miércoles, 10 de junio de 2026

Bajando por el Monte San Vicente

Bajábamos de Esles por donde la ermita de San Vicente y enganchando con la carretera había una casa con una huerta y una señora mayor sentada fuera. Fue vernos y venir donde nosotros. Yo llevaba un ramo de flores silvestres blancas y azules que enseguida se habían amustiado. En cuanto oyó voces, que era la madre alegre, salió el hijo de casa. La señora ya había cogido a Raquel del brazo y la había metido en la huerta para darle unas rosas, dijo. El hijo nos hizo saber a Alastair y a mí que la señora estaba perdiendo la cabeza. Nos quedamos los tres hablando fuera, Raquel y la señora dentro. Al salir, la señora estaba eufórica. Mira qué ramitu más guapu, repetía. Eran rosas amarillas y rojas y una especie de margaritas gruesas muy bonitas.

Apenas quedaban flores en el jardín. Había dado a Raquel de las últimas.

Seguimos nuestro camino y la señora nos acompañó hasta la siguiente curva, que el hijo la cogió y le dijo "anda vamos".

Foto del Monte San Vicente mirando hacia atrás.

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