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viernes, 10 de julio de 2026

La señora de los pendientes

Esa señora mirando el escaparate de una tienda de rebajas como a punto de escapar, guardando la distancia de huida

me lleva a, o me trae el recuerdo de

los domingos que voy al rastro y paso sin querer parar por donde el puesto de esa señora que siempre que me ve se toca los pendientes.

Fue que un día de lluvia salía de mi casa de la C/ del Sol y me la encontré buscando un pendiente que se le había caído y no era para encontrarlo. La acera mojada, los charcos, todo eran reflejos. Son un regalo de mi difunto marido, me dijo. Lloraba y lloraba y las lágrimas se le mezclaban en la cara con el agua de lluvia. Paré con ella y nos pusimos a buscar el pendiente perdido hasta que lo encontramos.

Desde entonces siempre que me ve se toca los pendientes y si me paro me lo recuerda y ella es fácil que se vuelva a poner a llorar.

martes, 7 de julio de 2026

La hornacina de mi abuela y la hoja de laurel

Mi tía tiene una foto de mi abuela metida en un receptáculo de madera que hizo mi tío carpintero

que no sé si era en origen para un reloj o para una figura religiosa

se parece a una hornacina renacentista

y metida por detrás de una columna de madera, una hoja de laurel de un ramo que le llevé yo en Semana Santa

que en La Montaña, de donde somos, se suele poner detrás de la puerta de casa para preservarla de los rayos.

Mi abuela tenía mucho miedo de las tormentas. Pero no sé si será por eso.

martes, 30 de junio de 2026

Anjana 2.0

A lo mejor esa necesidad que tú tienes de ir a un pueblo cabuérnigo a rescatar el último fragmento de una leyenda sobre anjanas

sería mejor si la reorientaras

hicieras un ejercicio de humildad, o de confianza, y y escucharas lo que hay: de qué modo los paisanos han reformulado la figura de la anjana y ahora se la encuentran saliendo de un zalcéu a orillas del río, cerca del campin, asustada por encontrarse contigo pero sonriente también, en esa línea de sombra tan (esta sí) propia de la anjana, buena si eres bueno, mala si eres malo

de ese modo ayudarías más, creo, a conservar la creencia, dando valor al mecanismo como los paisanos recrean su herencia

que es una forma de darles valor a ellos

(no son esos ignorantes de entonces

ni estos supuestos alienados de ahora)

si es que lo que persigues es eso.

lunes, 29 de junio de 2026

El Pintu

La terraza estaba llena de turistas. Sobre todo parejas jóvenes vestidas de corto y con colores claros. También estaba El Pintu ocupando una de las mesas pequeñas que están a la puerta de la antigua taberna, ahora restaurante de fama, en el pueblo de Valle. Nosotros bajábamos recién del monte, empapados y con las botas haciendo agua. Paramos a saludar. Vaya cabarrizu traemos, le dijimos. El Pintu es hablante patrimonial y habla fuerte. Yo sentía miraditas alrededor. Le preguntamos por los nudos de serpientes que se encuentran a orillas del río, por las huellas que dejó San Andrés en una piedra de camino a Viaña, de los tejados de madera de las cabañas de pastor... 

Seguía el cuchicheo en las mesas vecinas. Entonces El Pintu sacó su cartera y un mazo de papeles doblados de dentro. Eran trovas suyas. Las trovas se sacan (este es el verbo para las trovas) de casos anómalos, informó. Nos leyó una:


Trataba sobre respeto.

miércoles, 24 de junio de 2026

Se ve (aproximación a poema visual)

Solo había entrado una pareja de golondrinas

(por el momento) anidan en los fluorescentes

del garaje, les dejamos una joraca por arriba

del portón para que pasen y duerman dentro.


/º/    v


Cuando iba en bici a Téran

a la residencia, a ver a tu tía

me acompañaban hasta Duréu

hasta la primera casa, la baja

toda la calleja Cárabes adelante

siguiéndome. Ese es su confín

se ve.

martes, 23 de junio de 2026

Los últimos "jisquíos"

Llegamos poco antes de la cena, que es muy temprano, supongo que para acortar los días

que no se hagan largos

como son, disimularlos

pedimos verla y la bajaron en ascensor, entonces

mi madre la abraza mientras yo le doy la mano

el ascensor permanece abierto y tiene un espejo

luego al revés, soy yo el que la abraza, y me veo

salimos a la calle, cruzamos la carretera y entramos al parque de la residencia

pequeñito

tiene unos pocos árboles frutales, parecen, aunque no veo que den fruta, quizá no sea tiempo, bancos debajo y un breve trazado de caminos de firme liso para facilitar el tránsito de los residentes, a muchos de los cuales les cuesta andar

de hecho mi tía va en silla de ruedas

estamos solos y nos ponemos un poco al sol y un poco a la sombra, para que le de a ella un poco de sol y a mí un poco de sombra

y mi madre en medio le canta

mi tía muy callada, las horas, quizá

le canta una montañesa para animarla

en voz baja: mi tía no reacciona

termina y echa un ijujú: 

tampoco.

Es el segundo que escucho en vivo, quiero decir, no en una grabación o impostado en una actuación.

El primero fue a mi tía Geniuca, que se puso una hierba en la boca, hizo hueco con las manos y echó un jisquíu. Apenas sonó. Igual que el de mi madre.

Es donde queda. En las voces bajas de las mujeres.

lunes, 22 de junio de 2026

Reparto de tareas

Entre los raperos un verso es una barra y una estrofa un cacho.

Las limpiadoras se tienen repartidos los pasillos del hospital por estrofas, es decir, por cachos.

Me recuerda a las trovas tradicionales, las de autoría colectiva, donde las estrofas servían para coordinar la composición (una vez estuvieran asimiladas las formas).

viernes, 19 de junio de 2026

Se le han aclarado los ojos

Ahora que está empezando 

a perder la cabeza

el abuelo ha dejado al descubierto

un secreto

y es que habla con los pájaros.

Silbo y me responden

era lo que él quería creer

cuando estaba bien

que se decían cosas

(la serpiente, la nube

el nogal, la hierba olorosa)

pero ahora ha olvidado que era él

solo, él el que lo quería creer así

(he visto a la serpiente en la ribera

esa nube trae los carrillos inflados

cuidado con la sombra del nogal

qué olor mas rico a hierba segada

¿verdad?)

en el coro del amanecer, en casa

asomado o en el camino, una voz

más.

Ahora silba sin saber por qué

y es ahora que lo hace así

cuando se comunica - verdaderamente -

con ellos: los pájaros

cantando porque sí

él silbando (las nubes pasan

como pasa todo)

por lo mismo.

viernes, 5 de junio de 2026

Los pájaros del sótano

Atardecía y yo volvía al trabajo para rematar un par de cosas pendientes cuando en la C/ Isla de Cuba me pareció oír un estridor de pájaros

están despidiendo el día

pensé

pero al avanzar un poco me di cuenta de que el ruido procedía no de las ramas o de los aleros o de donde se suponga que estén los pájaros al despedir el día, o del cielo mismo, sino de una portezuela que había a pie de calle

que daba a un sótano 

con un montón de jaulas y una luz artificial imagino que para hacer creer a los pájaros allí encerrados que no era de noche

para que siguieran cantando.

Despidiéndose de todo.

viernes, 24 de abril de 2026

3D

De frente, nada

lo evidente

pero al bajar la vista

para protegerme del sol

había pedazos de teja

y también vi pétalos

entonces alcé la vista

la mano de parasol

y allí estaban escondidas

las rosas:

cayendo.

martes, 21 de abril de 2026

Las flores frescas y las otras del "santucu" de Peñacastillo

Resulta que hay un santucu a la entrada de Santander, a la altura de Peñacastillo. Concuerda con su lógica liminal, fronteriza.


Iba andando por la acera que bordea el monte. Al verlo, crucé y sin que llegara a la mediana se puso a llover. Me cubrí con el cortavientos que llevaba atado a la cintura y me puse a sacar fotos de las flores secas que había dentro, metidas en un jarrón, de las que el modo IA de mi móvil reconoció Limonium (también había restos de cala), y fuera, atadas a la reja, algunas de plástico con el color apagado por el sol y otras naturales, de las que el móvil reconoció:


Valeriana roja y:


Vulneralia.


A las que estaban en macetas en el suelo no las presté atención. Había apuntado a lápiz el nombre de las anteriores en las páginas de respeto de un libro que llevaba y con la lluvia se me estaba mojando, así que no seguí.


Volví a cruzar y seguí subiendo. Dejó de llover. Hice fotos a dos flores de la cuneta:


Galio blanco.


Geranio silvestre.

A la vuelta, pasadas un par de horas, pregunté a una señora mayor que estaba fumando a la ventana de su casa con la bata de guatiné puesta - varias colillas en el suelo que el agua de lluvia todavía no se había llevado por falta de fuerza - y me dijo:

bien pero hace mucho frío, aquí

en invierno no vemos el sol

nada. No hay árboles 

ni edificios alrededor

nada que resguarde

aquellos que están construyendo

donde las grúas: rápido suben

igual de rápido caerán

verás, vistas sí y guardias

ese es el cuartel antiguo

y por detrás está el nuevo

aquí vivimos rodeados

solos, también

dijo. Le pregunté entonces por el santucu y respondió que ni idea de quién lo mantenía ni de quién se encargaba de las flores: ellos serán, añadió, e hizo así con un gesto.

domingo, 19 de abril de 2026

Flores marchitas en un prado húmedo pegado a la carretera de Liencres

Las vimos al pasar y dimos la vuelta

aparcamos donde un bar de carretera 

ahora cerrado, las flores marchitas

en el verde: preguntamos al vecino

y nos dijo que no sabía qué eran

pero que cuando soltaba a las ovejas

ni siquiera ellas las comían. También

nos dijo por dónde pasar: el alambrado

estaba vencido a la altura del poste.

Saltamos y de camino encontramos

estrelladas:



y lino bravo:



La hierba estaba alta. Caminamos 

en fila para no aplastar demasiado

la 

hierba. Pasamos 

la IA. Eran calas:


viernes, 13 de marzo de 2026

Cómo no estar con ellos

Todo lo que llevo escrito aquí no vale más, ni una pizca, que ese gesto que tuvo un paisano montañés:

acercarse al ayuntamiento para solicitar que su barrio constara con su nombre sin castellanizar

o ese otro que tiene vacas tudancas solo porque le parecen hermosas, a pérdidas

o no digamos aquel otro que paró las obras que hasta hace poco amenazaban al Pozu Coloráu echando tierra (hay un sitio donde es casi arena) en el depósito de las máquinas excavadoras. 

Este mismo vecino, siendo crío, solía quedarse a charlar a la puerta de casa al caer la noche. Retrasaba lo que podía la vuelta a la suya porque su padre era muy estricto. Me acuerdo de una vez que estaba empapado porque había sido un día de mucho calor y bajando de hacer la hierba (él no tenía vacaciones) se había tirado de cabeza desde la peña para refrescarse: las truchas, asustadas, huían destelleando como chispas (relámpagos) bajo la luz de la luna, decía.

Son gestos.

Señal recibida.

sábado, 7 de marzo de 2026

La radio y el cuerpo

Mi padre tiene muchas radios que compra de segunda mano, algunas buenas, otras da igual, la mayor parte rotas, algunas las arregla pero no siempre. Ha dado una a mi tía para la mesita de noche que nunca apaga y lo que hace al acostarse es subir el volumen pero bajo para que no moleste. 

La radio acumulaba hora y pico de menos. Nos pidió a Raquel y a mí que se la pusiéramos bien y al enredar vi que no tenía antena telescópica sino un cable y ella pensaría que la antena estaba rota y que el cable tenía que ir al suelo, como los pararrayos, que apuntan al cielo y luego el cable que busca tierra, porque tenía el cable enrollado en la pata de la cama. 

Mientras le poníamos la radio en hora dijo: 

Si te acercas el mismo cuerpo hace que suene bien.

jueves, 5 de febrero de 2026

Tú nunca del todo

Las piedras sueltas que impiden el paso, los bardales, la niebla que tapa, el toro que no aparta la vista, la línea infranqueable del mastín, la pisada del lobo que te hace volver, la brecha que abre la canal imposible de franquear...

Tú nunca del todo.

Nunca dejaré de intentarlo.

domingo, 1 de febrero de 2026

jueves, 29 de enero de 2026

"Rabel", poema de Julio Sanz Saíz

Rabel

I
¿En dónde estabas, rabel,
antes del canto y gemido?
¿En dónde estabas dormido,
en el tejo o en el laurel?
Aún guardo el recuerdo aquel
de cuando escuché tu canto
en el alto Polaciones:
¡Nostalgia de tus canciones,
de tu tristeza y tu llanto!

II
Pedro Madrid desgranaba
tu honda melancolía
mientras la noche llovía
una paz que nos calaba.
Manso, el cielo goteaba
en torno su melodía;
y tu honda poesía,
rabel, hijo de abedul,
agrandaba el sueño azul
que la honda noche traía.

III
¡Oh rabel, magia sencilla,
duende y alma de la aldea,
pulso del bosque, alta tea
ardiendo en extraña orilla!
Mi espíritu se arrodilla
ante tu cuerpo sonoro
que la tertulia reclama,
prendedor de oculta llama
con el temblor de tu lloro.

IV
Yo te he escuchado, rabel,
en la amplia mansedumbre
del hayedo, en la cumbre
de Sejos, en el Cordel,
donde el viento es timonel
de nubes y de emociones.
Te he escuchado en las cornisas
donde decantan las brisas
el alma de Polaciones.

V
Y siempre, rabel amigo,
me has prestado la fragancia 
de unos recuerdos de infancia
que ansiosamente persigo.

Del libro Haikus y otros poemas del año 2007.

domingo, 25 de enero de 2026

"Descalzo", poema de Paloma Sainz de la Maza

Descalzo

Sabes más, mucho más
y lo aprendiste
descalzo:
sintiendo entre tus pies
lo dura que es la tierra:
pulso, humedad, polvo;
yerba en otoño,
hojas en el bosque
¡y el camino
siempre cuesta arriba!

¡Descalzo!
Tu juguete era un charco muy grande;
un charco con el agua siempre turbia;
era tu mar pequeño
y nunca conseguiste verlo azul
como el cielo.

Descalzo: sin protesta.
Te fuiste haciendo hombre
acurrucado en una puerta ajena;
soñando con más pan
con más cariño,
con más justo calor
para tu carne
descalza -sobre todo-
de promesas.

Poema tomado del libro En silencio (La Isla de los Ratones, 1978).

jueves, 22 de enero de 2026

"Saja", poema de Paloma Sainz de la Maza

Saja

Pasaba el agua redonda
de tanto beso de piedra,
de tanto silencio en ruina
se hizo poeta la yedra.

De tanta luz de los cielos
se ha hecho místico el paisaje,
y la nube, se ha hecho fuente;
y se ha hecho, la estrella, ave.

Del poemario Tierra Madre (Vox, 1982) de Paloma Sainz de la Maza.

lunes, 12 de enero de 2026

Desactivados

De Sejos se dice que es un antiguo volcán apagado.

Pero no lo es. Del vigor

ni eso.

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