El día del funeral la viuda repartió las flores de la corona entre los presentes. Eran rosas blancas. Me lo dijo una de las personas que la había acompañado en la despedida de su marido al preguntarle por las que, de forma desacostumbrada, tenía en el salón, varias. No sé si el número respondía a alguna razón, no lo pregunté, pero no creo, por eso no lo pregunté. Serían las que cogían en la mano.
A partir de ahora, flores sí y rosas pero no blancas.
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