Hace unas semanas subimos a Viaña de Cabuérniga a ver un pirujal que nos dijeron daba pirujos dulces, es decir, que no hacía falta meterlos entre hierba o manzanas (o más recientemente, envueltos en papel de periódico) para que maduraran (o se pusieran joyecos), sino que se podían comer directamente del árbol, por lo dulces. Pero todavía era temprano.
Eso sí, pudimos admirar el porte del árbol. Los pirujales parece que son así, enormes, como desvela el refrán.
Detalle del barrio:
El bar del pueblo estaba en el correor de la casa del fondo. En la puerta de la misma casa:




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