Estábamos en una de las mesas de fuera de la taberna de Valle rodeados de turistas. Quizá nosotros también lo fuéramos, mal visto. Adentro había tres personas acodadas en la barra hablando en cántabro. Lo siento por los que digan que no existe. Será porque no han tenido la suerte de escucharlo, a diferencia de nosotros.
Estaban hablando de sus cosas, no me entretuve en escucharles con atención. Nosotros manteníamos nuestra propia conversación, además que a nosotros, aun siendo raro, por desgracia, y cada vez más, no nos pilla tan de sorpresa. El caso es que algo estaban hablando del vecindario y uno de ellos dijo: de las goteraas pa juera, que hagan lo que quieran; de las goteraas pa dentru, ya es otru cantar.
Ya hemos apuntado en otras ocasiones que el límite de la casa no son las paredes, sino la cortina de agua que cae del alero.
La foto está hecha en Lamiña.

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