El primer día de clase le preguntaron el nombre y a renglón seguido dónde trabajaba su padre: en la fábrica, dijo ella: será de peón, replicó la monja. Calló. Era muy niña. No lo ha olvidado. La siguiente fue su amiga. En el monte, contestó ella. Aquí las risas fueron generalizadas. Pero a su amiga no le dolió ni se preocupó de aclarar que era en el Monte de Piedad, donde su padre era directivo.
La clave está en a quién das la oportunidad de hacerte daño.
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