-
Ercer significa "erguir", de donde
ércete por "yérguete" o
ircíu por "erguido".
-
Paraya y
paraja, de significado y etimología discutida, tengo para mí que emparentan con el castellano "paraje".
- De
migoyu, que significa "meollo", deriva
amigoyáos: cuando hace frío, como estos días, y te arrejuntas en el sofá.
- Más que sabido,
sucáu, de
sucu, surco.
-
Cumba, escuchado a un santanderino, "comba":
esta pared hace cumba. En montañés a esta
cumba santanderina se la conoce como
potra, de origen desconocido, aunque en relación con el verbo
potrear y el sustantivo
potru,
aquí y
aquí. Al mismo vecino,
urria, de la que ya traté
aquí.
- El sustantivo
llosa da nombre desde su étimo latino (vid. García Arias
aquí) a una tierra cercada. Es probable que proceda de un época en que la norma era que las tierras estuvieran
en abertal, que es lo mismo que sin cerca, tal y como apunté
aquí, o agrupadas dentro de un muro perimetral común, caso de las
mieses (con parcelas individuales o
jazas delimitadas por
jisos y
relugas,
aquí) o las
praerias (suertes). Su rasgo distintivo sería estar cercadas indidividualmente. Y de este rasgo distintivo tomarían el nombre. La duda que se nos plantea ahora es por qué llevar la contraria a la norma. Hemos visto lo que creemos son antiguas
llosas en el barrio de Jismana, en Ruente,
aquí: parcelas anexas a las casas que han ido desapareciendo a medida que las casas se ampliaban lateralmente. Las
llosas complementarían a los
güertos, que solían estar y siguen enfrente de las casas. Que estuvieran cercadas se explica por el mismo motivo por el que lo están los
güertos: para que los animales que andaban sueltos por el pueblo no entraran (incluso los muros de los huertos solían coronarse de espinos, sobre todo por las gallinas, o,
mutatis mutandis, todavía hoy no es raro ver huertos cubiertos por espinos, sobre todo recién sembrados). ¿Y qué había en las
llosas para que tuvieran que estar cerca de casa y cercadas? Es ahí donde nos perdemos. Hoy, las
llosas que quedan o, por mejor decir, los espacios que conservan su nombre o los que queremos reconocer como tales, parecen estar destinados a (o quizá ocupados por) frutales y hierba para el ganado que queda en casa. Las
llosas es probable que respondieran a unas coordenadas concretas que se perdieron por el camino. Es probable, también, que la capacidad adaptativa de la palabra
llosa fuera cercenada por la más reciente
cierru, que
cierru tuviera más flexibilidad o que apareciera en un momento más dinámico (un momento en que la norma estaba dejando de ser la cerca común o la ausencia de la misma) y que
llosa quedara relegadada a usos secundarios o marginales, hasta hoy, que no sé si quedará alguien que nos sepa decir si significa todavía algo.