Esto era un emigrante que, de blanco y con la camisa por dentro y un ramo de flores en el regazo (una mano agarrando el talle y la otra como si sostuviera una cabeza rizosa), entraba en un portal muy pobre, pobre de Santander y un santanderino que iba cojeando y desastrado que se para para decirle algo y el de las flores sonríe pero de lado, de sonrisa y cuerpo, como no queriendo parar, pero esperando a que le abrieran la puerta, algo le dice el de Santander, gesticulando mucho, que cuando paso junto a ellos remata "¡buena suerte!", como si él supiera
- echa a andar traqueteando -
que me salgo de la acera para adelantarles y casi me pilla un coche.
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