En el incendio de 1941 ardió la magnífica biblioteca del escritor Francisco Cubría. También lo hizo la de Manuel Llano. Según las propias palabras del escritor trasmerano, únicamente pudo salvar los setenta y dos tomos y diez apéndices de la Enciclopedia Espasa. Maldita sea, de todo lo que debía tener, incluido material propio, solo pudo salvar esto que a día de hoy ha quedado más que obsoleto.
Pero cuánto tardaremos en dejar de lamentar la pérdida del resto, me pregunto hoy, cuánto para que todo impreso pierda trascendencia.
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