuestas - si son pactadas no fue con ellos - durante la transición)

Salíamos del hostal camino de una feria de editores asturianos (Trabe, Satori, Pez de Plata, La Oveja Roja, Colectivo Bruxista, etc.) que se celebraba cerca. Al pasar frente a una puerta abierta del edificio anarquista, Raquel se asomó y propuso entrar. Sorpresa, era la biblioteca:

Había un señor mayor con barba blanca que nos contó un poco. Nos pusimos a repasar el fondo:

Estaba súper bien seleccionado. Algún libro se les había colado a consecuencia de la moda de los libros libres (todo vale mientras no valga), pero por regla general en esta biblioteca estaban todos los libros muy bien afinados. 

El sistema de préstamo:



Inmejorable, dadas las circunstancias.

Al cabo de un rato se acercó el señor de antes y nos dijo que es que iban a ponerse a bailar. Levantamos la mirada de los libros y efectivamente, habían ido llegando varias personas en chándal que estaban haciendo corro. Eran tan educados que habían evitado hacer ruido para no molestarnos. Una señora nos invitó muy amablemente a bailar con ellos. Dijimos que no. Siguieron preparándose.

Había al lado de la puerta un estante con varios libros a la venta. Serían duplicados. No pudimos evitar detenernos un minuto. Estaba Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, Dublineses de Joyce, La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza y algunos otros. Compramos El barón rampante de Italo Calvino. Lo queríamos leer desde hacía tiempo y no lo teníamos. Su protagonista es un hombre que se sube a un árbol para no bajar. Echamos en un bote dos euros. El hombre de barba encendió entonces un radiocasete. En la calle lucía el sol. Empezó a sonar un pasodoble. Les oímos romper a reír y aplaudir.

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