martes, 23 de junio de 2026

Los últimos "jisquíos"

Llegamos poco antes de la cena, que es muy temprano, supongo que para acortar los días

que no se hagan largos

como son, disimularlos

pedimos verla y la bajan en ascensor, en silla de ruedas 

mi madre la abraza mientras yo le doy la mano

el ascensor permanece abierto y tiene un espejo

luego al revés, soy yo el que la abraza, y me veo

salimos a la calle, cruzamos la carretera y entramos al parque de la residencia

pequeñito

tiene unos pocos árboles frutales, parecen, aunque no veo que den fruta, quizá no sea tiempo, bancos debajo y un breve trazado de caminos de firme liso para facilitar el tránsito de los residentes, a muchos de los cuales les cuesta andar

estamos solos y nos ponemos un poco al sol y un poco a la sombra, para que le de a ella un poco de sol y a mí un poco de sombra

y mi madre en medio le canta

mi tía muy callada, las horas, quizá

le canta una montañesa para animarla

en voz baja: mi tía no reacciona

termina y echa un ijujú: 

tampoco.

Es el segundo que escucho en vivo, quiero decir, no en una grabación o impostado en una actuación.

El primero fue a mi tía Geniuca, que se puso una hierba en la boca, hizo hueco con las manos y echó un jisquíu. Apenas sonó. Igual que el de mi madre.

Es donde queda. En las voces bajas de las mujeres.

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