lunes, 26 de septiembre de 2016

Será colosal de Sarrionandia

Será colosal, primer novela de Joseba Sarrionandia en ser balcusá al castellanu, acá. Ciertu es, ero tistigu, iscribi cumu dicían: colosal.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Haciendo visible lo invisible



Dicen que cuando un árbol no medra los de alrededor lo abrazan bajo tierra transmitiéndole nutrientes.

Esto se contradice con aquello de que los árboles crecen en competencia por el sol.

Mi madre siempre me dijo que cuanto más arriba más se puede ayudar. Imagino que haya quien lo entienda como una especie de clasismo soterrado o parecido. Me da igual. Somos el modo como ordenamos nuestras contradicciones.

Son ideas de un pueblo que siempre ha vivido en las alturas; el mío. No pretendo que lo comprendáis todos.

La foto está tomada en una plantación de eucaliptos (plantíu d´ocálitos) de Cabuérniga. Las cuerdas las ha puesto el propietario para intentar ayudar a un eucalipto que se está quedando atrás.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El Escudu de Cabuérniga, etimología

Aquí me preguntaba por la lógica del topónimo El Escudu a cuenta de la etimología del topónimo Monte A, al que creo, a éste, haber desvelado.

Hace ya un tiempo yendo en coche por Meca (la recta del municipio de Ruente, valle de Cabuérniga) hice la siguiente foto:



Y el otro día la siguiente desde la cabecera del río Lamiña:



En los dos casos se trata de la sierra cabuérniga.

Parece claro que el porqué del topónimo El Escudu es climatológico. Moviéndonos a mayor escala, esta sierra marca una línea clarísima entre La Montaña (al sur de la sierra) y La Marina (contra el mar).

Cuando la niebla está así, "que busca agua", según expresión antigua, en San Sebastián de Garabandal y Cosío se dice que ajoña. Es aplicable solo a la niebla. Ya di cuenta de este verbo aquí.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Vaos, pontarrones y aguatejes en el río Lamiña

En el río Lamiña hay tres vados, que nosotros hayamos contado, construidos solidariamente con la naturaleza. Son resaltes que los vecinos levantan colocando ordenadamente piedras procedentes del propio lecho del río. Esta simbiosis me recuerda a la de los camberones, aquí.

El váu de las fotos se acompaña de un pontarrón que suele ser de madera, un tronco tumbado, pero que en esta ocasión es un poste de teléfono reutilizado:



La siguiente foto está tomada desde el pontarrón adoptando la dirección del curso del río, al que el váu corta (intercepta o cruza) perpendicularmente:



Un poco más arriba otro pontarrón, pero de los de siempre:



Como puede apreciarse, la pista con sus canalizaciones monstruosas pasa unos metros más arriba.

En la misma finca que antes, la del pontarrón de madera, varios aliviaderos abiertos en las paredes de piedra en seco o morios para que las crecidas del río o llenas no los tiren:



A estos aliviaderos se les conoce como aguatejes.

No sé cómo se llama ninguna de estas dos fincas, ni la del váu ni la de los aguatejes, y es una pena.

martes, 20 de septiembre de 2016

La piedra del diablo

Hace años Veceru me regaló un libro poco conocido del autor cabuérnigo Delfín Fernández titulado Pos vereis, que no ha sido puesto de nuevo en circulación desde la primera edición de 1899. Se encuentra disponible en la Biblioteca Municipal de Santander. No se puede sacar pero es breve. Se lee fácil de una sentada. Recomendable.

Uno de los capítulos se titula "La piedra del diablo". La roca del título presenta trazas de estar trabajada, aunque el autor no entra en detalles. Se encuentra a orillas de un río cabuérnigo, no especifica cuál. En resumen, el capítulo trata de una pareja obligada a dar un rodeo enorme para moler el maíz en el molino que estaba justo enfrente de casa, al otro lado del río. En esto una noche el marido, harto de tanta caminata, dice estar dispuesto a dar el alma al diablo por un puente: dicho y hecho, esa misma noche el diablo comienza a construirlo. Astuta, para frenar las obras demoníacas, la mujer baja al portal y pone una vela a la puerta del gallinero. El gallo, creyendo que amanece, canta tres veces y el demonio huye dejando tras de sí un intenso olor a azufre, y la piedra plantada a orillas del río. La leyenda guarda similitudes evidentes con la de los Cantos de la Borrica de Sejos y otras recogidas por Jesús García Preciado. Precisamente a este investigador le comentaba el otro día sobre este capítulo del libro de Delfín y me dijo que no conocía la leyenda, pero que, pese a no ser el autor folklorista, tenía toda la pinta de haber sido recogida de la tradición oral del valle.

El otro día remontamos Raquel y yo el río Barcenillas, según su denominación oficial, que los vecinos llaman Lamiña: el que conduce a Las Cascadas o Úrsola. En uno de los prados de la ribera topamos lo siguiente:



Los árboles del fondo marcan el curso del río. Lo que se ve en primer término es un muro de piedra en seco tomado por la hiedra, algo que suele evitarse porque, se dice, impide el paso del aire entre las piedras con el consiguiente riesgo de que el muro se caiga. El muro de piedra en seco se dice moriu, la hiedra aráu (el arado aladru) y cuando una pared de este tipo se viene abajo que se esborrega (si se viene abajo una persona se dice que se arrana).

En la cara que queda a la derecha de la foto, la que mira al nacimiento del río, hay unos a modo de peldaños que parecen tallados. Se sube por ellos a la punta de la roca en un suspiro.

Preguntamos a un vecino de Barcenillas que nos dijo que a este prado se le conoce como Robléu entre vecinos, Robléo para nosotros, que parecíamos interesados, y Robledo para los de Santander.

También nos dijo de unos castros conocidos como Tejea donde cuenta la leyenda que vivían las anjanas de Lamiña. Lo pongo aquí para no olvidarlo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hemos visto

Una cruz de madera con una pegatina en blanco de esas que sirven para personalizar cosas pegada en uno de los brazos tirada en la basura de la calle Castilla. Raquel y yo tenemos un espejo de cuerpo entero que no queremos pero que nos da miedo tirar por si la mala suerte.

Una plantación de eucaliptos con una rendija en la pared de piedra en seco para pasar. Los hitos que marcaban las antiguas parcelas agrícolas empotrados en el muro del prado de al lado.

El agua roñosa de Lamiña goteando sobre el hueco de la cabeza de un sepulcro. Se tomaba para la anemia. La bebían mujeres que acababan de dar a luz. Luego vino el chocolate. La chocolatera como regalo de primeriza. La de mi bisabuela, la primera que entró en la familia, está en Sopeña, en el vasar que tapamos con un plástico para que no lo caguen las moscas.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Cocas nacías d´Ampueru

Ahier cumí cocas jechas sigún receta del primer pasteleru que hebo n´Ampueru, tres generacionis atrás. Las ha jecho la sú bisñeta, ochenta años, vicina de la mí suegra, pa celebrar el día de la patrona, cumu jacía el sú bisgüelu.

Ero ajortunáu.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Lobo



Dicen que va a llover. Qué facil decirlo cuando está lloviendo.

Para este fin de semana.

La ignorancia

Ignorante es el que cree que lo que no le interesa es porque no es interesante.

Caigo.

Intus

Veo a una mujer que al salir de misa de la iglesia de Terán se santigua al pasar por delante del cementerio, mirando hacia una de las alas, donde, seguramente, se halle enterrado algún familiar.

Ayer nos contó una vecina de Lamiña que su padre rezaba un padrenuestro cada vez que bajaba un carro con hierba desde las praerias (con acento en la /-e-/) de La Esprilla para que no entornase o volcara.

Al poco de conocernos Raquel y yo fuimos al cementerio de Terán a que conociera a mis abuelos maternos.

En la iglesia parroquial de Lamiña se conserva un San Antonio agarrando un campanu al que se ponían velas cuando subía el ganado a los puertos. El pastor era de Viaña. Con la primavera subía a Joces, a Moscaoriu y entrado el verano a Sejos.

Mi abuelo quería que lo enterraran debajo de uno de los árboles de la Castañera de Terán. Su tumba es de las nuevas, de ladrillo. Está orientada a sur, como la casa en que nació, que sus actuales propietarios han puesto a la venta. La casa de los padres de mi abuela, en San Sebastián de Garabandal, la compró un norteamericano para ir a ella cuando llegara el fin del mundo. Murió hace tiempo, el norteamericano. La de mis bisabuelos bastianos es una de las pocas casas del pueblo que se mantiene intacta.

En la ermita de San Frutosu dicen que había dos sarcófagos de estilo prerrománico asturiano. ¿Serían pareja?, se pregunta una vecina. Uno se conserva y es una joya. El otro ha desaparecido. Un vecino dice que la parte de abajo del sarcófago perdido es el bebederu añadido al lateral de una de las fuentes del pueblo. De la tapa nadie sabe. En el pórtico hay una tapa haciendo de banco con una inscripción que pone en latín "Vasco, pecador, aquí yace, viva para siempre", del s. IX, pero no es ésa, aseguran. En el pórtico de la iglesia de Terán hay otra puesta en pie que apoya contra uno de los contrafuertes. No la he medido.

En Lamiña se sentaban en sillas, no había bancos corridos en la iglesia. Cada familia ponía en su sitio una vela negra para sus difuntos que sostenían en hacheros con tornos, como los del balcón del coro, lo mismo que los del coro de Terán. Hay un banco a la puerta de la sacristía de Lamiña con patas que parecen de yegua.

Mi abuelo cuando estaba agonizando decía que le dejaran subir a beber agua a la fuente Rulín, en La Esprilla.

Que se curaría.

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