En Colindres está lo que se conoce como "El Castillo de Juana la Loca" porque, según leyenda local, Juana la Loca estuvo allí encerrada. Otra leyenda dice que hay un túnel que conecta este palacio con la iglesia de San Juan (una leyenda que se repite en otros muchos pueblos de Cantabria e incluso en el Hospital Valdecilla, donde se dice que hay un túnel que conecta los antiguos pabellones con la Residencia Cantabria).
El Palacio del Infantado o del Condestable, que es su nombre "oficial", está en ruinas desde que unos corsarios franceses lo saquearan el año 1639.
Había una estancia que de pequeños creíamos eran las mazmorras. En una de las paredes recordaba haber visto una copa de cristal incrustada. Teniendo en cuenta que el palacio está en ruinas desde mediados del s. XVII, la copa tenía que ser anterior. También cabe la posibilidad de que el muro de "la mazmorra" hubiera sido levantado con posterioridad para usos ajenos al original, para acotar un espacio destinado al ganado, por ejemplo, aunque, al menos desde que yo tengo uso de razón, el interior del palacio ha estado siempre vacío.
Fuimos Raquel y yo de expedición. En el muro ya no quedaba nada; estaba un poco más arruinado de lo que yo recordaba. Pero, en el suelo, la copa. La cogimos.
La tengo junto al fregadero. No sé qué hacer con ella. Me arrepiento de haberla cogido.
El palacio sigue en ruinas. En mi época en el Gobierno de Cantabria nos ofrecieron comprarlo. El Consejero dijo que no. No sabíamos qué hacer con el edificio. Ya va para tres siglos.
lunes, 13 de enero de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
Chozos
Me contaba el otro día un amigo montañés que en el castro de La Espina del Gállego, en la vertical de Silió, las plantas de las construcciones que han aparecido en las excavaciones no son circulares, a diferencia de la imagen típica que tenemos de un castro, sino trapezoidales. Esta forma trapezoidal es igual a la que presentan los chozos de pastor de Sejos o Palombera: son como libros abiertos posados boca abajo, libros de terrones. Dada la coincidencia entre los chozos y las construcciones del castro, cabría pensar en una de estas dos opciones: (1) los chozos derivan de las construcciones castreñas o (2) chozos y construcciones castreñas son contemporáneos, siendo los chozos, por su marginalidad, únicos supervivientes de un tipo arquitectónico de enorme valor, "fósiles" arquitectónicos a proteger (si es que queda alguno en pie; al menos nos queda el consuelo de que hay gente que recuerda cómo se hacían).
Foto de antiguo chozu, aquí.
Sea como fuere, creo que sería acertado pensar en el posible carácter estacional de los castros. Estarían ligados, en mi opinión, a actividades propias de determinadas estaciones, por ejemplo al pastoreo. Ésto implicaría la existencia de emplazamientos o más estables (el campamento base, por decirlo de algún modo) o complementarios del castro (en verano arriba, en el castro; en invierno abajo, en el fondo de valle). Este emplazamiento más estable o invernal (depende) podría encontrarse, en el caso de La Espina del Gállego, debajo de Silió, enterrado bajo sus cimientos. O incluso ser el propio Silió.
Otro tanto cabría decir de Carmona. Recientemente se ha descubierto un castro en la vertical del pueblo. Quién no nos dice a nosotros que Carmona no es el envés de ese castro, su cara B, el otro polo del binomio. Quizá no haga falta excavar. Quizá el campamento base esté ahí, a la vista, en las propias calles, barrios y corraliegas de Carmona, lo mismo que los chozos, construcciones de quita y pon y, por eso mismo, milenarias (siempre que haya quien después de quitadas las vuelva a poner).
Foto de antiguo chozu, aquí.
Sea como fuere, creo que sería acertado pensar en el posible carácter estacional de los castros. Estarían ligados, en mi opinión, a actividades propias de determinadas estaciones, por ejemplo al pastoreo. Ésto implicaría la existencia de emplazamientos o más estables (el campamento base, por decirlo de algún modo) o complementarios del castro (en verano arriba, en el castro; en invierno abajo, en el fondo de valle). Este emplazamiento más estable o invernal (depende) podría encontrarse, en el caso de La Espina del Gállego, debajo de Silió, enterrado bajo sus cimientos. O incluso ser el propio Silió.
Otro tanto cabría decir de Carmona. Recientemente se ha descubierto un castro en la vertical del pueblo. Quién no nos dice a nosotros que Carmona no es el envés de ese castro, su cara B, el otro polo del binomio. Quizá no haga falta excavar. Quizá el campamento base esté ahí, a la vista, en las propias calles, barrios y corraliegas de Carmona, lo mismo que los chozos, construcciones de quita y pon y, por eso mismo, milenarias (siempre que haya quien después de quitadas las vuelva a poner).
Ganchillo
El ganchillo siempre ha tenido mucho predicamento en nuestros hogares. En Rebeldía, novela barquereña a caballo entre los siglos XIX y XX, se describe el interior de una vivienda inundada por piezas de ganchillo. El contraste en hogares sumidos en la sombra sería notable.
Las casas montañesas eran muy oscuras. Ya hemos comentado en otras ocasiones que las principales fuentes lumínicas eran las ventanas de cuarterones, que no dejaban pasar precisamente la luz a chorros. Pocos puntos de luz más habría; la lumbre de la cucina, quizá, pero no lo sería tanto cuando las mujeres se asomaban a los balcones con la sartén en la mano para poder ver cuánto pimentón echaban. La luz en nuestras casas era, en definitiva, escasa. Era una luz sólida, una luz envuelta en sombra. Y en la sombra, el ganchillo blanco, posado como espera una promesa o como lo hace un recuerdo.
Las casas montañesas eran muy oscuras. Ya hemos comentado en otras ocasiones que las principales fuentes lumínicas eran las ventanas de cuarterones, que no dejaban pasar precisamente la luz a chorros. Pocos puntos de luz más habría; la lumbre de la cucina, quizá, pero no lo sería tanto cuando las mujeres se asomaban a los balcones con la sartén en la mano para poder ver cuánto pimentón echaban. La luz en nuestras casas era, en definitiva, escasa. Era una luz sólida, una luz envuelta en sombra. Y en la sombra, el ganchillo blanco, posado como espera una promesa o como lo hace un recuerdo.
viernes, 10 de enero de 2014
Violencia simbólica
"Y lo cierto es que, para mí, debe primar la violencia simbólica. Pues ésta es, en el fondo, la afirmación de un sujeto simbólico colectivo capaz de ver, pensar y actuar de otro modo. Y creo que también resulta de importancia adquirir visibilidad, ganar esa confianza aportada por el hecho de hacerse visible, una confianza otorgada por la propia fuerza que confiere el acto de agruparse”. Jacques Rancière, El síntoma griego (2013). Léase más al respecto en el blog de Alberto Santamaría.
Erre que erre
Hace tiempo asistí a una charla en el Museo de Bellas Artes de Santander, que ahora se llama MAS, sobre no recuerdo qué tema y en el coloquio posterior alguien preguntó por la biblioteca del museo, que dónde está. Yo la he podido ver: tiene bastante fondo, pero es un auténtico desastre. Está cerrada al público. Salió en defensa del director en funciones del museo una chica que trabaja en la Fundación Botín. Dijo que para qué quería el museo (léase la ciudad, es decir, léase los ciudadanos) una biblioteca de arte si ya estaba la de la Fundación Botín.
Resulta que la biblioteca de la Fundación Botín ha dejado de ser una prioridad para sus directivos. Abre apenas una hora al día y por las mañanas. Los ciudadanos no tenemos nada que reclamar a nadie.
Primero, mal nosotros, que no somos capaces de cubrir nuestras propias necesidades. Segundo, mal porque creemos que es suficiente con la iniciativa privada. Tercero, mal porque creemos que la iniciativa privada va a pensar en los intereses de los ciudadanos, cuando no es así. Cuarto, fatal porque si dejamos que la iniciativa privada cubra necesidades públicas tendríamos que regular esta suplantación para que dejara de serlo. Que el dinero privado venga en apoyo de iniciativas públicas bien está, pero siempre que con ello no cambie de manos la batuta, que siempre ha de quedar en manos públicas.
Otro ejemplo: hace unos años la Fundación Botín creó un centro de documentación musical de Cantabria. Compraron un montón de fondos la mar de interesantes, entre ellos el archivo de Sixto Córdova y Oña. Yo mismo estuve a punto de donar las partituras de mi abuelo, que era músico y uno de los primeros jazzman de España. Un buen día se llevaron los fondos a Madrid y en diciembre del año pasado cerraron el centro. La prensa apenas se hizo eco. Compárese con el centro de documentación musical de Andalucía, público.
Otro más: la web semántica o 3.0 del patrimonio cultural de Cantabria. Cerrada en diciembre de 2013. ¿Y qué pasa en el Nansa? Me parece a mí que el proyecto del Nansa está a punto de irse a pique también.
Todos los proyectos que no sean Centro Botín están condenados. Nada que hacer ni qué reclamar a nadie. Son proyectos privados, pueden hacer lo que quieran sin pensar en nada que no sean sus intereses de empresa. El día que el Centro Botín deje de serles beneficioso, dad por seguro que también lo abandonarán de forma más o menos encubierta, o nos lo venderán. Por lo pronto, ya han abandonado la biblioteca de arte, el centro de documentación musical de Cantabria, la web semántica del patrimonio cultural de Cantabria y en breve, me temo, el proyecto Nansa Emprende. Pueden hacerlo. Es más, lo están haciendo.
Pero es que la semillita "del mal" ya está sembrada hace tiempo: ¿Por qué creemos que este señor nos tiene que sacar las castañas del fuego? Centro de documentación musical de Cantabria, biblioteca de arte, etc., ¿por qué han de ser responsabilidad de Botín? Si nos dejamos caer tenemos que saber que estamos sujetos a sus intereses empresariales, que hoy son unos y mañana otros.
Si nos dejamos ya sabemos lo que va a pasar. Lo estamos viendo, y aún así, erre que erre.
Resulta que la biblioteca de la Fundación Botín ha dejado de ser una prioridad para sus directivos. Abre apenas una hora al día y por las mañanas. Los ciudadanos no tenemos nada que reclamar a nadie.
Primero, mal nosotros, que no somos capaces de cubrir nuestras propias necesidades. Segundo, mal porque creemos que es suficiente con la iniciativa privada. Tercero, mal porque creemos que la iniciativa privada va a pensar en los intereses de los ciudadanos, cuando no es así. Cuarto, fatal porque si dejamos que la iniciativa privada cubra necesidades públicas tendríamos que regular esta suplantación para que dejara de serlo. Que el dinero privado venga en apoyo de iniciativas públicas bien está, pero siempre que con ello no cambie de manos la batuta, que siempre ha de quedar en manos públicas.
Otro ejemplo: hace unos años la Fundación Botín creó un centro de documentación musical de Cantabria. Compraron un montón de fondos la mar de interesantes, entre ellos el archivo de Sixto Córdova y Oña. Yo mismo estuve a punto de donar las partituras de mi abuelo, que era músico y uno de los primeros jazzman de España. Un buen día se llevaron los fondos a Madrid y en diciembre del año pasado cerraron el centro. La prensa apenas se hizo eco. Compárese con el centro de documentación musical de Andalucía, público.
Otro más: la web semántica o 3.0 del patrimonio cultural de Cantabria. Cerrada en diciembre de 2013. ¿Y qué pasa en el Nansa? Me parece a mí que el proyecto del Nansa está a punto de irse a pique también.
Todos los proyectos que no sean Centro Botín están condenados. Nada que hacer ni qué reclamar a nadie. Son proyectos privados, pueden hacer lo que quieran sin pensar en nada que no sean sus intereses de empresa. El día que el Centro Botín deje de serles beneficioso, dad por seguro que también lo abandonarán de forma más o menos encubierta, o nos lo venderán. Por lo pronto, ya han abandonado la biblioteca de arte, el centro de documentación musical de Cantabria, la web semántica del patrimonio cultural de Cantabria y en breve, me temo, el proyecto Nansa Emprende. Pueden hacerlo. Es más, lo están haciendo.
Pero es que la semillita "del mal" ya está sembrada hace tiempo: ¿Por qué creemos que este señor nos tiene que sacar las castañas del fuego? Centro de documentación musical de Cantabria, biblioteca de arte, etc., ¿por qué han de ser responsabilidad de Botín? Si nos dejamos caer tenemos que saber que estamos sujetos a sus intereses empresariales, que hoy son unos y mañana otros.
Si nos dejamos ya sabemos lo que va a pasar. Lo estamos viendo, y aún así, erre que erre.
Otro Jaguar en plantilla pública (no solo lo tiene Pesquera, el exconsejero excomunista)
¿Querrán hacernos creer que ese Jaguar que está siempre mal aparcado detrás del Ayuntamiento de Santander, como quien lo ha dejado allí un minuto, no es del alcalde?
martes, 7 de enero de 2014
La vecina sigue viva
La Noche de Reyes llamé al 112. Llevábamos demasiado tiempo sin migas de pan tiradas por el barrio. Además, olía fatal. La vecina del primero del portal de al lado, que se ha muerto, pensamos. ¿Llamo ahora o ya lo dejo para el martes?, pregunto a Raquel. Ahora, hombre, llama ahora, no vaya a ser que esté moribunda y todavía pueda salvarse. Además, el olor.
Vale, llamo.
Pasados unos minutos llega una ambulancia, un coche de bomberos y dos de policía nacional. Me llaman. Es el 112, que baje.
Vale, bajo.
Los vecinos arremolinados: yo la he visto esta mañana en el balcón, ya no sale, antes metía su porquería en una bolsa y la tiraba a un contenedor, ahora lo tira por la ventana, por eso huele tan mal, el gato que tenía ése sí que ya no se le vé, estará muerto, como el perro, que lo sacó a pasear muerto y decía que es que era muy perezoso, le han cortado la luz y el agua, cualquier día arde todo, no va a abrir a nadie, se alimenta de plátanos, le va a dar un subidón de potasio, con lo malo que es éso, yo es que trabajo en Urgencias, come las migas de las palomas, cualquier día se equivoca y le come a ella una gaviota, como a todos, es que las gaviotas están caninas.
No hay señales de vida. Los nacionales no pueden entrar sin permiso. Nos marchamos todos.
Esta mañana, en torno a las sesis y media, he oído cómo la vecina abría la puerta del balcón y vaciaba el orinal en la calle.
Huele fatal, está viva.
Vale, llamo.
Pasados unos minutos llega una ambulancia, un coche de bomberos y dos de policía nacional. Me llaman. Es el 112, que baje.
Vale, bajo.
Los vecinos arremolinados: yo la he visto esta mañana en el balcón, ya no sale, antes metía su porquería en una bolsa y la tiraba a un contenedor, ahora lo tira por la ventana, por eso huele tan mal, el gato que tenía ése sí que ya no se le vé, estará muerto, como el perro, que lo sacó a pasear muerto y decía que es que era muy perezoso, le han cortado la luz y el agua, cualquier día arde todo, no va a abrir a nadie, se alimenta de plátanos, le va a dar un subidón de potasio, con lo malo que es éso, yo es que trabajo en Urgencias, come las migas de las palomas, cualquier día se equivoca y le come a ella una gaviota, como a todos, es que las gaviotas están caninas.
No hay señales de vida. Los nacionales no pueden entrar sin permiso. Nos marchamos todos.
Esta mañana, en torno a las sesis y media, he oído cómo la vecina abría la puerta del balcón y vaciaba el orinal en la calle.
Huele fatal, está viva.
Por donde se empieza la casa
"Cuando iniciamos la construcción de nuestras residencias, antes que nada desplegamos el tejado como un quitasol que determina en el suelo un perímetro protegido del sol, luego, en esa penumbra, disponemos la casa". Tanizaki, El elogio de la sombra.
En La Montaña se hace igual, primero se levanta el tejado sobre una estructura tipo pérgola, como en Japón, pero con la salvedad de que el perímetro de la casa no lo marca el sol, sino las goterás, es decir, la casa no ocupa el espacio de sombra que proyecta la cubierta, sino el espacio que queda dentro de la línea de gotas de lluvia que caen del tejado al suelo.
En La Montaña se hace igual, primero se levanta el tejado sobre una estructura tipo pérgola, como en Japón, pero con la salvedad de que el perímetro de la casa no lo marca el sol, sino las goterás, es decir, la casa no ocupa el espacio de sombra que proyecta la cubierta, sino el espacio que queda dentro de la línea de gotas de lluvia que caen del tejado al suelo.
miércoles, 1 de enero de 2014
Una casa menos
De siempre se dijo que el edificio más antiguo de Santander era Pronillo. No lo dudo. Seguro que es el más antiguo, documentado. La historia académica u oficial se rige por unas reglas que dejan mucho fuera del tablero de juego, por ejemplo, todas las construcciones que no cuentan con respaldo documental, que es lo mismo que decir todas las tradicionales.
El oficialismo tiene unas coordenadas. Según estas coordenadas, Pronillo es lo más. Y bien está que se valore. El problema es que para el oficialismo no hay nada más. Y peor aún es que frente al oficialismo no haya un discurso alternativo que haga ver que en Santander contamos con una tradición arquitectónica de carácter popular, una tradición "indocumentada", que no se valora porque ni siquiera se conoce, tradición que estamos perdiendo de forma irremisible. En suma, que ni ellos ven ni nosotros mostramos.
Pronillo viene a demostrar el rancio abolengo de nuestra ciudad. Es un edificio que encaja perfectamente en el imaginario del Santander elitista acuñado por nuestros gallifantes de turno. Ahí está también el Paseo Pereda, donde nunca faltará dinero para una baldosa de mármol, o El Sardinero. Con poco más les basta. Enfrente: San Pedru, Callalta, L´Atalaya, San Simón, San Antón, San Celedoniu, San Martín (el reciente derribo de los talleres de los últimos carpinteros de ribera es comparable en su idiocia al derribo de la lonja racionalista del Barrio Pesquero), etc. A los gallifantes solo les interesa lo que les da la razón. El resto es para ellos invisible. O caquita.
Siempre se dijo que el éxito de los tiempos que corren es que son capaces de asimilar a sus contrarios. Está visto que los gallifantes tienen su rumbo marcado. Hay dos opciones encima de la mesa: o protestar y vernos asimilados (sin que eso suponga cambiar un ápice el rumbo preestablecido) o no hacer nada y desaparecer en la noche. Otra opción más realista, por utópica, sería jugar nosotros a nuestro propio juego, para lo cual primero es necesario desembarazarnos del suyo, poniéndolo en evidencia (y en esas estamos). Vaya este párrafo entre paréntesis.
Leo en la prensa de hoy que van a derribar una casa en Monte. La noticia, aquí. Viendo la foto, creo adivinar una casa llana de partida, que bien pudiera ser del s. XVI (florecimiento del mercado urbano), a la que se sumó una planta más con su correspondiente balcón en el s. XVII (introducción del maíz), balcón que fue sumido junto con el portal de la planta baja en el s. XIX, cuando la casa se convirtió en cuadra (reorientación ganadera). Si lo hiciéramos bien, podríamos leer en esta casa la historia de los últimos cinco siglos de Santander. Pero se trataría de una historia a contrapelo, una historia incómoda tanto para los gallifantes, a los que sobra y basta con una serie de hitos que jalonen su discurso victorioso, como para los historiadores paniaguados que prefieren poder pagar el recibo de la luz gracias a una versión pobre de la realidad, pero bien pagada por los gallifantes, que vivir a la luz pobre de la realidad, demasiado cruda siempre.
Si queremos encontrar nuestra arquitectura más antigua tenemos que mirar no a lo alto en el Paseo Pereda, sino a lo bajo en Cueto, en Monte, en San Román.
Pronillo lo salvó de la piqueta una vecina en los años ochenta. Es una historia larga de contar. Hace poco el régimen lo redescubrió y una arquitecta fiel lo restauró, quedando irreconocible, pero al menos quedó. La casa de Monte, por el contrario, la podemos dar por perdida. Y así estamos. Es uno de los males de nuestro país: ¿por qué hasta lo más lógico tiene que ser tan difícil de explicar, tan difícil de entender?
El oficialismo tiene unas coordenadas. Según estas coordenadas, Pronillo es lo más. Y bien está que se valore. El problema es que para el oficialismo no hay nada más. Y peor aún es que frente al oficialismo no haya un discurso alternativo que haga ver que en Santander contamos con una tradición arquitectónica de carácter popular, una tradición "indocumentada", que no se valora porque ni siquiera se conoce, tradición que estamos perdiendo de forma irremisible. En suma, que ni ellos ven ni nosotros mostramos.
Pronillo viene a demostrar el rancio abolengo de nuestra ciudad. Es un edificio que encaja perfectamente en el imaginario del Santander elitista acuñado por nuestros gallifantes de turno. Ahí está también el Paseo Pereda, donde nunca faltará dinero para una baldosa de mármol, o El Sardinero. Con poco más les basta. Enfrente: San Pedru, Callalta, L´Atalaya, San Simón, San Antón, San Celedoniu, San Martín (el reciente derribo de los talleres de los últimos carpinteros de ribera es comparable en su idiocia al derribo de la lonja racionalista del Barrio Pesquero), etc. A los gallifantes solo les interesa lo que les da la razón. El resto es para ellos invisible. O caquita.
Siempre se dijo que el éxito de los tiempos que corren es que son capaces de asimilar a sus contrarios. Está visto que los gallifantes tienen su rumbo marcado. Hay dos opciones encima de la mesa: o protestar y vernos asimilados (sin que eso suponga cambiar un ápice el rumbo preestablecido) o no hacer nada y desaparecer en la noche. Otra opción más realista, por utópica, sería jugar nosotros a nuestro propio juego, para lo cual primero es necesario desembarazarnos del suyo, poniéndolo en evidencia (y en esas estamos). Vaya este párrafo entre paréntesis.
Leo en la prensa de hoy que van a derribar una casa en Monte. La noticia, aquí. Viendo la foto, creo adivinar una casa llana de partida, que bien pudiera ser del s. XVI (florecimiento del mercado urbano), a la que se sumó una planta más con su correspondiente balcón en el s. XVII (introducción del maíz), balcón que fue sumido junto con el portal de la planta baja en el s. XIX, cuando la casa se convirtió en cuadra (reorientación ganadera). Si lo hiciéramos bien, podríamos leer en esta casa la historia de los últimos cinco siglos de Santander. Pero se trataría de una historia a contrapelo, una historia incómoda tanto para los gallifantes, a los que sobra y basta con una serie de hitos que jalonen su discurso victorioso, como para los historiadores paniaguados que prefieren poder pagar el recibo de la luz gracias a una versión pobre de la realidad, pero bien pagada por los gallifantes, que vivir a la luz pobre de la realidad, demasiado cruda siempre.
Si queremos encontrar nuestra arquitectura más antigua tenemos que mirar no a lo alto en el Paseo Pereda, sino a lo bajo en Cueto, en Monte, en San Román.
Pronillo lo salvó de la piqueta una vecina en los años ochenta. Es una historia larga de contar. Hace poco el régimen lo redescubrió y una arquitecta fiel lo restauró, quedando irreconocible, pero al menos quedó. La casa de Monte, por el contrario, la podemos dar por perdida. Y así estamos. Es uno de los males de nuestro país: ¿por qué hasta lo más lógico tiene que ser tan difícil de explicar, tan difícil de entender?
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