No quiero parecer hipócrita, porque no creo serlo, pero ahora que está en marcha me gustaría que el Centro Botín funcionara. Y para ello hay que introducir irremediablemente correcciones.
Que el hermano del presidente de la fundación ceda su colección, supongo que harto de tanto conflicto provocado por él mismo, rompe con el planteamiento inicial del centro. Nadie necesita una colección nacida de la especulación por muy importantes que sean las obras que la componen, una colección, por otra parte, muy reducida, minúscula. Nadie que se mueva dentro de las coordenadas tradicionales, quiero decir. Es precisamente de lo que huyó de forma muy inteligente José María Lafuente con su archivo: no compensa entrar en la batallita de a ver quién tiene más picassos, porque siempre va a haber alguien que tenga más que tú. Apurando, he visto tantos cuadros potentes en el cuarto de baño de Manuel Arce como hay en la colección de Jaime Botín.
En mi opinión, esta colección debería aprovecharse para explorar nuevas formas de socialización del arte: que a través del cuadro de Picasso donado a la Fundación Botín, por ejemplo, se pueda "entrar" en toda su obra, y aprender. Esto si realmente creemos que Picasso tiene algo que decir y no lo reducimos (a él y a todo) a mera fuente de inversión. Cada cuadro, correctamente situado (en beneficio neto de la sociedad) sería un brocal abierto a la obra del autor, época, relaciones, etc.
Y más, los dispositivos deberían ser acumulativos, es decir, no hacer una primera inversión y luego dejar que la propuesta languidezca, sino ir ircorporando las novedades conforme vayan apareciendo en el mercado, o incluso a medida que la fundación oriente su producción. El conjunto se podría interpretar como un "laboratorio" de dispositivos de futuro.
Siendo así, que la colección sea de pocos cuadros sería no una forma como otra cualquiera de quedar mal, sino una oportunidad. Que sean otros quienes tengan sus almacenes llenos. Nosotros, desde aquí, podríamos funcionar como sus puertas de acceso.
Tejedores de hilos argumentales.
Los que fijan las coordenadas.
El Museo de la Evolución de Burgos es interesantísimo sobre todo por su discurso, que llega incluso a ensombrecer las piezas que expone, a pesar de ser éstas de primer nivel. Es un buen ejemplo.
El otro problema práctico claro lo representa la cubierta del edificio. Se veía venir, pero ya da lo mismo. No se trata de un fracaso. Solo en la medida en que se venda la solución primera del arquitecto, fallida, como definitiva, como infalible. No, no es infalible, y probado está. El capitalismo de última generación (lo lleva siendo, último, es decir, contemporáneo, desde hace muchas generaciones) tiende a creer que la naturaleza es imperfecta, tiende a corregirla, infructuosamente. Hora es de darse cuenta y no seguir insistiendo. Sin necesidad de salir de Santander hay muchos ejemplos de negociación positiva con el entorno. Así, todavía se pueden ver, se pueden apreciar (en sentido literal) fachadas y hastiales de madera (C/ San Simón), zinc (C/ Floranes, enfrente del Lupa), teja (en infinitas casas con hastiales orientados a gallego), de mármol (cerca de Ciriego), de piedra (C/ Juego de la Pelota)... En este blog hemos puesto ejemplos de casi todo, me parece. El Centro Botín no tiene por qué ser diferente: ni infalible ni situado al margen de la negociación con la naturaleza. Debe emprender una reflexión que conduzca a una solución inteligente, la que sea. Se me ocurre que si el problema son los cambios de temperatura quizá se pueda aplicar un sistema que mantenga la superficie a temperatura estable, prolongando la noción de superficie a lo que está en contacto con ella. Pero reconozco que no sé.
No es ésta la primera vez que critico el centro. Tampoco la primera que propongo alternativas. En 2014 escribía: "Lo que más me importa es quién es él, Botín, para decidir si una cosa u otra, si boj u ortiga, si en alto para que se vea la bahía (esta solución tan cutre no se le ocurre ni a un estudiante de primero de Arquitectura) o para alcanzar la altura de las copas de los árboles (es una pena que esta idea, comparativamente más potente que la anterior, no se le haya ocurrido al arquitecto), etc., es ésto lo preocupante, quién es él para decidir nada (acertada o equivocadamente) sin contar siquiera con nuestro Alcalde, que por lejos que esté de mí no deja de representarme." Hoy, la propia fundación explica que el centro se halla "situado en voladizo sobre el mar, el edificio no toca tierra, está suspendido sobre pilares y columnas a la altura de las copas de los árboles de los Jardines de Pereda." No es hipocresía. Es, simplemente, que una cosa no quita a la otra.
sábado, 2 de junio de 2018
viernes, 1 de junio de 2018
Hórreos en los alrededores de Santander
En Hórreos y palafitos de la Península Ibérica de Eugeninsz Frankowski, año 1918, disponible enteramente aquí, hay un apartado dedicado a Cantabria que dice: "Según noticias últimamente recibidas, en la provincia de Santander existen también hórreos en ciertos caseríos en los alrededores de la capital. No habiendo tenido ocasión de verlos, me limito aquí a dar la noticia de su existencia para conocimiento de las personas a quienes les interese."
Desde siempre he creído que en la casa de "los alrededores de Santander" que corresponde a las coordenadas UTM que voy a poner a continuación hay (o hubo, hoy transformado) un hórreo:
X: 426.745,27
Y: 4.812.616,46
Si la buscáis en mapas.cantabria.es la encontraréis fácilmente.
Desde siempre he creído que en la casa de "los alrededores de Santander" que corresponde a las coordenadas UTM que voy a poner a continuación hay (o hubo, hoy transformado) un hórreo:
X: 426.745,27
Y: 4.812.616,46
Si la buscáis en mapas.cantabria.es la encontraréis fácilmente.
miércoles, 30 de mayo de 2018
Cardos
Hace tiempo subimos a los Pirineos por un valle aragonés y bajamos por otro navarro, Ansó y El Roncal, respectivamente.
En Ansó adornan sus casas con cardos, los más cerrados, aunque tampoco faltan abiertos. También con lo que nos pareció laurel. En El Roncal los cardos ya son de madera o plástico duro, abiertos.
En el Pirineo aragonés la tradición se conserva viva y apegada a la tierra. En el navarro seguro que también pero los que vimos estaban comprados en tienda.
Sabido es que en euskera a este cardo utilizado como símbolo protector de la casa se le llama eguzkilore y que se asocia al sol.
Cogimos un cardo (cerrado) en un pueblo aragonés (donde paramos a preguntar que por dónde quedaban los Pirineos, nosotros, cántabros, cuando estábamos en el mismo centro, que no lo parecía tanto) y lo pusimos en el salpicadero del coche, donde sigue.
El otro día fuimos a ver a mis padres a Cabuérniga. A mi madre en su valle se le activa la memoria de la infancia. En cuanto vio el cardo espetó "quitad eso de ahí". A mi pregunta respondió que "porque siempre se dijo que esos cardos traían mala suerte".
Y a mí se me ocurre pensar, ahora que estoy leyendo La edad de la penumbra: Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus, 2018), que quizá nosotros no tengamos cardos en nuestras casas pero porque los quitamos, dicho de otro modo, que para nosotros el cardo (abierto o cerrado) también pudo llegar a ser un símbolo protector asociado al sol, un símbolo pagano, y que es por eso precisamente que el cristianismo hizo por erradicarlo. ¿Cómo? Dando la vuelta a su significado, pasando de ser un elemento positivo a otro negativo, por eso que los cabuérnigos no los puedan ver ni en pintura. Si no lo sabes no te das cuenta de que no están. Pero no están porque se repudian, que es otra forma de conferirles significado.
En Ansó adornan sus casas con cardos, los más cerrados, aunque tampoco faltan abiertos. También con lo que nos pareció laurel. En El Roncal los cardos ya son de madera o plástico duro, abiertos.
En el Pirineo aragonés la tradición se conserva viva y apegada a la tierra. En el navarro seguro que también pero los que vimos estaban comprados en tienda.
Sabido es que en euskera a este cardo utilizado como símbolo protector de la casa se le llama eguzkilore y que se asocia al sol.
Cogimos un cardo (cerrado) en un pueblo aragonés (donde paramos a preguntar que por dónde quedaban los Pirineos, nosotros, cántabros, cuando estábamos en el mismo centro, que no lo parecía tanto) y lo pusimos en el salpicadero del coche, donde sigue.
El otro día fuimos a ver a mis padres a Cabuérniga. A mi madre en su valle se le activa la memoria de la infancia. En cuanto vio el cardo espetó "quitad eso de ahí". A mi pregunta respondió que "porque siempre se dijo que esos cardos traían mala suerte".
Y a mí se me ocurre pensar, ahora que estoy leyendo La edad de la penumbra: Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus, 2018), que quizá nosotros no tengamos cardos en nuestras casas pero porque los quitamos, dicho de otro modo, que para nosotros el cardo (abierto o cerrado) también pudo llegar a ser un símbolo protector asociado al sol, un símbolo pagano, y que es por eso precisamente que el cristianismo hizo por erradicarlo. ¿Cómo? Dando la vuelta a su significado, pasando de ser un elemento positivo a otro negativo, por eso que los cabuérnigos no los puedan ver ni en pintura. Si no lo sabes no te das cuenta de que no están. Pero no están porque se repudian, que es otra forma de conferirles significado.
lunes, 28 de mayo de 2018
Me acompañas
Salía de una reunión en su centro de trabajo, coincidencia, y fui a buscarle para tomar un café. Pero mejor si te acompaño un trecho y así compro pan, fue su contra. Claro, mejor. Subimos por donde siempre cuando los dos éramos estudiantes, aunque él apenas lo recuerde. Nunca ha suspendido un examen, y sigue estudiando. Es por eso, se me ocurre, que va perdiendo un poco de memoria.
Yo de nuevo olvidé el paraguas.
Ayer volviendo en coche de Bilbao pudimos ver la niebla engordando y cómo terminaba lloviendo. En la cantera de Santullán, de regreso, cabe una tormenta entera.
Hoy hace igual de malo. Llevo un chubasquero que compré de rebajas en Fuencarral con un dinero que encontré en la estación de Atocha. Lástima de paraguas, el chubasquero resultó estar roto y es el que tengo.
El pan le gusta medio crudo y con mucha miga, para hacer sopas, aclara. Raquel, que es madrileña, dice que aquí nos gusta el pan así. Pero a mí lo que me gusta es cuando la humedad lo pone chicloso y se estira y no rompe.
Tiene tres hijos.
Ha solicitado reducción de jornada y procura comer con ellos todos los días. El sueldo le ha quedado en nada. Pero por lo que te sale podrían comer de restaurante, expongo. A lo que contesta que sí, pero no con él. Cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, concluye.
Estamos llegando a El Alta. Le convenzo para que saque unos minutos y tome un café conmigo. Sí, lo necesito. Él no, él nada, como es su costumbre. Yo pido además algo de picar.
Estamos buscando piso, le digo.
Que también niño me lo callo.
Un piso con crecederas, le digo.
Me mira y calla.
Me estoy comiendo una muffin que creía de chocolate, pero no.
Vuelvo con la historia de mi abuela, que cuando se le rompía el traje se hacía otro igual para que la gente creyera que era el mismo: mi abuela lo hacía porque era muy ahorradora, sí, pero también porque ser ahorradora, ser cuidadosa, que las cosas te duraran estaba bien visto. Ya la conocía. Seguro, la cuento siempre.
Y la votación, qué.
La idea era que no hacía falta vivir como ricos para vivir bien, que, de hecho, no era deseable vivir como ricos, tener sus coches, sus casas, ir de vacaciones a la Riviera Maya porque, entre otras razones, es insostenible. Pero ya no.
Ahora es "seamos todos ricos, pero, por si acaso, nosotros primero."
Como el PSOE.
Igual.
Y quién queda.
No queda nadie.
Salimos. Adelgaza la capa de nubes, el sol se trasparenta, pero no calienta. Hay solares al otro lado de la calzada, plumeros y flores en las grietas, flores que no se han abierto. Esta noche sopa de ajo en dos casas.
Da recuerdos, amigo.
No hace falta que me ponga la capucha.
Lo mismo.
Yo de nuevo olvidé el paraguas.
Ayer volviendo en coche de Bilbao pudimos ver la niebla engordando y cómo terminaba lloviendo. En la cantera de Santullán, de regreso, cabe una tormenta entera.
Hoy hace igual de malo. Llevo un chubasquero que compré de rebajas en Fuencarral con un dinero que encontré en la estación de Atocha. Lástima de paraguas, el chubasquero resultó estar roto y es el que tengo.
El pan le gusta medio crudo y con mucha miga, para hacer sopas, aclara. Raquel, que es madrileña, dice que aquí nos gusta el pan así. Pero a mí lo que me gusta es cuando la humedad lo pone chicloso y se estira y no rompe.
Tiene tres hijos.
Ha solicitado reducción de jornada y procura comer con ellos todos los días. El sueldo le ha quedado en nada. Pero por lo que te sale podrían comer de restaurante, expongo. A lo que contesta que sí, pero no con él. Cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, concluye.
Estamos llegando a El Alta. Le convenzo para que saque unos minutos y tome un café conmigo. Sí, lo necesito. Él no, él nada, como es su costumbre. Yo pido además algo de picar.
Estamos buscando piso, le digo.
Que también niño me lo callo.
Un piso con crecederas, le digo.
Me mira y calla.
Me estoy comiendo una muffin que creía de chocolate, pero no.
Vuelvo con la historia de mi abuela, que cuando se le rompía el traje se hacía otro igual para que la gente creyera que era el mismo: mi abuela lo hacía porque era muy ahorradora, sí, pero también porque ser ahorradora, ser cuidadosa, que las cosas te duraran estaba bien visto. Ya la conocía. Seguro, la cuento siempre.
Y la votación, qué.
La idea era que no hacía falta vivir como ricos para vivir bien, que, de hecho, no era deseable vivir como ricos, tener sus coches, sus casas, ir de vacaciones a la Riviera Maya porque, entre otras razones, es insostenible. Pero ya no.
Ahora es "seamos todos ricos, pero, por si acaso, nosotros primero."
Como el PSOE.
Igual.
Y quién queda.
No queda nadie.
Salimos. Adelgaza la capa de nubes, el sol se trasparenta, pero no calienta. Hay solares al otro lado de la calzada, plumeros y flores en las grietas, flores que no se han abierto. Esta noche sopa de ajo en dos casas.
Da recuerdos, amigo.
No hace falta que me ponga la capucha.
Lo mismo.
Savia
La fortaleza del roble
dice mi madre
no está en el tronco
sino en la hoja:
que a una que caiga
le siga otra,
ésa y no otra es
la fortaleza del roble.
dice mi madre
no está en el tronco
sino en la hoja:
que a una que caiga
le siga otra,
ésa y no otra es
la fortaleza del roble.
viernes, 25 de mayo de 2018
En la iglesia de Valle
jueves, 24 de mayo de 2018
Si tú nu fías de lo tuyu, qué los demás
Dicían antañu que los pasiegos nu cumían carni porque ellos sólu vindían vacas cuandu estaban malas (cuandu espenzaba a trunfá-la carni los pasiegos siguían produjendo lechi, ési es l´iti). De resultas, naidi (parlo de la generación de los mís güelos) cumía carni pasiegu.
Con Podemos va a pasar igual.
Con Podemos va a pasar igual.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Depósito votivo

Monedas asociadas a las guerras cántabras.
Imagen tomada de aquí.
“Probablemente estamos ante un conflicto interno entre pueblos germánicos a consecuencia del avance de Roma y el desplazamiento de poblaciones al norte, añade el arqueólogo. Según la datación de carbono la masacre sucedió entre el año 2 antes de Cristo y el 54 de nuestra era. Uno de los hallazgos más inquietantes es un palo que une cuatro huesos coxales de la cadera. Este yacimiento [Alken Enge, Dinamarca] es importante porque nos habla de una magnitud de violencia que no se había visto en yacimientos anteriores. También aclara el tipo de rituales que después se perpetuaron en siglos posteriores, aunque ya no se harían con cadáveres, sino solo con armas, armaduras y caballos del enemigo que se destruían y se disponían en montones, explica."
Tomado de aquí.
martes, 22 de mayo de 2018
Una película y un libro
No soy aficionado al género fantástico. Pero hace tiempo vi Troll hunter (2010), aquí, y me gustó. Lo mismo me está pasando con la novela Infierno nevado (2006) de Ismael Martínez Biurrun, aquí.
Tienen las dos obras, película y novela, a pesar de los años transcurridos (la novela la acaban de reeditar), un mismo aliento fresco.
Tienen las dos obras, película y novela, a pesar de los años transcurridos (la novela la acaban de reeditar), un mismo aliento fresco.
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