Ellas estaban sentadas debajo de un castaño y nosotros buscando dónde. Paramos
a echar una parlaa. Una de las dos estaba en la residencia, la otra era su hermana y estaba de visita. Pregunté a la señora internada si la atendían bien, si hacían actividades, si estaba contenta y respondió a todo que sí. Preguntas típicas, respuestas concisas y resignadas. Una conversación de compromiso. Entonces ella, montañesa como es, añadió repentinamente: lo peor es la
murria.
¿El qué?
La murria que siento dentro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario