sábado, 12 de noviembre de 2016

Hilo musical

El disco Omega de Lagartija Nick y Morente, aquí, lo descubrí en Araña, la tienda de alquiler de discos que había en Santander.

Me dejó estupefacto, incluso las canciones que atufan a Cohen.

Es por él que me he acordado.

Le contaba hace poco a Jesús Ortiz a raíz de su última columna, aquí, que viviendo en Madrid me acerqué a El Flamenco Vive, tienda de los Ketama próxima a Ópera, para pedirles que me recomendaran un disco por donde empezar, yo, que acababa de bajar como quien dice del monte.

Cuando aquello llevaba la cara cruzada por el frío.

Me dieron un disco de El Agujetas, aquí.

A Morente le vi una sola vez. Fue en un homenaje a las Brigadas Internacionales que se celebró en el teatro de Atocha.

Me tocó en filas de muy atrás.

Levantó el puño, Morente.

El derecho.

Enseguida se dio cuenta de su aparente error y levantó el izquierdo.

Dice Fernando de los Ríos en Mi viaje a la Rusia sovietista que el canto popular ruso es como el montañés, igual de melancólico.


Asuntando



Jisu esquineru y celpudu.

En Golbardu.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Valores de la arquitectura vernácula

"The social aspects of rural, mountainous built environment. Key elements of a regional policy planning", en Journal of Cultural Heritage, aquí. Hay formas de conseguirlo gratis. Si alguien está interesado, por favor, que me lo diga.

Highlights:

- Vernacular architecture holds important social and economic value.
- Economic value of vernacular architecture is proportional to its preservation level.
- Economic value of vernacular architecture is proportional to its use level.
- Familiarity with vernacular architecture proves a key factor to its preservation.
- Public funding allocation for built heritage's preservation is socially justified.

Algún día nos arrepentiremos de consentir nuestra ruina.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Hoy es otoño

He encontrado en el trabajo fichas de alumnos de un intento que hubo de Facultad de Medicina en la Casa de Salud Valdecilla, año 1936. Cuando cayó Santander a finales de agosto del 37 estas fichas fueron utilizadas por las tropas franquistas para hacer purga. En muchas hay anotaciones a lápiz de color rojo: "rojo", "asesinado", etc.

Uno de los asesinados era vecino de la calle donde vivimos Raquel y yo ahora.

Me sorprendió. No sé por qué. Quizá porque a la Guerra Civil en mi casa he llegado a través de los libros. No es nada, la guerra, que me haya llegado directamente, pese a que no dudo que en mi familia se pasara mal, como en todas. De ahí quizá el extrañamiento. Supongo que a muchos de vosotros os suceda lo mismo. La memoria histórica a fin de cuentas es un proceso de recuperación planteado desde el presente. Una de las necesidades que satisface es precisamente corregir la anomalía que supone sentir como algo ajeno lo sucedido entre nosotros hace escasas tres generaciones.

La ficha de este chico me afectó mucho. Su foto, sus aspiraciones, su firma. Trabajo donde él trabajaba, vivo donde él vivía. Lo mataron siendo más joven de lo que yo soy ahora. Encontré su ficha en primavera. Salí a la calle a tomar fotos.

Quisiera que mereciera la pena.

La vida.

Hoy es otoño. Lo había ido dejando.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Revilla y el Año Jubilar Lebaniego

Cuando había dinero Revilla se sacaba un mega proyecto de legislatura de la manga, por ejemplo la Fundación Comillas, y con él tiraba cuatro años. Eran proyectos que nadie reclamaba, que se los autoimponía. Terminada la legislatura, hacía balance de cuentas y siempre le salían a favor.

Aunque el proyecto fuera un fiasco, como se está viendo con la Fundación Comillas, que lo mejor que le puede pasar es que no se hable de ella.

Ahora que no hay dinero y Revilla vuelve a estar al frente (es genial cuando recurre a la herencia recibida como si él no tuviera nada que ver, lo mismo que cuando habla "de los políticos" como si él no fuera uno de ellos) no tiene margen para ponerse a sí mismo deberes, y casi que me alegro, por el bien de todos.

Pero a pesar de todo no falta proyecto estrella, esta vez porque toca: el Año Jubilar Lebaniego.

Es una muy buena oportunidad, objetivamente. Para lo que se quiera. Tanto da de sí, en mi opinión.

Dice Revilla que si no hay dinero no pasa nada, que se trae él a Osborne para un concierto y a Pablo Motos para montar un Hormiguero en Potes.

Cuando estás en zona de penumbra y la única luz que te llega es la de tu jefe y tu jefe es alguien así, ya está, estás jodido. Es que ni aunque te presten una lamparita, ni aunque encuentres tú mismo una fuente de luz alternativa, ni aunque le digas "no, mira, no hace falta una millonada para sacar adelante el proyecto con dignidad, de hecho a día de hoy la dignidad tiene mucho que ver con la contención de gasto", ni aunque le digas "el no tener dinero no nos hace cutres", ni aunque lo que sea, ya está, si tienes un jefe así, date por jodido.

Pero peor que estar jodido es asumir el discurso que te machaca como propio. El tenor, que dicen los bibliotecarios. Si te despistas acabas diciendo lo que el Consejero de Obras Públicas y Vivienda, que el puerto de Laredo es tan importante como los puertos de los romanos. Estoy seguro que Mazón se cree sus propias palabras. Llegados a estas alturas.

Francisco Martín, por el contrario, que es en quien reposa la celebración del Jubileo, todavía tiene margen de maniobra. Se da cuenta, que no es poco. Falta que le compense intentarlo. Cancelada la vía millonaria, se abre una luga, es decir, una ventana de oportunidad. El problema es que Revilla se ha adelantado. ¿Qué hacer? La técnica del judoka, quizá, que es aprovechar la energía del contrincante para completar la llave. Pero tiene que salir muy bien la jugada para que no rueden cabezas. Y nadie puede asegurar que salga bien. Tampoco lo agradecería nadie. ¿A qué arriesgarse, entonces? Yo no lo haría. De ahí el tono derrotista de mi entrada. Pero Francisco Martín es más valiente que yo. Es en situaciones de riesgo cuando se demuestra la pasta de la que está hecho cada uno.

Yo ya me he declarado cobarde.

Que nadie espere nada o que se espere lo peor es el mejor abono para el campo. El Año Jubilar Lebaniego es una muy buena oportunidad para todo.

martes, 8 de noviembre de 2016

Seis notas sobre toponimia del occidente cántabro

- En Puentellés, "Retreite". En montañés retraite es el nombre que recibe el estribillo de una canción.

- En Puente Pumar y Lombraña, "La Yuncle" (pico), yunque.

- En San Mamés, "Troméu"; en San Sebastián de Garabandal, "Tremedal", terreno cenagoso, que tiembla al pisarlo, tomado directamente del montañés; en San Mamés también "Saltulagua", en la línea de "Aguasal", "Cailagua" o "Aguanaz".

- En Santa Eulalia, "Umbrá", sierra cuyo nombre quizá provenga del latín UMBRA, sombra, como el catalán ombra. Además, "Esgoyuco", diminutivo del montañés esgobiu, paso estrecho. Se suma: "Las Molleas", terrenos húmedos; "El Palombar", que yo creo que tiene que ver antes con una zona de cuestas que con palomas; "Prás del Pariente", con esa forma de contraer praerias tan bonita; "Tombos de Jelguera", que es un monte, de tombu, pequeño salto de agua, y jelguera, helechal; y "La Jorá", monte, que emparenta con el "Puente Jorao" y "La Horadada" de Santander, aquí. Por cierto, compré hace no mucho un documento del s. XVI del pueblo de Santa Olaya, actual Santa Eulalia, que es el mismo pueblo pero con el nombre castellanizado.

- En Caldas y La Hermida: "La Jorga" (y "Viesca", monte, cuyo significado entre nosotros está prácticamente desaparecido pero no en asturiano); en Piñeres: "Solajorga" (y "Bejo", del montañés beju, desfiladero); en Santotís o Santutís, "Jorga". García Arias defiende aquí que topónimos tipo "Huerga", abundantes en León, proceden del céltico OLCAM, campo fecundo, casi siempre terrenos húmedos o cercanos a corrientes de agua. Quizá que ver con la playa de Usgo o Urgo y montañés güelga, paso en la nieve.

- En Salceda o Zarcea, "El Urcialón", monte; en Uznayo, "El Urcial"; en Belmonte, "Los Urciales". De urce, un tipo de planta, aquí.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cabarra

Ötzi, el hombre de hielo con 5.300 años de antigüedad descubierto en el Finialspitze, en la frontera austroitaliana de los Alpes, aquí, padecía la enfermedad de Lyme, aquí.

Esta enfermedad la transmite la garrapata.

Cabarra, "garrapata", es una palabra de la época de Ötzi.

Es una palabra de los hielos.

Tengo para mí que cabarra presenta un núcleo al que se adhiere un sufijo que transmite pertenencia, sufijo emparentado con el indicador de gentilicio vasco /-tar/. Si estuviera en lo cierto, este sufijo nos estaría dando pistas sobre el núcleo, /cab-/, que podría estar apuntando hacia el monte o hacia algún concepto similar que pudiéramos asociar a la garrapata.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Columnistas

No sé si somos conscientes del nivelón que tiene la sección de opinión de eldiario.es en su edición cántabra.

Yo siempre creí que en Cantabria no había narradores, salvando las consabidas excepciones (Álvaro Pombo, Alejandro Gándara, Jesús Pardo y Gloria Ruiz), porque la poesía se lo había llevado todo.

La poesía entendida como estrategia de ascenso social, en los más de los casos. Hay ejemplos evidentes de ello.

Pero resulta que aparece la edición cántabra de este periódico digital de ámbito nacional y no dejo de hallar perlas a cada paso. En los últimos días han publicado artículos de opinión excepcionales Jesús Ortíz, Alberto Santamaría, Javier Fernández Rubio, Rafael Pérez Llano (el más desigual, pero cuando acierta, no necesariamente en su última columna, la de la opereta, hay que reconocer que lo hace de pleno) y Marcos Díez Manrique, solo por citar a los más prolíficos de entre los mejores.

Tenemos que aprovechar y leer cuanto podamos. Una queja de siempre ha sido no tener el qué en clave local. Pues bueno, ahora sí. Quizá no llegó por donde esperábamos, pero llegó, que es lo importante. Hay que saber verlo (valorarlo) y lanzarse a disfrutarlo.

Por cierto, ayer Daniel Lobete me dio una novela breve suya escrita en cántabro que me ha encantado. Por esta vía también se pueden esperar cosas interesantes. Estaremos pendientes.

jueves, 3 de noviembre de 2016

La selva tiene un imán: por eso todos los animales van a ella

El sábado pasado fuimos Raquel y yo al Cine Club de la Filmoteca a ver Mysterious Object at Noon, primera película del tailandés Apichatpong Weerasethakul.

Es una película documental. Comienza con un travelling rodado desde dentro de una camioneta de reparto. Llegado un punto la vendedora cuenta que ella misma fue vendida de niña. Cuando termina su relato de vida el director la espeta si no prefiere contar una historia inventada. La señora se queda estupefacta. Tras este chispazo de tensión, la señora lanza el cabo, la historia de un niño en silla de ruedas y su profesora, y es entonces cuando da comienzo la maravilla.

El director pide a campesinos de Tailandia, país que recorre de norte a sur, que tejan la historia, que se desarrolla conforme rueda de boca en boca, campesinos a los que graba: criadores de elefantes, una compañía de teatro tradicional (cuyos miembros representan de forma improvisada su parte), dos niñas sordomudas, estudiantes de un colegio, etc.

El director va intercalando la representación de la historia que es interpretada por personajes que también son campesinos. El escenario es una casa rodeada de arbolado, en la que todos están confinados, como el niño a la silla de ruedas.

Los niños del colegio, los últimos de este misterioso artefacto, que no es otra cosa que un cadáver exquisito, detonan la historia, haciéndola inviable. Aparecen entonces los créditos (es característico de este director que lo hagan a mitad de metraje) y da comienzo la segunda parte, titulada at noon, una cámara y un poblado o una cámara en un poblado, grabando. Los niños juegan al balón.

El puro acto de narrar, no importa en qué sorpote, no importa el vehículo.

Si la encontráis no dejéis de verla.


MYSTERIOUS OBJECT AT NOON trailer, 4/26 from Mac Scheer on Vimeo.

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