viernes, 28 de noviembre de 2014

Presentación libro Répública, Guerra Civil y Posguerra en Santander (1931-1948) de Fernando Obregón

Un pájaro que es en un mundo que no, de café, otro café y el oído de la cultura

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Estuvimos hace un par de fines de semana en Sopeña. Aprovechando el buen tiempo me acerqué dando un paseo por la mies a la biblioteca municipal, en Valle. Cogí un libro sobre pintura mural en el prerrománico asturiano. Me senté en el vecino bar de la bolera a echarle un ojo mientras tomaba un café. El sol y el rocío hacían que todo brillara como si fuera nuevo. Se me hizo tarde. Bajé por la carretera, con prisa. Llego a casa, comemos y le propongo a Raquel coger el coche y llamar a ese vecino de Lamiña que nos dijo que había un pájaro pintado en el interior de la ermita de San Frutosu. Nos ponemos en marcha sin dilación. Encontramos al vecino en su casa, dónde si no. Subimos con él a la ermita de una tirada. El vecino tiene un juego de llaves. Abre. El pájaro está en el ábside. Tras un breve examen, confirmamos que bien pudiera tratarse de los restos de una pintura mural del prerrománico asturiano. Nada extraño, teniendo en cuenta que la pintura comparte ubicación con un sarcófago que tiene labrada la cruz procesional del antiguo Reino de Asturias. Un descubrimiento.

¿Qué es mentira del párrafo anterior?

En Cabuérniga no hay biblioteca municipal. Entonces no hay libro a disposición de los vecinos. No hay lectura, no hay aprendizaje, no hay conocimiento, no hay descubrimiento, no hay nueva información que abone nuevo conocimiento.

Yo no me tomo un café leyendo el libro que acabo de coger en la biblioteca, el libro no me despierta ninguna curiosidad, porque no lo he leído, no le transmito a Raquel ninguna curiosidad, porque no tengo ninguna, no cogemos el coche, no buscamos al vecino, no subimos con él a la ermita, no podemos abrir la puerta, no sabemos dónde está el pájaro, si en el ábside o dónde, no sabemos si el pájaro es o no es.

Lo único cierto es que el pájaro está.

(2)

Estoy sacando dinero en el cajero. Una abuela y su hija hacen cola. Llevan un carrito. La abuela le dice al niño del carrito que no hay más caramelos. Chúpalos, le dice, no los mastiques. Sale el dinero. Lo guardo. Me vuelvo. La hija está flaca. No me fijo ni en la abuela ni en el nieto.

Me estoy tomando un café en Los Girasoles como tantas otras veces mientras escribo estas líneas. Se me ha olvidado pedirlo corto de café. Está amargo.

(3)

Llega una pareja entrada en años. Él está diciendo: me alegro que por fin nos conozcamos. Sí, responde ella. Pide no oigo qué, ella, y él una coca cola. Se sientan a mi lado. Un café, ella. El refresco todavía chisporrotea. No hablan. Aguardo.

Permanecen en silencio.

(4)

Raquel ya sabéis que es madrileña. Me dijo el otro día que le llama la atención que las hojas aquí no suenen, que no crujan por la humedad, porque están tirrias. Es curioso que en montañés exista una palabra, un verbo, mejor, para el ruido que hacemos precisamente cuando caminamos entre hojas: jorrascar. Es precioso.

De las cosas nacen las palabras. Pero las cosas, ¿de dónde nacen? Raquel no advierte que aquí las hojas hagan ruido. Pero nosotros sí. ¿El ruido, esa cosa, está o no? Sí, en función de quién escuche. El ruido, entonces, está dentro, dentro del cráneo, en el mundo de las ideas. ¿Y quién las pone ahí, quién las ideas, quién, por ejemplo, la que determina qué es ruido y qué no? ¿La cultura, quizá? Vale, ¿y de dónde procede la cultura? De la relación con el entorno, de ser en lo que nos rodea. Es a los términos como se establece este diálogo con nuestro entorno a lo que llamamos cultura. La nuestra, nuestra cultura, parece tener el oído más fino que la madrileña, al menos para advertir el ruido que hacen las hojas, aunque estén tirrias.

El otro día, en Cabezón de la Sal, comenzó a llover. Pero a llover bien. Estábamos bajo un alero, refugiándonos. Había roto a llover de improviso. El alero nos cubría a medias. Una vecina estaba con nosotros. "Qué, vaya chirimiri que está cayendo", dijo Raquel, que es muy amigable. A lo que la vecina respondió: "¿Chirimiri? ¿Pero tú de dónde eres?". Al final acabaron casi de amigas. Resulta que la vecina había estado dos veces en Madrid: una que hacía mucho frío y otra que hacía mucho calor. "No sé cómo podéis vivir allí", concluyó. Pues eso, la cultura, o mejor, el foco de la cultura, que atiende a distintas razones, a distintos contextos.

(5)

Se han dado un beso. Los de antes.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Las tragedias de la mar, trova libertaria de enero de 1937

LAS TRAGEDIAS DE LA MAR
EL DÍA 14 DE ENERO DE 1937

Yo recuerdo con honda tristeza
las fatigas que suelen pasar
quienes van a pescar, en los días
en que está enfurecida la mar.

En los frágiles barcos se alejan,
sin saber si a su hogar volverán,
a buscar para sus criaturas
el sustento escaso, ¡el ansiado pan!

Y no temen al toque de alarma
ni a los buques facciosos jamás...
¡Ellos cruzan los mares bravíos
sin sentir el ansia de volverse atrás!...

Era el día catorce de enero
cuando, juntos los dos en la mar,
él pescaba en su frágil barquilla,
yo en la mía empezaba a pescar.

Yo muy pronto me fui para casa,
y él pescando siguió, sin cesar,
esos peces, tan fríos, de invierno,
¡que ni el oro podría pagar!

Próximamente a las cuatro
aquel tremendo ciclón
lanzó al seno de la mar
a Martínez y al patrón.

Y la mar embravecida
en sus entrañas sepultó
aquel nombre tan bonito,
"Si me quieres, dimeló".

Marinerillo valiente,
alegre habías nacido
y con tu rudo trabajo
en la mar, formaste un nido.

El nido donde navegas
y donde sueles pescar,
te espera constantemente,
porque te quiere ayudar.

Ayudarte en tus faenas,
que tan rudas suelen ser,
principalmente en invierno,
desde el triste amanecer.

Amanece muy temprano,
y siempre es tu lecho el mar.
¡Día y noche, noche y día,
pescando, sin descansar!

Y para ti, venturoso,
feliz el día será
si ves que tu barquichuela
de peces se llenará...
¡Muy angustioso es el día!
¡El día muy triste está!...

Con gran cantidad de pesca
el marinero vendrá...
Y ya le esperan sus hijos,
que desean trabajar,
para ayudar a su padre
cuando regrese al hogar...

¡Marinero, marinero!
Tu nombre se ha de grabar
en una losa muy grande,
porque esa losa es el mar.

Y tus hijos, angustiados,
cansados ya de esperar,
van al lado de su madre,
que no cesa de llorar...

Lloran y lloran los hijos,
porque su padre se ahogó...
¡Se lo arrebató la muerte!...
¡Qué triste he quedado yo!

Antonio Costas Sánchez, marinero. De las Juventudes Libertarias.

- El Cantábrico, 30 de enero de 1937, última página -.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El Mercado del Este, su copia, el Ensanche, la iglesia de Santa Lucía y la Plaza Pombo

El Mercado del Este se construyó en 1841. Es neoclásico. Replica en su interior la lógica ortogonal del ensanche santanderino en que se inserta. Esta lógica ortogonal es ilustrada, es decir, previa al mercado. En época ilustrada lo que había era una fuente monumental que el mercado sepultó. Apareció con las obras de reedificación del mercado de hace unos años. Dijeron que la iban a conservar, pero ha desaparecido. Quizá haya que buscarla en alguna finca privada. Era muy golosa, la fuente. También dijeron que iban a conservar la quilla de una barquía que apareció más profunda, pero lo mismo: no sabemos dónde está. Quizá porque lo que no sabemos es dónde ponerla. Carecemos de un museo marítimo a la altura de los de Bilbao o San Sebastián, lamentablemente. La quilla habrá acabado en la chimenea de la casa de la finca donde está la fuente.

Por cierto, sabemos que frente a Cañadío, que todo parece indicar era una ciénaga, como La Cañía, había una Maruca, otra. Como ya apuntamos en otra ocasión, maruca es probable se empleara en su día para identificar pequeñas ensenadas. Hay más en la costa santanderina. Fernando Gomarín tiene un pequeño trabajo publicado sobre toponimia marina muy interesante. Otro día doy su referencia, que hoy no la tengo a mano.

El ensanche, en definitiva, es una joya del urbanismo europeo. Es higienista, primera generación. El mercado, aunque no sea coetáneo, también lo es, una joya digo, porque respeta su contexto. Y no solo lo hace el mercado original. También el falso histórico que se ha levantado en lugar del original hace unos años respeta su herencia y, por ende, su entorno. Ya no es mercado, la copia tiene más de plaza cubierta, pero la lógica sigue incólume, por mucho que nos duela que haya rumores sobre el mal reparto de negocios. Y es que dicen que los bares del interior del mercado se dieron a amigos de Piñeiro. No por casualidad en la reunión que mantuvo hace escasos días su sucesor con los comerciantes que ven amenazados sus negocios por el museo, Íñigo de la Serna soltó o se le escapó que a lo mejor los bares no tendrían por qué marcharse, que quizá podrían quedarse para dar servicio a los visitantes del futuro museo. En fin. A lo que iba: el mercado original y su copia la plaza cubierta respetan su entorno; lo respetan y lo potencian, que es lo mejor.

No sé por qué algunos arquitectos fuerzan el contraste con su entorno, buscan romperlo, epatar, cuando potenciar las lógicas que subyacen en el entorno también es una forma de tomar partido, de posicionarse, de imprimir velocidad a los procesos. El mercado del s. XIX dio de sí al ensanche del siglo anterior, lo enriqueció. Siendo el ensanche una iniciativa positiva, potenciarlo fue una decisión acertada. Venir ahora con una ocurrencia, un museo que aquí no va estar cómodo, es romper la lógica del edificio y del entorno.

El mercado original y su copia no son los únicos que replican en su interior el entorno, el ensanche santanderino. También lo hace la iglesia de Santa Lucía, en Cañadío. Incluso ésta va un paso más allá: la iglesia reproduce en su interior la fisonomía concreta de la Plaza Pombo. Entrad y fijaos. El arquitecto de plaza e iglesia es el mismo. Hizo una semblanza de él Mario Crespo en uno de sus libros de personajes ilustres. La iglesia de Santa Lucía, como todas, es un dispositivo arquitectónico diseñado para la comunicación vertical (Dios está arriba) y la plaza otro para la comunicación horizontal (con nuestros vecinos). Queda preguntarse qué elementos arquitectónicos, siendo dos construcciones tan parecidas, parecidas y del mismo arquitecto, qué elementos arquitectónicos, decía, son los que marcan la diferencia. Aunque quizá aquí la fisonomía no sea determinante. Que la cúpula, que el altar no sean más que anécdotas. Quizá todo dependa de lo que tengamos cargado en la cabeza. Un vecino del Sol me contaba que Matilde Zapata, primera directora de un periódico en Cantabria y única hasta la fecha, asesinada en el 37, su marido en el 36, utilizaba la iglesia del Carmen durante los meses que le tocó vivir de guerra para dar mítines. Qué estupendo atril, el púlpito. Anécdotas. Quizá sea por esto, porque la fisonomía es atrezzo, porque son las corrientes subterráneas, las ideas, las que nos dan de beber, por las que vivimos, que la Plaza Pombo se haya convertido últimamente en escaparate de tiendas pijas, escaparate de políticos, en barra para veraneantes, en botellódromo. Porque las ideas nos las han cambiado. De plaza hemos pasado a escaparate.

Ojalá pronto tengamos la oportunidad de tomar las riendas, los ciudadanos, de revertir el proceso y volver a empezar. De hacer reset. De rematar, por qué no, la construcción del ensanche, que permanece inconcluso, aunque solo sea a nivel ideacional, mejor, sobre todo a nivel ideacional. El Siglo de las Luces no es un mal referente. Aunque con correcciones. ¿Cuáles? Que todo para y con el pueblo. Y que pueblo seamos todos.

Amores, hileras y casas llanas en Cueto, Dr. Madrazo, primera foto retocada y verbo inédito sobrachear

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Amores. Las botas son de Raquel. La palabra es de la familia de Veceru, de Santutís, al que tanto echamos de menos.

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En Cuetu también hay hileras, y muchas. La primera foto es de una casa que presenta el típico perfil de una antigua casa llana recrecida. No es que esta casa se haya construido así, con la frente alta, es que se ha añadido una segunda planta, o ampliado la existente, se ha incorporado un balcón y quizá también un desván. Probablemente sea resultado de la recepción del maíz hace tres siglos. Hay infinidad de casas con este perfil en Cabuérniga, solas o integradas en una hilera, como ésta. En Lamiña y Sopeña hemos visto antiguas casas llanas recrecidas por atrás.

La segunda foto es de una hilera de casas recrecidas, aunque no presenten el típico perfil de frente alta, todas salvo una, la que levanta menos que el resto, que es todavía llana, o eso creemos, porque no la hemos podido ver por delante. Si estuviéramos en lo cierto esta casa sería una joya.

Las dos hileras están a un paso de La Nuncia.

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En toda la Biblioteca Central de Cantabria, antiguo secadero de tabaco, solo hay un sillar: el de la foto.

Este edificio sirvió como prisión durante muchos años. Aquí estuvo el Dr. Madrazo hasta que lo sacaron para morir en su casa de Castelar, en la habitación que está justo encima de la cafetería Siboney, en el primer piso. Lo metieron porque se le hizo un homenaje en Santander el año 36 (se puede leer en la prensa de la época) y porque brindó en una comida con un cáliz (se lo pasaron y dijo que no podía rechazar el ofrecimiento de un amigo). La actual calle Santa Lucía sabéis que se estrecha un poco a la altura de San Simón. Pues bien, desde ahí en dirección a Puerto Chico la calle se llamaba del Doctor Madrazo.

Sería bonito recuperar el nombre.

Si no, siempre nos quedará el sillar.

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Mi primera foto retocada, o manipulada. Es de un morenal o poste de portilla de una finca en Cuetu. Qué bucólico y tradicional, ¿verdad?

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En Ruente, sobrachear, segar un prado en cuesta, de acceso difícil, segarlo sin orden ni concierto, como Dios da a entender. Es una palabra que recuerda Rafael Pérez Llano, cuya última entrada en su blog, aquí, es impresionante.

martes, 25 de noviembre de 2014

Sustos, Nada que decir, de Marcos, el COACAN y el Mercado del Este, el Mercado del Este y su entorno y la iglesia de Santa Lucía y la Plaza Pombo

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Pensé que no me iba a pasar más. Pero sí. He vuelto a encontrar en mí un montañesismo inconsciente: esparcer, diferente al castellano "esparcir", si bien es cierto que en montañés es preferible la forma esparder.

Me ha pasado con baza, tendal, pindio, pisondera, etc. Es algo común, imagino, a los urbanitas como yo cuyos padres han sido los últimos de la familia en nacer en un pueblo. Pero hace mucho que daba esta fase por superada. Ya veo que no.

No es exactamente lo mismo, pero todavía me acuerdo cuando, no hace mucho tiempo, caí en la cuenta de que el museo de El Prado tomaba su nombre de un prado. Para mí el prado como tal no existe, es práo, cuando voy de fino. El Prado era un nombre propio totalmente opaco para mí. Me costó ver el práu que había detrás. También es que soy un poco despistado. Me pasó algo parecido con El Escorial: "el escorial, de escoria, ¡madre mía!". La sorpresa que me llevé.

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NADA QUE DECIR

El paisaje se derrumba, está todo ahí afuera.

No necesita el mundo tu mente para ser.

Nada quiere decir
la cascada de un agua sin origen,
el corazón del ciervo,
la corteza del árbol, su raíz.

No significa nada aquello que contemplas,
nada el hombre que intenta mirarse en lo que ve.

- Marcos Díez Manrique, Combustión (Visor, 2014) -

Pongo aquí el poema que más me ha llegado para animaros a que leáis el libro entero.

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"Convertir el Mercado del Este en Museo de Prehistoria no parece una opción acertada, tanto desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, como del ciudadano".

Ignacio Pereda Pérez, Decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria. No encuentro el enlace al artículo completo en internet. Lo publicó El Diario Montañés creo que este sábado.

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Corregido y ampliado en una entrada posterior.

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Corregido y ampliado en una entrada posterior.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Propuesta Guillermo Balbona / El Diario Montañés

El viernes estuve en la presentación del libro de Marcos Díez Manrique: Combustión. El autor estuvo acompañado por Lorenzo Oliván y por Guillermo Balbona. Lorenzo es poeta y funcionario. Guillermo es redactor jefe de El Diario Montañés. Lorenzo estuvo correcto. Habló de no tengo todavía muy claro si intimidades o confidencias. A Marcos le gustó, que es lo que importa, o eso deduzco, porque al terminar le dio un abrazo. Aunque quizá fuera de consuelo. Guillermo tiene otra altura. Sus presentaciones son muy potentes. Siguen siempre un mismo esquema: improvisa unas palabras iniciales que son la carta de ajuste del acto y a continuación lee un texto propio, de mucha calidad, con un componente crítico notable. Son intervenciones muy aplaudidas. Si se calienta y acaba echando humo, mejor: es lo que se espera de él, si me apuráis, que se enardezca y no deje títere con cabeza. Es parte de su toque personal (como el perejil de otros). Y tengo que reconocer que es un toque muy atractivo. Los jóvenes periodistas le adoran. Y el público, también.

En la presentación del viernes Guillermo lanzó una diatriba contra los que escribimos blogs anónimos. Nos llamó fascistas. Será porque soy un poco egocéntrico, o paranoico, pero me pareció que su dardo estaba dirigido si no a mí a alguien muy parecido a mí. "Por si alguien se siente aludido en la sala", dijo. Sabido es que le he mencionado en el caso del Archivo Lafuente y en alguna otra ocasión. Era inevitable.

No voy a entrar en peleítas. Lo que voy a hacer es proponer lo siguiente: Balbona, si tú me das una columna semanal en tu periódico durante al menos seis meses y me aseguras que voy a poder verter mi opinión en ella sin trabas de ningún tipo, ajustándome a una extensión pactada de antemano, la habitual, yo la firmo. No serías, así, el único en exponerte.

Si te convence mi propuesta, por favor, ponme un comentario en esta entrada y yo te devuelvo un correo, sin hacerlo público, o ponme un correo tú directamente.

A la espera.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Los matasellos de las lampisterías también eran luminosos, como los letreros, además de un ojáncano de bares, novela de la nieta de Neila, estudio sobre la Guerra Civil en Santander de Fernando Obregón, hurrias y técnicas constructivas de los caseríos vascos

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Matasellos de la Gran Lampistería Moderna de Crispín de Blas, radicada en la Plazuela del Príncipe, Santander, años veinte.

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Ojáncanu pintado a tamaño natural (lo de tamaño natural es porque tengo una imaginación muy viva) en la fachada del Bar Gas, en Vargas, Santander.

(3)

Está a la venta aquí el libro que escribió la nieta de Neila, el que fuera responsable del aparato represor de la República en Santander. De interés. He oído que ya está a la venta la entrega dedicada a Santander de la serie de libros sobre la Guerra Civil en Cantabria del historiador Fernando Obregón Goyarrola. De interés, bis.

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Hurria, en Santander, pelea a pedradas.

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Estupenda guía sobre técnicas constructivas del baserri o caserío vasco, aquí. Un buen modelo a imitar. Fijaos que ya en la página de créditos indica que todos los libros citados a lo largo del libro y recogidos en la bibliografía se encuentran disponibles en la red de bibliotecas públicas del País Vasco. Qué envidia trabajar así. Está en euskera, pero el planteamiento del libro es perfectamente comprensible.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Hilera de casas llanas en Cabuérniga

Se me escapa el porqué pero nos suele costar apreciar lo que tenemos cerca. Este mismo fin de semana caí en la cuenta de que lo que hay enfrente de nuestra casa de Sopeña, no enfrente de la casa de la familia, sino de la nuestra, la de mis padres, es una hilera de casas llanas, o bajas en montañés, la tipología más antigua que conocemos. Remarco tipología porque estas casas son difíciles de datar. Puede que el tipo sea muy antiguo pero que éstas en concreto no tengan más de doscientos años. Me estoy curando en salud, obviamente. A nadie escapa que esta hilera de Sopeña tiene algo más de doscientos años.

Sabemos que este tipo de casa es el que precede a la irrupción de patrones clásicos que condujeron a la llamada en términos académicos "casona montañesa" pero no sabemos desde cuándo estas casas, las llanas, están con nosotros. Hay quien dice que son las primeras casas que se construyeron en piedra, que hasta el s. XV eran todas de madera, y que, al igual que en otras regiones de la Fachada Atlántica, el paso de la madera a la piedra se produjo en el s. XV o XVI, por lo que nuestras casas llanas serían de esa época. Pero es solo una suposición. Las casas llanas no poseen ningún elemento arquitectónico de tradición académica identificativo. Se distinguen distintos modelos de casa llana, eso sí, pero no los sabemos colocar en su orden ni tampoco en un calendario. No se han estudiado con rigor. Urge hacerlo.

A mí, particularmente, las hileras de casas llanas que se conservan en un estadio primitivo en Lamiña, pueblo que puede ser morfológicamente de lo más antiguo del norte de España, hileras compactas, tipo longhouse, asociadas a construcciones del antiguo Reino de Asturias, como La Juente d´Arriba, me dan mucho que pensar.

Los miñegos dicen que los monjes de un antiguo monasterio hoy desaparecido vivían en una de las hileras del pueblo, la conocida como La Roza. Efectivamente, sabemos que la actual ermita de San Frutosu se levanta aprovechando los restos de un monasterio anterior al año mil. Dentro de la ermita se conserva un sarcófago con la cruz procesional del antiguo Reino de Asturias.

¿Las casas llanas son del 1.500? Sí, pudiera ser. O del año 900, por qué no. De hecho, al s. XV solo lo avala el uso de la piedra, sin adjetivos, y que este uso en otros países se generalizó en el x. XV. Al año 900 lo avala la morfología de Lamiña, la documentación histórica, distintos paralelos arquitectónicos europeos, las leyendas locales, que se me ocurra ahora.

Puede que Lamiña nos ayude a reconocer el marco cronológico de las casas llanas. Pero casas de este tipo hay en todo el valle. Las hileras de Terán son impresionantes, por ejemplo. Incluso hay una casa llana, sin hilera, en Escobéu / Escobedo, a un paso de Santander, aquí.

Vuelvo a Sopeña:

La hilera está concretamente en el barrio de La Barcenuca, pasando el puente de Barcenillas, a la izquierda, al pie de La Cruz (monte que da nombre al pueblo: So-peña, es decir, "bajo la peña"). A la altura de este barrio había un santucu que desapareció con las obras de ampliación de la carretera en época de Hormaechea. Este santucu marcaba el límite real (invisible pero real) del pueblo. En la actualidad el cartel del pueblo está un poco más arriba, a la altura de la cantera. En el cartel oficial se dice que aquí nació Manuel Llano, aunque yo creo que en realidad lo hizo en Carmona. A la altura del barrio además del santucu había una fuente que desapareció lo mismo, con la ampliación de la carretera, aunque recientemente los vecinos la han recuperado. Da un poco de pena ver un caño de goma saliendo de la escollera que escupe un hilo de agua. Esta fuente que podemos dar por perdida recibía el nombre del barrio. A la izquierda de la carretera, en paralelo, discurre un regato. Es el Madriz, hidrónimo de una familia que daba nombre a los canales abiertos para alimentar ingenios hidráulicos (el regato que separa Colindres de Laredo se llama Madre, por ejemplo). Efectivamente, un poco más arriba hay un aserradero abandonado. Un puente "rústico", actual, de madera, se levanta para salvar el regato y acceder al barrio. Los sillares del puente antiguo están en la pared de una finca vecina. Esta finca está nada más cruzar el puente a mano derecha. Es una finca alveolar, cerrada por un muro de piedra en seco, sin divisiones internas, que corresponde a la hilera de casas llanas. Esta finca tiene dos accesos: una portilla con unos pilares para el cierre impresionantes (cuando estos pilares son de madera reciben un nombre y cuando son de piedra otro, pero no me acuerdo de ninguno de los dos) y al lado una entrada más pequeña. ¿Se tratará de una antigua llosa? La hilera está orientada a este (salida del sol). La posible llosa lo está a oeste, es decir, mirando a La Cruz. Enfrente de la hilera, nuestra casa y otra más en el espacio que yo creo pudo ser la huerta o huertas de la hilera. ¿Sería una única huerta de grandes dimensiones sin divisiones internas o estaría parcelada, una parcela por vecino (y qué entendemos por vecino en el contexto de una hilera)? A continuación, prados yo creo que ganados no hace mucho al cauce del río o a la lera. Cerca, no sé exactamente dónde, pero en el barrio, había al parecer un prado conocido como Pelambre, donde dicen los vecinos que se iba a quitar el hambre, además de por el parecido fonético por el hecho, quizá, de haber aquí muchas huertas, aunque es un topónimo que según García Arias (aquí) podría tener relación con algún tipo de procesado de pieles. Quizá el Madriz era un canal que en origen no alimentaba una serrería sino otro tipo de artilugio relacionado con el encurtido de pieles o similar.

Resumiendo tenemos carretera o antiguo caminu rial al pie del monte, con santucu y fuente, regato paralelo a la carretera, puente, posible llosa, hilera a este y quizá antigua huerta o huertas a las que suceden prados probablemente modernos, a pesar de andar por la zona un topónimo tan antiguo como Pelambre, y el río.

El juego de La Cruz (monte) + el Saja (río) y en medio un barrio es el que explica el topónimo: La Barcenuca, del latín MARGINEM, de donde "margen". Las Bárcenas son los espacios que se hallan entre un monte y un río.

Uno de los extremos de la hilera se ha levantado y la casa llana correspondiente se ha diluido. La casa de al lado funciona todavía como vivienda (o solo como vivienda, ya que la original también daba cabida a animales). Y la otra o las otras dos, que son las que completan la hilera, son hoy establos.

En el extremo sur de la hilera, el más alejado del acceso al barrio, donde la casa llana original se ha levantado y ya no se reconoce, hay un acceso a la mies de Urbina, de donde tomó el nombre figurado para el pueblo el escritor costumbrista Delfín González, padrino de Manuel Llano. Es la mies donde decía Manuel Llano que se jugaba a la cachurra, especie de hockey sobre hierba, aprovechando la derrota, en otoño. Esta mies conserva su muro de cierre perimetral. En su interior apenas se levantan otros. Hay más mieses en el pueblo. Ésta es solo una de ellas.

Una de las casas del extremo oeste presenta una ventana con una cruz labrada en el dintel. Esta talla representa para quien la sepa leer una oportunidad de oro para datar la hilera, aunque hay que tener en cuenta que en la arquitectura montañesa las piedras son emigrantes, es decir, que hoy están aquí y mañana allí o en este siglo aquí pero hace tres o cuatro allí.

En el jastial de la última casa, o en el jastial de la hilera, que lo mismo da, la del extremo norte, se abre un ventanu a la altura del cumbre. ¿Quizá un precedente, muy antiguo, de tronera? ¿Precedente, muy antiguo también, de ventana de prestigio? Ya hemos visto otras en Valle de Cabuérniga y en Sopeña (la de Lor, junta la ilesia, en el centro del pueblo), aunque éstas tienen mayor entidad. En este mismo jastial se abre otra ventana más abajo que no sé, si es antigua quizá corresponda a la escalera o no sé. En las casas montañesas canónicas suele haber una ventana descuadrada que corresponde a la escalera. Pero en las casas llanas creo no haber visto antes este tipo de ventana. Las escaleras podían tener los dos o tres primeros peldaños de piedra y ser el resto de madera. Solían estar envueltas en armazones de tablas para evitar que subieran los animales. A todo esto, los académicos dan por hecho que las casas llanas no tienen piso superior. Discrepo. Quizá algunas de las formalizaciones de casa llana carezcan de piso superior, pero lo que es seguro es que no todas.

Pongo fotos de la hilera. Creo haber recogido todos los elementos a los que he hecho referencia en los párrafos anteriores. Como suele ser habitual en mí, las fotos son de muy mala calidad, a lo que en este caso se suma que las hice sin apenas luz, en la tarduca, ya terminando el día. No fui consciente de lo que tenía delante de mis narices hasta entonces. Y lo llevo viendo desde hace 37 años.









miércoles, 12 de noviembre de 2014

Matasellos republicano del Ayto. de Villacarriedo y más

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"Todas las regiones que han presentado su proyecto de presupuestos para 2015 (faltan tres) elevan los fondos sanitarios. Baleares y Extremadura, con un 10,3 y un 6,8 por ciento, suben más que la mayoría, que crece entre el 1 y el 5 por ciento, con los fondos de Galicia, La Rioja y Cantabria casi congelados." Diario Médico.

Comparad esta noticia con las publicadas recientemente por El Diario Montañés: presupuestos en Sanidad al alza mientras en el resto de España caen. Algún día nos tendremos que fijar en el papel que está jugando este periódico en el adocenamiento de los cántabros. Papel que representa por intereses empresariales primero (solo hay que ver las dos páginas completas de publicidad que ha metido hoy el Gobierno de Cantabria), pero también por afinidad política.

Es peligroso considerar este periódico el BOE de Cantabria, peligroso considerarlo neutral, como hacen muchos de nuestros conciudadanos. Recuerdo que hace tiempo organicé una exposición en un pueblo. Llamé a la responsable, creo recordar, de un geriátrico o algo parecido. Pues bien, me discutía que la inauguración de la exposición se fuera a celebrar porque no había salido en El Diario Montañés. Y eso que era yo el responsable de organizarla y que la estaba invitando a ella personalmente. Es peligroso depender tanto de un solo medio y más si este medio se mueve por intereses espúreos.

(2)

Me envía un amigo un correo con el siguiente texto:

¿Podemos escribir todo lo que decimos en castellano? Sí, todo menos
el imperativo de la palabra 'salirle'. Cada vez que hay que
escribirlo, dudamos y preferimos darle otro orden a la oración para
evitarlo. Cuando un bloguero identificado como "Un arácnido en
camiseta" preguntó en 2011 a la Real Academia Española cómo
escibirlo, recibió la siguiente respuesta:

"En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:

La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll
en español hace imposible representar por escrito la palabra
resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal
(imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo
salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien
salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre
le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].Puesto que los
pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a
este, sal + le daría por escrito salle, cuya lectura sería
forzosamente [sá.lle], y no [sal.le]]."

(3)

A mi amigo le respondo que el correo de la academia me trae a la memoria que en Colindres se decía "sale de ahí" en lugar de "sal de ahí".

Él cotesta que la abuela de una amiga de Maliaño decía a las gallinas: "Sale de ahí, castrona".

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Libro de pediatría del s. XIX "requisado" el año 1939 por el cabo de botiquín XXX de la brigada XXX en el centro socialista del pueblo XXX de la provincia de Jaén.

Botín de guerra. De 1939 a 2014 van unas cuantas décadas. El libro sigue aquí.

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Fotos con el matasellos republicano del Ayto. de Villacarriedo. En el pueblo estoy seguro que las apreciarán. No creo que conserven muchos documentos de la época en el archivo.

Hace tiempo me contó un vecino que una mujer del pueblo se ató a un árbol con una ametralladora para contener el avance de las tropas franquistas. Fue en la curva donde está ahora la parada de bus. La quemaron.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Refugio rupestre en Santander, castillos en la portada de la catedral, la herencia de los graffitis, el primer edificio del primer pelotazo urbanístico de Santander y caballo desnortado

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Ya que estamos con el tema de las construcciones rupestres o semirrupestres, pongo a continuación fotos de un refugio en Cuetu, Santander, acomodado sobre un castru o afloramiento de roca madre de los que abundan en la zona (la cercana Avda. de Los Castros viene de ahí). Por cierto, todos estos prados son los que van a desaparecer, se supone, bajo un campo de golf diseñado por el fallecido... por el fallecido... ¿cómo se llamaba? Sus sorprendentes formas orgánicas es probable se deban al hecho de haberse abierto con mucho esfuerzo contra el encinar previo. Los encinares de la costa de Cantabria, por ejemplo el del Bucieru de Santoña y tantos otros, no se sabe si son relictos o si son de origen antrópico. El prof. Ortega Valcárcel defiende esta última opción. De ser antrópicos, estos encinares costeros responderían a una lógica que nos es hoy desconocida.

La primera foto es de la cara (no me atrevo a decir fachada, tratándose de una construcción de este tipo) este:


La segunda es del interior, orientado a sur:


Detalle del cierre a oeste (viento gallego) desde el interior:


Foto por fuera de cara oeste:


Tan cerca, tan lejos.

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¿Por qué de los cinco castillos que hay en la portada de la catedral, no hay dos iguales?






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Dos graffitis contemporáneos, el primero en un edificio antiguo de la C/ Castilla, con el perfil de una señorona, y el otro en una casa de Frías:



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Primer edificio que se levantó tras el incendio de Santander de 1941 y placa conmemorativa:



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A Raquel seguro que se le ocurriría un buen título.

El caballo es de juguete. Es inofensivo. Está encima de una roulotte calzada en El Bocal de Santander según parece desde siempre. Que dure.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ermita rupestre de San Juan en Socueva, Arredondo

Íbamos a visitar Cailagua. Como sabéis, éste es el nombre tradicional del nacimiento del Asón. Realmente nace un poco más arriba, en Hondojón me parece que se llama. Hay una leyenda recogida por un escritor local según la cual la cascada del Asón es la melena rubia de una anjana que se quedó atrapada en la roca por culpa de un conjuro de su hermana morena. Ésta se recluyó en la biblioteca del palacio que está bajo Brenagudina a estudiar y ver cómo sacar a su hermana de ahí. Imagino que el palacio tenga goteras porque Brenagudina es una turbera o albariza. Probablemente se trate de una leyenda con su poso tradicional, pero reinterpretada en lo más por el escritor que la dio a conocer hace décadas.

Quién pudiera echar un ojo a esa biblioteca subterránea del palacio de la anjana.

Íbamos a Cailagua, decía, pero de camino se nos cruzó un cartel: "Ermita de San Juan s. IX". Nos desviamos y paramos en Socueva: literalmente "bajo la cueva". La cueva luego sabríamos que era la ermita. Escuchamos a un par de vecinos hablar de "la cueva", no de "la ermita".

Creíamos que estaba cerca, pero no, hay que subir un buen trecho. La cueva se abre en un murallón kárstico impresionante. Está combado y orientado a este. La advocación de la cueva, San Juan Bautista, seguramente guarde alguna relación con su ubicación y en particular con su orientación.

Arredondo tiene el nombre que tiene precisamente por estar rodeado de este tipo de paredones.


El camino de acceso está a trechos empedrado, o al menos lo estuvo.


El murallón tiene en su punto medio una mordida. Lo que falta lo completa un espacio delimitado por una pared de piedra en seco y puerta compuesta por grandes rocas parcialmente trabajadas. Esta pared está flanqueada por sendas higueras, árbol típicamente antrópico.

Este primer espacio es de uso actualmente ganadero. La foto está tomada de dentro hacia afuera, con la espalda pegada en la roca:


Dentro de esta mordida hay una visera. Ajustándose a ella se levanta una estructura de madera, mampuesto y cubierta de teja. Es lo que parece la mitad de un "cuadru", os recuerdo, el sistema constructivo que hemos encontrado en las casas más antiguas de Cabuérniga. Esta estructura se levanta ajustándose a la roca, no apoyándose en ella. Se autosustenta.

Aquí podéis ver una foto de esta estructura que refiero.

A la derecha, ya dentro de esta estructura, encontramos un retablo muy mal conservado, ignoro de qué época pero tiene trazas del XIX:


Este retablo imagino haya servido para datar la estructura que lo protege. Pero yo creo que esta estructura, mejor dicho, su lógica (no precisamente los materiales que vemos hoy), la lógica del "cuadru" que subyace en ella, es tan antigua como lo más antiguo de la ermita. En uno de los agujeros de alrededor encontramos restos de teja de apariencia muy antigua.

En el centro, el acceso a la oquedad:


La puerta está tirada en el suelo, en una esquina. No parece más antigua que el retablo.

Este acceso recuerdo que es el tercero que franqueamos (el acceso de la pared exterior, el de la estructura de madera y éste). Quedan otros dos (el marco que veremos a continuación y el arco del ábside). Las casas tradicionales también siguen una lógica de cebolla que lleva desde la portaláa (en el caso de las casas más pudientes) hasta el lar o lumbre.

Foto de conjunto (de lo visto hasta ahora):


Hago notar el uso de la pintura blanca o cal. Seguramente su sentido sea sanitario, pero el componente religioso me parece más que evidente a la vista de la foto anterior y de la que pongo a continuación:


Está hecha por detrás del retablo. Este espacio también se debería haber saneado, se supone, pero no se hizo. Quizá porque lo que primaba no era sanear, sino pintar de blanco o cubrir de cal lo que se veía de la ermita por fuera (su exterioridad). Es como si la ermita fuera un espacio imaginado que es necesario identificar, señalar (tarea que cumpliría el color blanco o la cal) pero no contener. Las paredes o la roca serían circunstanciales (defensa frente al clima, por ejemplo, o frente a los animales). Es solo una idea. Podría extrapolarse a las casas montañesas. Ya sabemos que cuando cae una pared de una casa montañesa la casa montañesa no se ve afectada, solo el muro que la envuelve. Esta segregación entre la casa y su envoltorio pétreo es coetánea del "cuadru", como ya ha quedado dicho en múltiples entradas anteriores de este blog.

Entramos en la ermita. Se abre a la derecha, en cuesta.


La nave está dividida en dos por un marco con huellas de haber tenido un tabláu con una puerta de quiciu a mano derecha (según se entra). Es un marco encajado entre la roca y la pared.

Dos fotos tomadas de arriba hacia abajo:



La viga de este marco entra en un agujero de la roca (no se ve en ninguna foto de las que hice). Dentro se fija con piedra y una rejostra. El otro extremo sobresale por la pared y remata en una cabezuela preciosa:




El segundo espacio de la nave es más amplio:


Presenta una ventana abocinada:


Como era por la mañana entraba mucha luz. Es la misma ventana por la que entra el haz que ilumina el acceso al ábside en la siguiente foto.

El susodicho:


El arco es de época visigoda o influido por esta cultura. ¿La ermita es del s. IX? Se ha dicho que se incardina en la repoblación asturiana, que está relacionada con el conjunto de iglesias rupestres de la frontera con Castilla, etc. El arco podría ser un buen indicador cronológico. ¿Por qué no una ermita de época visigoda? Qué manía tenemos a los visigodos en Cantabria...

Incluso si tenemos en cuenta el carácter sincrético del cristianismo, podríamos retrotraer la cronología de esta ermita, o el uso religioso de esta cueva, a épocas anteriores. He leído que la UC ha encontrado dentro restos paleolíticos. No sé cuándo ni quién ni qué. Muy UC todo.

Nosotros no encontramos nada del Paleolítico, pero sí una piedra que se ha frotado para remarcar su parecido con un corazón. La encontramos en uno de los agujeros. La dejamos en su sitio.



No sé desde cuando el corazón tiene la carga simbólica que tiene hoy ni sé desde cuándo se le representa como lo hacemos en la actualidad.

También encontramos en otro agujero una placa con una cruz labrada. Creo que servía para impedir que se viera lo de dentro desde fuera. Es el único agujero a la altura de un hombre que comunica el exterior con el interior. Este mismo agujero parece que también ha estado cubierto en tiempos con piedra levantada en seco.


En el ábside hay un altar que no me pareció antiguo, aunque a saber, probablemente lo sea. De hecho la arenisca según he leído era común entre mozárabes, lo que no quiere decir que este altar lo sea, ni que sepamos, al menos yo, quiénes eran los mozárabes, si es que realmente existieron y no son una necesidad, léase invención, de los historiadores del arte decimonónicos (como los celtas, si me apuráis).

La integración entre roca y pared es impresionante. No sé dónde empieza una y acaba la otra. Hay un ventanuco por donde apenas entra luz, al menos a las horas en las que estuvimos nosotros. Parece de influencia románica. Se encuentran huellas de candelas en la pared:


El ventanuco del ábside desde fuera, entre la maraña de la higuera que comentaba al principio:


Un poco a la derecha de este ventanuco hay una sucesión de agujeros a ras de suelo que podrían haber sido utilizados en paralelo a la ermita. Entré en uno de ellos y al fondo, no muy profundo, había un cubo ajustado a la altura de un hombre y en el que también cabía tumbado. Parecía un cuarto pequeño o celda.

La ermita está en unas condiciones de conservación pésimas. Está declarada BIC. Está incluida en la lista roja de patrimonio en peligro elaborada por Hispania Nostra. Una vergüenza.

De todas formas, ¿cómo se restaura una construcción así?

Creo que esta ermita representa una oportunidad única para reunir a arquitectos y arqueólogos, incluso a antropólogos y medioambientalistas, y ver qué pasa: qué con el camino de acceso, qué con el muro de piedra en seco, con las higueras (¿se deberían talar caso de afectar a la construcción a pesar de ser, probablemente, elementos importantes de la misma, elementos vivos de la construcción?), con el espacio de uso ganadero que hay tras el primer muro, con el "cuadru" supuestamente del s. XIX y con el retablo, la cal, las paredes de la ermita, el suelo, el arco... Sería genial elaborar un proyecto no sé si llamarlo de restauración o de rehabilitación pero sí poliédrico (multidisciplinar) de la ermita. Un laboratorio. El objetivo sería ponerse de acuerdo. Luego, si llegan buenos tiempos, mover tierra y piedras. Pero más importante es aprovechar este tiempo en blanco en que vivimos para ir pensando qué hacer cuando podamos.

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