Paramos a ver una antigua cata minera en la Braña Soberón. El hoyo se diferencia de un cráter provocado por una bomba porque esta al explotar deja una corona de tierra todo alrededor y en el caso de la cata, no.
Por aquí venían huyendo los milicianos y las familias del sur, sobre todo de Mataporquera y Reinosa, donde el movimiento obrero contaba con muchos apoyos, informa la persona que nos ha traído. Todavía se recuerda en el pueblo que el monte ardía. Por las bombas incendiarias que les tiraban. Cuando llegaron a San Miguel cayó la niebla y eso les dio tres días de tregua. Los aviones no podían volar.
La familia de la persona que nos lo cuenta les dio cobijo, entre otras. Dormían en casa, en la cuadra, echados en la hierba del pajar sobre sábanos. A un oficial que pidió cama se la pusieron. Pero no por ser oficial. Les dijo que no volvería a dormir en una. Lo sabían. Estaba sentenciado.
(qué tres días de niebla, imagino)
Al marchar regalaron a la gente del pueblo todo lo que tenían, o lo que les quedaba. Fue su despedida.
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