En Vioño de Piélagos los vecinos distinguen entre barrios antiguos y modernos. Los antiguos se encuentran en los altos o laderas. Los nuevos en el llano, en la antigua mies y zonas inundables. Las fincas de los barrios antiguos están abiertas, sin muros. En los barrios bajos, ocupados por forasteros, las fincas están cerradas. Entre los barrios antiguos se encuentra La Redonda y Robasil. Entre los modernos, Parayo.
La Redonda según las explicaciones de un vecino era un barrio atravesado por un canal construido con cantos de río, de ahí, quizá, su nombre, canal que servía para desaguar las crecidas del río. Parecido a una rambla catalana, que sirve tanto para transitar como para conducir el agua de las crecidas evitando que afecte al núcleo de población. De este canal de La Redonda ya solo queda un tramo apenas reconocible.
Robasil es un barrio que se encuentra en el lugar donde el río de Las Pasiegas abandona la ladera para tocar el fondo de valle. Creo reconocer en este topónimo tres partes: /ro-/, de río; /-ba-/, de vado; y /-sil/, forma prerromana para río, presente en Selores y Silió, entre otros. Sería, pues, un antiguo vado del río (romance más prerromano) que pasó a dar nombre al río, una vez Sil dejó de tener sentido para los vecinos, que más tarde dio nombre al barrio en la ribera del río de Las Pasiegas, antiguo Sil. El topónimo Las Pasiegas es obvio que no puede tener más de quinientos años.
Respecto a Parayo, es, al igual que Parayas en Santander, un espacio llano y fácilmente inundable. Los vecinos consideran peligroso construir en él. A este campo semántico, el que desvela Parayo y Parayas, parece atacar Parajas, en Santutís (Tudanca), aquí. Podría tratarse no de lugares llanos e inundables, sino, hilando un poco más fino, de una familia de topónimos derivados de un hipotético étimo latino relacionado con tierras preparadas para algún tipo de actividad que desconocemos, no sabemos si agrícola o ganadera, que en ocasiones daría lugar a espacios acondicionados en zonas llanas e inundables.
Cambiando de ubicación, en Colindres hay un topónimo que siempre me llamó la atención: Edino, barrio. Creo que alguien apuntó la posibilidad de que se tratara de un topónimo que remitiera a una supuesta deidad prerromana. No sé si fué Carmen González Echegaray quien apuntó tal posibilidad. Yo más bien me inclino a creer que pertenece a la familia de "hayedo", al igual que el castellano "ahedo" o los topónimos cántabros tipo Edillo o Jidillu, muy frecuentes, entre los cuales no sé si contar el monte Jiniru (con aspiración) que preside el valle de Villacarriedo.
Por último, en Cotillos (Polaciones) encontramos Cantu la Raposa y Cantu Golpejera y en el Prau Conceju de Santutís la braña (entendida como "suerte") de Las Gulpisorias. Todos estos topónimos remiten al latín VULPES, "zorra". El topónimo de Santutís presenta un sufijo tipo /-oriu/, compartido por miraoriu o castraoriu, que nos está señalando dónde están las madrigeras de los zorros. En Cotillos alterna "la raposa" con "golpejera", que vienen a significar lo mismo: un ejemplo paradigmático de actualización lingüística sin necesidad de abandonar el diasistema de origen.
martes, 6 de septiembre de 2016
lunes, 5 de septiembre de 2016
Persecutor, huellas
En montañés cerval es un tronco devastado del que se respetan los arranques de las ramas (apenas un palmo) que pende del techo sin que toque el suelo y que sirve para colgar de él lo que se precise: cuerdas, alguna herramienta, el abrigo, etc.
Cerval en casa de Ucieda:


Es una palabra que viene del latín CERVUS.
En Campo Lameiro, Rías Baixas gallegas, han montado un parque arqueológico dedicado a los petroglifos, aquí. Al construir el aparcamiento apareció un poblado de la Edad del Bronce (de hace aprox. 4.000 años). Lo excavaron y asfaltaron. En la parte de museo han reproducido el interior de una de las cabañas.

Cuando iba de pequeño a comprar queso a casa de Chuchín me quedaba extasiado ante la cabeza de ciervo que tenía a la entrada. En Cohicillos hay una puesta del revés en el poste del portal de una casa, aquí.
Foto:

No está mal puesta. También se ponían así.
En Campo Lameiro apareció una lastra con petroglifos al abrir un camino. El más impactante es el de un ciervo con cornamenta imposible con un petroglifo al lado del morro compuesto por una serie de círculos concéntricos.

Los círculos se han querido interpretar como representaciones de agua. El petroglifo en conjunto podría estar indicando una zona óptima de caza: agua, ciervos, etc.
Benito Madariaga defiende que este tipo de representaciones animales, así como las pintadas en cuevas, por la posición de las patas, etc., reflejan animales abatidos (este ciervo tiene lanzas atravesándole y un corte en el cuello, aunque también podría tratarse de un collar y remitir entonces a una deidad con paralelos en el norte de Europa). Benito Madariaga es veterinario de formación.
El guía de Campo Lameiro dice que es como cuando tiras una piedra al agua, los círculos concéntricos. A mí se me parecen más a judíos o afloramientos de agua a nivel del suelo. Estaría bien saber si estos judíos, o judíu en singular, que es palabra montañesa, tienen algún tipo de creencia asociada. A mí me suena que en Cabuérniga estos manantiales se utilizan para dar distintos acabados a los palos pintos y otros elementos de madera, pero no lo puedo asegurar.
En gallego braña es una zona baja y húmeda, como Campo Lameiro (del latín LAMAM, "lodazal", igual que nuestras lamizas o llamas). No es lo mismo en Cantabria y Asturias. La definición gallega se acerca más a una hipotética etimología prerromana de braña, tipo *BRAKNA, "prado húmedo", que la cántabra y asturiana, que parecen inclinarse más hacia formas latinas tipo *VERANEAM, por ser pastos de altura aprovechados de primavera a otoño.
Cacería
Sobre las órbitas agrandadas por el miedo
tiemblan los párpados de la bestia abatida
a la espera del golpe final, ese instante de horror
es la mirada que vive en mis ojos.
Generaciones
No reparamos en los granos de arena grávidos
que manaban súbitos dentro del bulbo de vidrio,
embarcados en un único mar y dejados caer
en corrientes sin gobierno, en busca de las antiguas
huellas de los padres, de su sol obstinado y pálido.
Poemas tomados de La caza del ciervo (Trea, 2016), aquí.
Cuando los círculos concéntricos aparecen por detrás del ciervo, empujando, se han querido interpretar como representaciones solares.
La caza (en periodos agroganaderos), las armas, aparecen con las élites.
La leyenda de los Príncipes de Sejos y el cromlech asociado, aquí, el ídolo del Joyu la Gándara en San Sebastián de Garabandal, el puñal disimulado entre las tumbas de la necrópolis rupestre de San Pantaleón, en La Puente del Valle (Valderredible), los ídolos de Monte Hijedo, la leyenda de la cueva de la Juáncana en Castillo (Arnuero), aquí, el caldero aparecido en Cabárceno y las comidas pantagruélicas rituales, los juchos o espetos, etc.
En Galicia ya no hay ciervos, están prácticamente extinguidos. La primera vez que subí a la berrea fue al Moral, con once años, con mi familia. Los primos, todos de edad parecida, nos escondimos en el monte para sorprenderlos. Había una partida de cazadores pegando tiros. Pararon para buscarnos. Escondido, me pasó por encima de la cabeza un urogallo.
Los pinos dicen que son autóctonos, en Galicia. De los eucaliptos que ya van para doscientos años, que son casi de la casa. Cerca de Viveiro, en las Rías Altas, se encuentra el eucaliptal que publicitan como el más grande de Europa. El que no se consuela es porque no quiere.
Los gallegos están sufriendo un proceso acelerado de cambio que mucho me temo pueda romper el hilo conductor y conducirles a la nada. Los eucaliptales borran el territorio de la memoria: los molinos eólicos, la alternativa, se posan inoncentes en el desierto verde que es ya Galicia. La nada habitada por los nadie.
En Guriezo debe estar el segundo bosque de ocálitos, los llamamos, de Europa. Tampoco hay berrea aquí.
No quiero consolarme.
Cerval en casa de Ucieda:


Es una palabra que viene del latín CERVUS.
En Campo Lameiro, Rías Baixas gallegas, han montado un parque arqueológico dedicado a los petroglifos, aquí. Al construir el aparcamiento apareció un poblado de la Edad del Bronce (de hace aprox. 4.000 años). Lo excavaron y asfaltaron. En la parte de museo han reproducido el interior de una de las cabañas.

Cuando iba de pequeño a comprar queso a casa de Chuchín me quedaba extasiado ante la cabeza de ciervo que tenía a la entrada. En Cohicillos hay una puesta del revés en el poste del portal de una casa, aquí.
Foto:

No está mal puesta. También se ponían así.
En Campo Lameiro apareció una lastra con petroglifos al abrir un camino. El más impactante es el de un ciervo con cornamenta imposible con un petroglifo al lado del morro compuesto por una serie de círculos concéntricos.

Los círculos se han querido interpretar como representaciones de agua. El petroglifo en conjunto podría estar indicando una zona óptima de caza: agua, ciervos, etc.
Benito Madariaga defiende que este tipo de representaciones animales, así como las pintadas en cuevas, por la posición de las patas, etc., reflejan animales abatidos (este ciervo tiene lanzas atravesándole y un corte en el cuello, aunque también podría tratarse de un collar y remitir entonces a una deidad con paralelos en el norte de Europa). Benito Madariaga es veterinario de formación.
El guía de Campo Lameiro dice que es como cuando tiras una piedra al agua, los círculos concéntricos. A mí se me parecen más a judíos o afloramientos de agua a nivel del suelo. Estaría bien saber si estos judíos, o judíu en singular, que es palabra montañesa, tienen algún tipo de creencia asociada. A mí me suena que en Cabuérniga estos manantiales se utilizan para dar distintos acabados a los palos pintos y otros elementos de madera, pero no lo puedo asegurar.
En gallego braña es una zona baja y húmeda, como Campo Lameiro (del latín LAMAM, "lodazal", igual que nuestras lamizas o llamas). No es lo mismo en Cantabria y Asturias. La definición gallega se acerca más a una hipotética etimología prerromana de braña, tipo *BRAKNA, "prado húmedo", que la cántabra y asturiana, que parecen inclinarse más hacia formas latinas tipo *VERANEAM, por ser pastos de altura aprovechados de primavera a otoño.
Cacería
Sobre las órbitas agrandadas por el miedo
tiemblan los párpados de la bestia abatida
a la espera del golpe final, ese instante de horror
es la mirada que vive en mis ojos.
Generaciones
No reparamos en los granos de arena grávidos
que manaban súbitos dentro del bulbo de vidrio,
embarcados en un único mar y dejados caer
en corrientes sin gobierno, en busca de las antiguas
huellas de los padres, de su sol obstinado y pálido.
Poemas tomados de La caza del ciervo (Trea, 2016), aquí.
Cuando los círculos concéntricos aparecen por detrás del ciervo, empujando, se han querido interpretar como representaciones solares.
La caza (en periodos agroganaderos), las armas, aparecen con las élites.
La leyenda de los Príncipes de Sejos y el cromlech asociado, aquí, el ídolo del Joyu la Gándara en San Sebastián de Garabandal, el puñal disimulado entre las tumbas de la necrópolis rupestre de San Pantaleón, en La Puente del Valle (Valderredible), los ídolos de Monte Hijedo, la leyenda de la cueva de la Juáncana en Castillo (Arnuero), aquí, el caldero aparecido en Cabárceno y las comidas pantagruélicas rituales, los juchos o espetos, etc.
En Galicia ya no hay ciervos, están prácticamente extinguidos. La primera vez que subí a la berrea fue al Moral, con once años, con mi familia. Los primos, todos de edad parecida, nos escondimos en el monte para sorprenderlos. Había una partida de cazadores pegando tiros. Pararon para buscarnos. Escondido, me pasó por encima de la cabeza un urogallo.
Los pinos dicen que son autóctonos, en Galicia. De los eucaliptos que ya van para doscientos años, que son casi de la casa. Cerca de Viveiro, en las Rías Altas, se encuentra el eucaliptal que publicitan como el más grande de Europa. El que no se consuela es porque no quiere.
Los gallegos están sufriendo un proceso acelerado de cambio que mucho me temo pueda romper el hilo conductor y conducirles a la nada. Los eucaliptales borran el territorio de la memoria: los molinos eólicos, la alternativa, se posan inoncentes en el desierto verde que es ya Galicia. La nada habitada por los nadie.
En Guriezo debe estar el segundo bosque de ocálitos, los llamamos, de Europa. Tampoco hay berrea aquí.
No quiero consolarme.
domingo, 4 de septiembre de 2016
La cabaña de Quico
Haciendo limpieza he encontrado un recorte de prensa calculo que de finales de los años 90 con una carta al director que reproduzco:
"Queremos manifestar nuestro malestar y poner en conocimiento de nuestros paisanos/as, así como de cualquier persona sensible a la conservación de nuestras tradiciones, la indignación que nos produce el derribo de la cabaña de Quico, en Palombera.
Apenas hace un mes que nos fuimos de excursión desde Hozcava a Los Tojos. Como tantas otras veces, el punto de encuentro con los amigos fue en la Braña de Julastra, a la vista de la cabaña de Quico. Es, era, el lugar tan familiar que nos daba la bienvenida al monte; el que nos hace evocar aquellas noches estrelladas y días de niebla en los que el olor al humo nos guiaba hasta el mismo portal de la cabaña -donde se amontonaban la leña, las aijadas y cachavas, las albarcas y botas-, antesala de la hospitalidad compartida con generosidad en aquel diminuto espacio, de intercambios de charla y bota de vino al amor de la lumbre.
Es, era, una cabaña típica de pastores con su jergón, banco y trébede encima de las brasas, resguardando todo ello por cuatro paredes y un techo de terrones. Es, era, una cabaña de pastores como las que aún quedan en Gustandrán, Ocejo o los Cantos de la Borrica, esta última más actualizada pero que sigue siendo nexo de unión entre culturas y gentes. Esperamos que no corran la misma suerte que aquella bonita cabaña que había en Palombera y que durante años sirvió de cobijo a Quico, pastor de San Vicente del Monte. Una vez más algún cretino -que probablemente nunca haya apreciado lo que significa el calor de unas brasas, de una charla con el pastor, de las cuatro piedras y un techo de céspedes que te protegen de la niebla, del viento y de la lluvia- ha dado el permiso para que en una finca privada como es la de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, entren las palas para con sus cazos destruir una parte de nuestro patrimonio. Una vez más algún cretino ha puesto una excavadora en el lugar que ocupaba esa pequeña cabaña, despreciando su conexión con nuestro pasado, destruyendo esta herencia que nos permitió conocer y amar el monte y sus pobladores, el berrar de los ciervos, el sonido de los campanos y las historias de los antepasados en los labios de un viejo y sabio pastor. En el lugar que ocupaba, ya que al parecer no había más sitio, dicen que van a construir otra más grande y más moderna, posiblemente con mucho hormigón y rejas, quizá hasta con su caminito para no ensuciarse las botas. ¿Quién la diseñará? ¿Saiz de Oiza, Moneo?"
La carta está firmada por Lourdes Gutiérrez Oses.
"Queremos manifestar nuestro malestar y poner en conocimiento de nuestros paisanos/as, así como de cualquier persona sensible a la conservación de nuestras tradiciones, la indignación que nos produce el derribo de la cabaña de Quico, en Palombera.
Apenas hace un mes que nos fuimos de excursión desde Hozcava a Los Tojos. Como tantas otras veces, el punto de encuentro con los amigos fue en la Braña de Julastra, a la vista de la cabaña de Quico. Es, era, el lugar tan familiar que nos daba la bienvenida al monte; el que nos hace evocar aquellas noches estrelladas y días de niebla en los que el olor al humo nos guiaba hasta el mismo portal de la cabaña -donde se amontonaban la leña, las aijadas y cachavas, las albarcas y botas-, antesala de la hospitalidad compartida con generosidad en aquel diminuto espacio, de intercambios de charla y bota de vino al amor de la lumbre.
Es, era, una cabaña típica de pastores con su jergón, banco y trébede encima de las brasas, resguardando todo ello por cuatro paredes y un techo de terrones. Es, era, una cabaña de pastores como las que aún quedan en Gustandrán, Ocejo o los Cantos de la Borrica, esta última más actualizada pero que sigue siendo nexo de unión entre culturas y gentes. Esperamos que no corran la misma suerte que aquella bonita cabaña que había en Palombera y que durante años sirvió de cobijo a Quico, pastor de San Vicente del Monte. Una vez más algún cretino -que probablemente nunca haya apreciado lo que significa el calor de unas brasas, de una charla con el pastor, de las cuatro piedras y un techo de céspedes que te protegen de la niebla, del viento y de la lluvia- ha dado el permiso para que en una finca privada como es la de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, entren las palas para con sus cazos destruir una parte de nuestro patrimonio. Una vez más algún cretino ha puesto una excavadora en el lugar que ocupaba esa pequeña cabaña, despreciando su conexión con nuestro pasado, destruyendo esta herencia que nos permitió conocer y amar el monte y sus pobladores, el berrar de los ciervos, el sonido de los campanos y las historias de los antepasados en los labios de un viejo y sabio pastor. En el lugar que ocupaba, ya que al parecer no había más sitio, dicen que van a construir otra más grande y más moderna, posiblemente con mucho hormigón y rejas, quizá hasta con su caminito para no ensuciarse las botas. ¿Quién la diseñará? ¿Saiz de Oiza, Moneo?"
La carta está firmada por Lourdes Gutiérrez Oses.
martes, 23 de agosto de 2016
Origen antrópico del encinar costero cantábrico, hipótesis de verano
Adelanto que voy a dar un par de brazadas mar adentro.
Hace poco vi una foto aérea de las obras del campus universitario de Los Castros. Es de finales de los setenta. Las zanjas están abiertas entre encinas. Para el parque de Las Llamas hubo quien quiso recuperar el encinar de origen, pero la respuesta fue negativa. Se adujeron razones económicas: el alcalde de entonces no quiso encinas porque eran baratas, él prefería árboles caros. El alcalde actual ni siquiera quiere árboles porque dice que dan demasiada sombra, que quiere parques, no bosques, así que planta, cuando lo hace, arbustos. En otra foto del Santander del pasado se aprecia el arbolado que había a la altura de Pérez Galdós, en El Sardinero: pinos en primera línea, hacia el mar, probablemente plantados poco antes de hecha la foto, y encinas por detrás, poblando la colina.
Estas encinas santanderinas extintas emparentaban con las que se extienden por toda la costa cantábrica: en Liendo, Santoña, Castro, etc., son espectaculares.
A estas encinas se las tiene por relictas, es decir, árboles que están aquí, entre nosotros, desde otro tiempo climático. Han sobrevivido como los alcornoques en Liébana (a los que se les llama sufras): porque hay lugares como islas que resistieron al cambio climático que hizo desaparecer a encinas y alcornoques del norte. Son, pues, testigos de otro clima, fósiles vivos, recordatorios de hoja perenne unos, caducifolios otros.
Sin embargo, Ortega Valcárcel, ex Consejero de Medio Ambiente de Cantabria, Catedrático en las universidades de Cantabria y Valladolid, autor de textos tan relevantes como Gentes de Mar en Cantabria (1996), "Cantabria: Los procesos de construcción de un espacio regional" (1984), "El paisaje como construcción: El patrimonio territorial" (2000) o "Áreas de montaña: De la supervivencia a la integración" (2004), me desveló en el transcurso de una conversación que el encinar en Cantabria sospechaba era antrópico, es decir, que sí, que las condiciones clímáticas, el suelo, etc., despejan muchas incógnitas, pero no todas. Probablemente el encinar costero cantábrico tuviera su origen en el ser humano, concluyó el profesor, que en su momento, el que sea, pero remoto, el encinar tuviera algún tipo de utilidad, pero que se le escapaba cuál.
Anoche estaba repasando un texto de García y Bellido donde se recopila las características que Estrabón aplicaba a los norteños, de Galicia a los Pirineos, y entre ellas destaca hacer pan con bellota de encina. Los medievalistas aseguran que Estrabón se equivocó, que no eran bellotas de encina, sino de roble.
Abro un paréntesis: bellota en cántabro es lande, del latín GLANDEM, a diferencia del castellano bellota, que viene del árabe BALLUTA, encina. Una prueba más de que el cántabro es castellano mal hablado.
Pero y si Estrabón no estaba equivocado.
¿Por qué el encinar costero cantábrico no puede ser entendido como un cultivo de bellota de encina de proporciones gigantescas? Al menos como posibilidad. No sería la primera vez que topamos con una manipulación del reino vegetal a esta escala. Recordad la línea de tejos que transcurre, todavía hoy, de Liébana a la costa, donde se diluye, y de la que di noticia aquí. Yo mismo he visto esta línea a indicaciones de los vecinos de Cosío, que fueron quienes me dijeron de su existencia, en la que creen desde antiguo.
¿Por qué no un macrocultivo de bellota de encina en la costa, aprovechando que las condiciones naturales son favorables?
Como decía al principio, me he metido hasta no tocar fondo.
Hace poco vi una foto aérea de las obras del campus universitario de Los Castros. Es de finales de los setenta. Las zanjas están abiertas entre encinas. Para el parque de Las Llamas hubo quien quiso recuperar el encinar de origen, pero la respuesta fue negativa. Se adujeron razones económicas: el alcalde de entonces no quiso encinas porque eran baratas, él prefería árboles caros. El alcalde actual ni siquiera quiere árboles porque dice que dan demasiada sombra, que quiere parques, no bosques, así que planta, cuando lo hace, arbustos. En otra foto del Santander del pasado se aprecia el arbolado que había a la altura de Pérez Galdós, en El Sardinero: pinos en primera línea, hacia el mar, probablemente plantados poco antes de hecha la foto, y encinas por detrás, poblando la colina.
Estas encinas santanderinas extintas emparentaban con las que se extienden por toda la costa cantábrica: en Liendo, Santoña, Castro, etc., son espectaculares.
A estas encinas se las tiene por relictas, es decir, árboles que están aquí, entre nosotros, desde otro tiempo climático. Han sobrevivido como los alcornoques en Liébana (a los que se les llama sufras): porque hay lugares como islas que resistieron al cambio climático que hizo desaparecer a encinas y alcornoques del norte. Son, pues, testigos de otro clima, fósiles vivos, recordatorios de hoja perenne unos, caducifolios otros.
Sin embargo, Ortega Valcárcel, ex Consejero de Medio Ambiente de Cantabria, Catedrático en las universidades de Cantabria y Valladolid, autor de textos tan relevantes como Gentes de Mar en Cantabria (1996), "Cantabria: Los procesos de construcción de un espacio regional" (1984), "El paisaje como construcción: El patrimonio territorial" (2000) o "Áreas de montaña: De la supervivencia a la integración" (2004), me desveló en el transcurso de una conversación que el encinar en Cantabria sospechaba era antrópico, es decir, que sí, que las condiciones clímáticas, el suelo, etc., despejan muchas incógnitas, pero no todas. Probablemente el encinar costero cantábrico tuviera su origen en el ser humano, concluyó el profesor, que en su momento, el que sea, pero remoto, el encinar tuviera algún tipo de utilidad, pero que se le escapaba cuál.
Anoche estaba repasando un texto de García y Bellido donde se recopila las características que Estrabón aplicaba a los norteños, de Galicia a los Pirineos, y entre ellas destaca hacer pan con bellota de encina. Los medievalistas aseguran que Estrabón se equivocó, que no eran bellotas de encina, sino de roble.
Abro un paréntesis: bellota en cántabro es lande, del latín GLANDEM, a diferencia del castellano bellota, que viene del árabe BALLUTA, encina. Una prueba más de que el cántabro es castellano mal hablado.
Pero y si Estrabón no estaba equivocado.
¿Por qué el encinar costero cantábrico no puede ser entendido como un cultivo de bellota de encina de proporciones gigantescas? Al menos como posibilidad. No sería la primera vez que topamos con una manipulación del reino vegetal a esta escala. Recordad la línea de tejos que transcurre, todavía hoy, de Liébana a la costa, donde se diluye, y de la que di noticia aquí. Yo mismo he visto esta línea a indicaciones de los vecinos de Cosío, que fueron quienes me dijeron de su existencia, en la que creen desde antiguo.
¿Por qué no un macrocultivo de bellota de encina en la costa, aprovechando que las condiciones naturales son favorables?
Como decía al principio, me he metido hasta no tocar fondo.
lunes, 22 de agosto de 2016
Iguña y Anievas
viernes, 19 de agosto de 2016
La pontaya
En gulviendo de anochicía de la BCC
dispués de comprebar las topónimos mesa y tabla nansos
subo al primer ascensor
el baju
con una familia d´emigrantis rusos:
el críu va montáu nun cochi létricu de marca
apreta l´aceleraor
y grita puta a la sú güela
paez llevar griju dentro
el cochi
las lucis encesas
cumu calda
el padri
intenta reprindeli
pero no li sal
nu es pa ello
n´español
pegatinas garruñáas
de las últimas eleicionis
"tonto hola"
a retulaor
coronas cumu dientis
cumu dianas
enas puertas
que se abrin
la pasarela, viadutu
el críu ajuyi
y una pareja de ancianos
dijendo él
que tóu está en contra
asintiendo ella
al pie del ascensor altu,
esperando:
arreparo ena Peña´l Cuervu.
No lu bía visto.
Saco el móvil, sustifautu, y tomo un ritratu
al esmonti.
Amiro la pantalla
y nu sal.
Nu hay más luz
que la del cochi létricu
que vien
al escapi
cara mí.
La luna
escuendi la cara
trelos nublaos envesiblis.
dispués de comprebar las topónimos mesa y tabla nansos
subo al primer ascensor
el baju
con una familia d´emigrantis rusos:
el críu va montáu nun cochi létricu de marca
apreta l´aceleraor
y grita puta a la sú güela
paez llevar griju dentro
el cochi
las lucis encesas
cumu calda
el padri
intenta reprindeli
pero no li sal
nu es pa ello
n´español
pegatinas garruñáas
de las últimas eleicionis
"tonto hola"
a retulaor
coronas cumu dientis
cumu dianas
enas puertas
que se abrin
la pasarela, viadutu
el críu ajuyi
y una pareja de ancianos
dijendo él
que tóu está en contra
asintiendo ella
al pie del ascensor altu,
esperando:
arreparo ena Peña´l Cuervu.
No lu bía visto.
Saco el móvil, sustifautu, y tomo un ritratu
al esmonti.
Amiro la pantalla
y nu sal.
Nu hay más luz
que la del cochi létricu
que vien
al escapi
cara mí.
La luna
escuendi la cara
trelos nublaos envesiblis.
jueves, 18 de agosto de 2016
Paraja / Paraya
En la mies de Santutís: Parajas.
En Linares: Juentuca Parayas.
En Santander: Parayas.
En San Sebastián de Garabandal: Las Parajúas y La Paraya.
Bien se ve que es un mismo topónimo resuelto uno a la forma montañesa y otra a la asturiana. No es la primera vez que vemos algo parecido (ocurre por ejemplo con picayu en Saja y picaju en Carmona, formas a las que debemos sumar picachu en Ucieda).
¿Qué significado tiene paraya / paraja?
La Asociación Ría, en Camargo, defiende, siguiendo a Ortega Valcárcel, que Parayas viene de un tipo de pesca en la marisma. Marismas en el Alto Nansa no hay, aunque sí puede que se trate de topónimos asociados a zonas pantanosas, a albarizas o lamizas, extremo que habría que verificar. Hay otros que dicen que si son topónimos relacionados con paradas o picaderos de caballos.
En Asturias paraya coexiste con paraxa. García Arias, aquí, explica que para es una franja de terreno liso, cultivado o no, y que paraxa sería su diminutivo. Para para, valga la redundancia, García Arias señala como origen el participio fuerte del latín PARARE, "prepararse, disponerse", quizá en relación con tierras que se preparan para su aprovechamiento, sea éste agrícola o ganadero (algo parecido a lo que decíamos sobre las polas entradas más atrás). Para la forma paraya García Arias no encuentra explicación. Formas montañesas tipo paraja ni las contempla porque, imagino, desconoce que existan.
¿Alguien sabe si paraja o paraya son de uso actual y si es así qué significado tienen? ¿Alguien conoce algún topónimo tipo *La Para o si para es una palabra viva? Por último, ¿alguien podría describir el lugar al que da nombre alguno de los topónimos antes apuntados, a excepción del santanderino Parayas, que todos sabemos que es un espacio llano e inundable?
Gracias.
En Linares: Juentuca Parayas.
En Santander: Parayas.
En San Sebastián de Garabandal: Las Parajúas y La Paraya.
Bien se ve que es un mismo topónimo resuelto uno a la forma montañesa y otra a la asturiana. No es la primera vez que vemos algo parecido (ocurre por ejemplo con picayu en Saja y picaju en Carmona, formas a las que debemos sumar picachu en Ucieda).
¿Qué significado tiene paraya / paraja?
La Asociación Ría, en Camargo, defiende, siguiendo a Ortega Valcárcel, que Parayas viene de un tipo de pesca en la marisma. Marismas en el Alto Nansa no hay, aunque sí puede que se trate de topónimos asociados a zonas pantanosas, a albarizas o lamizas, extremo que habría que verificar. Hay otros que dicen que si son topónimos relacionados con paradas o picaderos de caballos.
En Asturias paraya coexiste con paraxa. García Arias, aquí, explica que para es una franja de terreno liso, cultivado o no, y que paraxa sería su diminutivo. Para para, valga la redundancia, García Arias señala como origen el participio fuerte del latín PARARE, "prepararse, disponerse", quizá en relación con tierras que se preparan para su aprovechamiento, sea éste agrícola o ganadero (algo parecido a lo que decíamos sobre las polas entradas más atrás). Para la forma paraya García Arias no encuentra explicación. Formas montañesas tipo paraja ni las contempla porque, imagino, desconoce que existan.
¿Alguien sabe si paraja o paraya son de uso actual y si es así qué significado tienen? ¿Alguien conoce algún topónimo tipo *La Para o si para es una palabra viva? Por último, ¿alguien podría describir el lugar al que da nombre alguno de los topónimos antes apuntados, a excepción del santanderino Parayas, que todos sabemos que es un espacio llano e inundable?
Gracias.
miércoles, 17 de agosto de 2016
Joracas cántabras y gateros burgaleses
En Poza de la Sal, lo mismo que en toda la comarca, las casas más antiguas se asientan sobre un primer piso de piedra (asombra la variedad de tipos de piedra que utilizan, desde toba a una piedra negra asociada a las salinas que dicen es volcánica) que a su vez lo hace sobre roca madre. Ésta puede estar excavada para las bodegas. Sobre este zócalo se levantan uno (las más antiguas) o dos pisos de entramado de madera y barro.
Las puertas de las casas más antiguas son de arco. Curiosamente no vimos ninguna al estilo montañés, es decir, con dos hojas, una pequeña que permanece fija (aunque se pueda abrir) y otra más amplia que es la que se utiliza en el día a día. En el norte de Burgos todas las puertas son de una sola hoja o de cuarterón.
De la casa en apariencia más antigua de Poza de la Sal solo se conserva en pie el zócalo de piedra. En una de las dovelas de la puerta aparece una perforación idéntica a las que encontramos en Valderredible y de las que dimos cuenta aquí.
Poza de la Sal:



No encontramos más en ninguna otra casa de La Bureba o comarcas vecinas.
Para Valderredible quedamos convencidos con la explicación de que son agujeros practicados para atar animales. Pero en Poza de la Sal parece claro que además de otras posibilidades estos agujeros fueron utilizados para cerrar la puerta.
Así como nosotros a fin de cuentas somos lo que hacemos (hechos son amores y no buenas razones) las cosas son para lo que sirven (la retórica, siguiendo con el ejemplo entre paréntesis de antes, no es el arte de hacer un bello discurso, y vano, sino de hacer un discurso que mueva a algo, si es que la belleza no es suficiente estímulo por sí misma). Es, si me apuráis, una forma de reciclaje porque no todo sirve para lo mismo siempre: o cambia (o se adapta) o desaparece.

En la puerta de la foto de arriba, tomada en Cantabrana, vemos una cerradura reforzada con una cadena que agarra en una argolla de la pared y en otra de la puerta. La argolla de la pared servía para atar animales y la de la puerta para tirar y cerrar la puerta, pero en la actualidad se utilizan ambas argollas para la cadena. Su uso cambia, su vida se prolonga. En la casa de Poza de la Sal estoy seguro que los agujeros practicados en la dovela fueron utilizados para atar una cuerda o cadena que entraba por el agujero abierto por la cerradura y cerrar la puerta, por mucho que en origen su uso fuera otro.
¿Qué son las cosas, para lo que nacen o para lo que sirven, para lo que son pensadas o para lo que son utilizadas? ¿Qué es llegar a ser otro, cumplir un programa o pervertirte, y cuánto tiene de una cosa u otra, de reto cumplido o de perversión, el llegar a ser otro queriendo o no, obligado o no?
En nuestra arquitectura tradicional sabemos que las joracas, esos agujeros practicados en la parte baja de las puertas, eran utilizados por las gallinas, que andaban sueltas por el pueblo y generalmente aselaban (dormían) bajo la escalera (interior) de la casa. No obstante, hoy en día lo normal es que te digan que las joracas son para los gatos: no, los gatos entraban a casa, y lo siguen haciendo, por donde pueden; las joracas son para las gallinas.
Pero a lo anterior siempre encuentro una falla: ¿y qué de las joracas en las puertas de las iglesias? ¿Gallinas en las iglesias?
Pongo fotos de joracas en Frías, Burgos:



En Frías las joracas reciben el nombre de gateros.
Foto de gatero en puerta de casa de Cantabrana:

¿Para gatos o para gallinas? ¿Para gatos y para gallinas? ¿Para gatos porque ya no hay gallinas? ¿Ni para gatos ni para gallinas porque ya no vive nadie en estos pueblos lo que es igual a decir que para turistas?
Las puertas de las casas más antiguas son de arco. Curiosamente no vimos ninguna al estilo montañés, es decir, con dos hojas, una pequeña que permanece fija (aunque se pueda abrir) y otra más amplia que es la que se utiliza en el día a día. En el norte de Burgos todas las puertas son de una sola hoja o de cuarterón.
De la casa en apariencia más antigua de Poza de la Sal solo se conserva en pie el zócalo de piedra. En una de las dovelas de la puerta aparece una perforación idéntica a las que encontramos en Valderredible y de las que dimos cuenta aquí.
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No encontramos más en ninguna otra casa de La Bureba o comarcas vecinas.
Para Valderredible quedamos convencidos con la explicación de que son agujeros practicados para atar animales. Pero en Poza de la Sal parece claro que además de otras posibilidades estos agujeros fueron utilizados para cerrar la puerta.
Así como nosotros a fin de cuentas somos lo que hacemos (hechos son amores y no buenas razones) las cosas son para lo que sirven (la retórica, siguiendo con el ejemplo entre paréntesis de antes, no es el arte de hacer un bello discurso, y vano, sino de hacer un discurso que mueva a algo, si es que la belleza no es suficiente estímulo por sí misma). Es, si me apuráis, una forma de reciclaje porque no todo sirve para lo mismo siempre: o cambia (o se adapta) o desaparece.

En la puerta de la foto de arriba, tomada en Cantabrana, vemos una cerradura reforzada con una cadena que agarra en una argolla de la pared y en otra de la puerta. La argolla de la pared servía para atar animales y la de la puerta para tirar y cerrar la puerta, pero en la actualidad se utilizan ambas argollas para la cadena. Su uso cambia, su vida se prolonga. En la casa de Poza de la Sal estoy seguro que los agujeros practicados en la dovela fueron utilizados para atar una cuerda o cadena que entraba por el agujero abierto por la cerradura y cerrar la puerta, por mucho que en origen su uso fuera otro.
¿Qué son las cosas, para lo que nacen o para lo que sirven, para lo que son pensadas o para lo que son utilizadas? ¿Qué es llegar a ser otro, cumplir un programa o pervertirte, y cuánto tiene de una cosa u otra, de reto cumplido o de perversión, el llegar a ser otro queriendo o no, obligado o no?
En nuestra arquitectura tradicional sabemos que las joracas, esos agujeros practicados en la parte baja de las puertas, eran utilizados por las gallinas, que andaban sueltas por el pueblo y generalmente aselaban (dormían) bajo la escalera (interior) de la casa. No obstante, hoy en día lo normal es que te digan que las joracas son para los gatos: no, los gatos entraban a casa, y lo siguen haciendo, por donde pueden; las joracas son para las gallinas.
Pero a lo anterior siempre encuentro una falla: ¿y qué de las joracas en las puertas de las iglesias? ¿Gallinas en las iglesias?
Pongo fotos de joracas en Frías, Burgos:



En Frías las joracas reciben el nombre de gateros.
Foto de gatero en puerta de casa de Cantabrana:

¿Para gatos o para gallinas? ¿Para gatos y para gallinas? ¿Para gatos porque ya no hay gallinas? ¿Ni para gatos ni para gallinas porque ya no vive nadie en estos pueblos lo que es igual a decir que para turistas?
martes, 16 de agosto de 2016
Canes
En La Bureba burgalesa llaman canes (singular can) a las viguetas que apoyan en el muro y sobresalen al exterior de las viviendas, sosteniendo la cornisa. Como canecillo, procede del latín CANIS, "perro".
¿Y a qué perros en las cornisas?
No hace falta recordar el bestiario presente en los canecillos románicos.
Para la arquitectura civil es más difícil encontrar el porqué. Recupero foto de canes en casa de Béjar, Salamanca:

La casa es ésta:

Si los canecillos románicos fueron utilizados como canal de comunicación vertical (es decir, de adoctrinamiento), los perros estaban ahí, aportando información. No sabemos nada de la arquitectura civil de la época, pero la casa de Béjar, que, sin ser, lógicamente, románica, bien pudiera haber heredado su programa iconográfico, parece probar que las viviendas (al menos las de las élites) también estaban implicadas a través de sus canes en esta labor de adoctrinamiento, en este aporte de información que cobra pleno sentido en un contexto concreto que en la actualidad no es fácil de adivinar.
La carga simbólica de los perros es mucha. Hoy tendemos a considerarla positiva: fidelidad, protección, etc. Pese a ello, el perro también ha operado como símbolo del demonio, sobre todo atado: "Dios le ha atado (al demonio) con la cadena, como a un perro que solo puede morder al que irreflexivamente se le acerca demasiado", dice San Agustín.
Los canes de La Bureba son de dos tipos: unos están picados y otros presentan un cordón longitudinal. Pongo dos fotos malas, las que tengo:


Están tomadas en Cantabrana, que no es exactamente La Bureba; está un poco hacia el norte. La etimología de este pueblo creo puede proceder de la sierra que recorre todo el horizonte. Foto tomada desde la iglesia (no hace justicia al pueblo):

No he localizado el nombre de esta sierra en los mapas, pero los vecinos la llaman Los Tablones (topónimo que emparenta con nuestras tablas o tabláas, llanos en las cumbres, al menos en el Alto Nansa).
Quiero recordar que cantabria es en Los Beyos, Asturias, una apelativo vivo y que significa "línea de cumbres", lo que me dijeron en La Hermida que se decía virdiu y en Bejes bordiu, tal y como expliqué aquí.
Bien se ve que he procurado evitar explicaciones étnicas del tipo: hasta esta sierra llegaban los cántabros o ésta es la sierra de los cántabros, pero no por ello se ha de cerrar los ojos a una explicación de este tipo.
Los canes burgaleses del primer tipo son parecidos a los del norte de Extremadura, foto:

Está tomada en La Vera. Las casas tradicionales presentan profusión de canes, muchos más de los que necesitan las cornisas, si es que verdaderamente los necesitan, porque, nos dijeron, los utilizan para poner ristras de pimientos a secar.
El segundo tipo presenta un motivo decorativo típicamente montañés: el cordón longitudinal. En nuestra arquitectura tradicional aparece tallado en piedra y madera, incluso dentro de una misma casa (en Corvera, por ejemplo). No pongo foto para que os animéis a ir a nuestros pueblos y comprobarlo.
Este cordón en los canes montañeses y burgaleses da que pensar: ¿reminiscencia románica, el cordón por el perro atado, la parte por el todo?
Este cordón vendría a decirnos algo así como "si pecas es porque quieres".
Ambos tipos de canes, el picado y el que presenta un cordón, en su forma burgalesa aparecen hasta el pueblo de Soncillo (donde ya solo en una casa). A partir de este punto en dirección a Cantabria, se pierden. Por cierto, en relación con este topónimo, abundan los de tipo CILLA en estas hondonadas burgalesas, lo mismo que en los valles cántabros que continúan hacia el mar, caso de Cillorio, Valdecilla, etc., quizá todos ellos relacionados con antiguos grandes almacenes de grano.
Soncillo se encuentra en la comarca de Valdebezana, que es el espacio que media entre la Cordillera Cantábrica y las anfractuosidades de la meseta cayendo hacia las hondonadas de La Bureba, dicho groseramente. Respecto a este topónimo, Valdebezana, no me parece que esté relacionado, lo mismo que Bezana, con nombre de propietario alguno, sino con alguna forma latina que transmita la idea de "vía de acceso".
Según un vecino de Frías, las casas tradicionales, que suelen alcanzar tres alturas (aunque las más antiguas son de dos), utilizan el desván para secar la cosecha, pero no trigo (aunque sí maíz), que pesa demasiado. La piquera es un respiradero para que se oree la cosecha, idéntico a nuestra tronera (en montañés). Es a la altura del desván, tercer piso, donde se abren, si acaso, los balcones, que si están soleados pasan a ser solanas. Todo presenta un cierto aire de familia.
¿Y a qué perros en las cornisas?
No hace falta recordar el bestiario presente en los canecillos románicos.
Para la arquitectura civil es más difícil encontrar el porqué. Recupero foto de canes en casa de Béjar, Salamanca:

La casa es ésta:

Si los canecillos románicos fueron utilizados como canal de comunicación vertical (es decir, de adoctrinamiento), los perros estaban ahí, aportando información. No sabemos nada de la arquitectura civil de la época, pero la casa de Béjar, que, sin ser, lógicamente, románica, bien pudiera haber heredado su programa iconográfico, parece probar que las viviendas (al menos las de las élites) también estaban implicadas a través de sus canes en esta labor de adoctrinamiento, en este aporte de información que cobra pleno sentido en un contexto concreto que en la actualidad no es fácil de adivinar.
La carga simbólica de los perros es mucha. Hoy tendemos a considerarla positiva: fidelidad, protección, etc. Pese a ello, el perro también ha operado como símbolo del demonio, sobre todo atado: "Dios le ha atado (al demonio) con la cadena, como a un perro que solo puede morder al que irreflexivamente se le acerca demasiado", dice San Agustín.
Los canes de La Bureba son de dos tipos: unos están picados y otros presentan un cordón longitudinal. Pongo dos fotos malas, las que tengo:


Están tomadas en Cantabrana, que no es exactamente La Bureba; está un poco hacia el norte. La etimología de este pueblo creo puede proceder de la sierra que recorre todo el horizonte. Foto tomada desde la iglesia (no hace justicia al pueblo):

No he localizado el nombre de esta sierra en los mapas, pero los vecinos la llaman Los Tablones (topónimo que emparenta con nuestras tablas o tabláas, llanos en las cumbres, al menos en el Alto Nansa).
Quiero recordar que cantabria es en Los Beyos, Asturias, una apelativo vivo y que significa "línea de cumbres", lo que me dijeron en La Hermida que se decía virdiu y en Bejes bordiu, tal y como expliqué aquí.
Bien se ve que he procurado evitar explicaciones étnicas del tipo: hasta esta sierra llegaban los cántabros o ésta es la sierra de los cántabros, pero no por ello se ha de cerrar los ojos a una explicación de este tipo.
Los canes burgaleses del primer tipo son parecidos a los del norte de Extremadura, foto:
Está tomada en La Vera. Las casas tradicionales presentan profusión de canes, muchos más de los que necesitan las cornisas, si es que verdaderamente los necesitan, porque, nos dijeron, los utilizan para poner ristras de pimientos a secar.
El segundo tipo presenta un motivo decorativo típicamente montañés: el cordón longitudinal. En nuestra arquitectura tradicional aparece tallado en piedra y madera, incluso dentro de una misma casa (en Corvera, por ejemplo). No pongo foto para que os animéis a ir a nuestros pueblos y comprobarlo.
Este cordón en los canes montañeses y burgaleses da que pensar: ¿reminiscencia románica, el cordón por el perro atado, la parte por el todo?
Este cordón vendría a decirnos algo así como "si pecas es porque quieres".
Ambos tipos de canes, el picado y el que presenta un cordón, en su forma burgalesa aparecen hasta el pueblo de Soncillo (donde ya solo en una casa). A partir de este punto en dirección a Cantabria, se pierden. Por cierto, en relación con este topónimo, abundan los de tipo CILLA en estas hondonadas burgalesas, lo mismo que en los valles cántabros que continúan hacia el mar, caso de Cillorio, Valdecilla, etc., quizá todos ellos relacionados con antiguos grandes almacenes de grano.
Soncillo se encuentra en la comarca de Valdebezana, que es el espacio que media entre la Cordillera Cantábrica y las anfractuosidades de la meseta cayendo hacia las hondonadas de La Bureba, dicho groseramente. Respecto a este topónimo, Valdebezana, no me parece que esté relacionado, lo mismo que Bezana, con nombre de propietario alguno, sino con alguna forma latina que transmita la idea de "vía de acceso".
Según un vecino de Frías, las casas tradicionales, que suelen alcanzar tres alturas (aunque las más antiguas son de dos), utilizan el desván para secar la cosecha, pero no trigo (aunque sí maíz), que pesa demasiado. La piquera es un respiradero para que se oree la cosecha, idéntico a nuestra tronera (en montañés). Es a la altura del desván, tercer piso, donde se abren, si acaso, los balcones, que si están soleados pasan a ser solanas. Todo presenta un cierto aire de familia.
viernes, 12 de agosto de 2016
Cornelio, el pueblo de Ongayo y la fuente Jongaya
Sabido es que los cántabros de la transición acompañaban su nombre con un gentilicio (indicación de tribu) que presentaba el genitivo en plural celta /-um/, tipo Cornelio Aunigainum. El ejemplo es real, concretamente está tomado de la estela del Dobra, año 399.
Esta forma de darse nombre, el propio más gentilicio, refleja un tipo de sociedad tribal ajena a la romana. Esa historieta de que los romanos pusieron fin a todo, que acabaron con todos, es éso, una historieta. Es probable que tal organización tribal tenga reflejo en nuestra arquitectura, por ejemplo en las casas aparentemente colectivas de Terán o Lamiña, así como en el uso de motes asociados a familias extensas en La Montaña, caso de los tilvinos o los maconos de Sopeña de Cabuérniga.
Uno de los topónimos al que estoy dando vueltas desde hace al menos una década es Jongaya. Probablemente nunca lo haya hecho suficientemente en serio y por eso no lo haya desvelado todavía, o simplemente sea porque es opaco, porque no tiene solución. O yo, que no soy capaz.
Jongaya es una fuente de Sopeña, Cabuérniga. Le sirvió a Manuel Llano para uno de sus motes (no sé si decir heterónimo): "el sarruján de Jongaya". La fuente está contra La Cruz. Un vecino dice que en la vertical hay restos de construcciones. Él asegura que es un castro, pero no sé, no he llegado a subir, y aunque lo haga, no creo que lo llegara a reconocer, caso de existir. De hecho una vez nos perdimos mis amigos del instituto y yo en Pico Obios y yo, particularmente (lo aclaro porque si alguno me lee no va a acordarse), vi entre los árboles, además de los fosos en paralelo que vimos todos, un conjunto de restos de construcciones circulares impresionante, que no supe reconocer: antes bellares (para apartar los bellos de sus madres), pensé, que un castro, quiero creer todavía hoy. Pero no lo sé.
Es probable que estos restos encima de la actual fuente sean los de la antigua. La actual, al pie de la carretera, no tiene más de ciento veinte o ciento cincuenta años.
Volviendo al Cornelio de la estela del Dobra, su nombre viene acompañado de la palabra latina vicanus, lo que revela la existencia de un vicus, de un lugar denominado como la gentilidad o tribu de Cornelio: Aunigainum, que muchos identifican con el actual Ongayo o Ungayu. Este pueblo pudiera ser, pues, fruto del asentamiento de una tribu cántabra en época tardorromana, del que tomaría su nombre. Sus miembros estaban en origen unidos entre sí por vínculos de sangre, que no sé si era real o imaginada, simbólica (lobetos, "lobeznos" en castellano, por ejemplo, es el apodo de los vecinos de Viaña, en Cabuérniga). No lo conozco. Me gustaría ver sus barrios, sus casas.
Se me ocurre con este genitivo en mente que Jongaya bien pudiera ser un híbrido romance / prerromano compuesto por dos partes: la primera emparenta claramente con el latín FONS, FONTIS, y, por su parte, /-gaya/ podría remitir a una partícula, no sé cuál, que indicara algo así como "el lugar al que pertenece algo". En suma, Jongaya podría ser un topónimo equivalente al cercano Ontoria (la misma partícula romance primera más, en este caso, un sufijo también romance, /-oria/, que se repite en miraoriu, castraoriu, posaoriu, etc., emparentado con el gallego /-oiro/), es decir, un lugar donde mana agua, un hontanar.
Jongaya resultaría de la suma de una palabra romance, montañesa, y de una palabra prerromana, cántabra. Pertenecería a un momento de transición: de una lengua a otra, un momento probablemente breve, de pocos siglos, de convivencia. La prerromana acabaría desapareciendo, a diferencia de en País Vasco (por cierto, Vizcaya, lo mismo que Andorra, significan lo mismo, en sus lenguas respectivas, que Cantabria) no sin testigos: argayu es una palabra todavía hoy en uso, lo mismo que cántabru, que significa, precisamente, montañés. Dos lenguas, cántabro y montañés, prerromana y romance, habladas por los mismos, cántabros y montañeses, pero en situaciones diferentes: tribus seminómadas circulando por el valle, unos, que se asientan a media ladera, otros o, mejor, los mismos siendo otros, que acabamos siendo nosotros.
Tengo ganas de ir a Ongayo.
Esta forma de darse nombre, el propio más gentilicio, refleja un tipo de sociedad tribal ajena a la romana. Esa historieta de que los romanos pusieron fin a todo, que acabaron con todos, es éso, una historieta. Es probable que tal organización tribal tenga reflejo en nuestra arquitectura, por ejemplo en las casas aparentemente colectivas de Terán o Lamiña, así como en el uso de motes asociados a familias extensas en La Montaña, caso de los tilvinos o los maconos de Sopeña de Cabuérniga.
Uno de los topónimos al que estoy dando vueltas desde hace al menos una década es Jongaya. Probablemente nunca lo haya hecho suficientemente en serio y por eso no lo haya desvelado todavía, o simplemente sea porque es opaco, porque no tiene solución. O yo, que no soy capaz.
Jongaya es una fuente de Sopeña, Cabuérniga. Le sirvió a Manuel Llano para uno de sus motes (no sé si decir heterónimo): "el sarruján de Jongaya". La fuente está contra La Cruz. Un vecino dice que en la vertical hay restos de construcciones. Él asegura que es un castro, pero no sé, no he llegado a subir, y aunque lo haga, no creo que lo llegara a reconocer, caso de existir. De hecho una vez nos perdimos mis amigos del instituto y yo en Pico Obios y yo, particularmente (lo aclaro porque si alguno me lee no va a acordarse), vi entre los árboles, además de los fosos en paralelo que vimos todos, un conjunto de restos de construcciones circulares impresionante, que no supe reconocer: antes bellares (para apartar los bellos de sus madres), pensé, que un castro, quiero creer todavía hoy. Pero no lo sé.
Es probable que estos restos encima de la actual fuente sean los de la antigua. La actual, al pie de la carretera, no tiene más de ciento veinte o ciento cincuenta años.
Volviendo al Cornelio de la estela del Dobra, su nombre viene acompañado de la palabra latina vicanus, lo que revela la existencia de un vicus, de un lugar denominado como la gentilidad o tribu de Cornelio: Aunigainum, que muchos identifican con el actual Ongayo o Ungayu. Este pueblo pudiera ser, pues, fruto del asentamiento de una tribu cántabra en época tardorromana, del que tomaría su nombre. Sus miembros estaban en origen unidos entre sí por vínculos de sangre, que no sé si era real o imaginada, simbólica (lobetos, "lobeznos" en castellano, por ejemplo, es el apodo de los vecinos de Viaña, en Cabuérniga). No lo conozco. Me gustaría ver sus barrios, sus casas.
Se me ocurre con este genitivo en mente que Jongaya bien pudiera ser un híbrido romance / prerromano compuesto por dos partes: la primera emparenta claramente con el latín FONS, FONTIS, y, por su parte, /-gaya/ podría remitir a una partícula, no sé cuál, que indicara algo así como "el lugar al que pertenece algo". En suma, Jongaya podría ser un topónimo equivalente al cercano Ontoria (la misma partícula romance primera más, en este caso, un sufijo también romance, /-oria/, que se repite en miraoriu, castraoriu, posaoriu, etc., emparentado con el gallego /-oiro/), es decir, un lugar donde mana agua, un hontanar.
Jongaya resultaría de la suma de una palabra romance, montañesa, y de una palabra prerromana, cántabra. Pertenecería a un momento de transición: de una lengua a otra, un momento probablemente breve, de pocos siglos, de convivencia. La prerromana acabaría desapareciendo, a diferencia de en País Vasco (por cierto, Vizcaya, lo mismo que Andorra, significan lo mismo, en sus lenguas respectivas, que Cantabria) no sin testigos: argayu es una palabra todavía hoy en uso, lo mismo que cántabru, que significa, precisamente, montañés. Dos lenguas, cántabro y montañés, prerromana y romance, habladas por los mismos, cántabros y montañeses, pero en situaciones diferentes: tribus seminómadas circulando por el valle, unos, que se asientan a media ladera, otros o, mejor, los mismos siendo otros, que acabamos siendo nosotros.
Tengo ganas de ir a Ongayo.
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