miércoles, 1 de abril de 2026

La casa montañesa

La casa montañesa tan sobria (el suelo empedrado del corral poniendo estrellas a los pies, el portal de los niales, el olor a hierba fermentada, la cucina que parece de charol tomada por el sarru, los animales de tiza pintados en las paredes, el cálido escañu, la garabita prendida iluminando fugazmente la noche, el susurro de los escarpines o de los trapos para deslizarte en la planta de arriba, las paredes de tablas machihembradas de los cuartos que dejan sentirse el uno al otro del otro lado, las manzanas de debajo de la cama, la luz alta que entra por la tronera del soberáu, el maíz reluciente, las vigas de roble que nunca paran quietas, recordándote a cada paso: estás aquí), la casa montañesa, a la que no sobra ni falta nada, en sintonía tras siglos de afinación, esa potenciadora de intimidad.

1 comentario:

Serrón dijo...

Todas las sensaciones que transcribo son propias, de amistades o de familiares. Por ejemplo, las manzanas de debajo de la cama son de mi tía Conchita, con 92 años, los animales pintados con tiza en las paredes negras relucientes de la cocina, de mi madre, o las paredes de tabla que permiten comunicarte con el otro lado, de mi abuela (de pequeña se pasaba "confetis" con un niño de la casa de al lado por las rendijas del "tabláu").

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