domingo, 14 de febrero de 2016

La corriente



Theo Angelopoulos, La mirada de Ulises, 1995.

"Los santos eran arrojados de sus capillas y arrastrados después hasta la ribera entre las patadas y salivazos de la turba, que quería vengar en estos cuerpos de palo pintados y dorados la sangre derramada por otros de músculos y hueso. ¡Al agua con los santos! Y caían de cabeza en la ría vírgenes y bienaventurados, flotando después de la inmersión con la ligera porosidad de la madera vieja.

La muchedumbre seguía por las riberas el tardo descenso de las imágenes empujadas por la corriente. Silbaban y aplaudían viendo el cabeceo de los santos (...).

Una imagen de la Virgen de Begoña arrancada de su hornacina era la que más llamaba la atención. ¡Ella tenía la culpa de todo!... Y la silbaban e insultaban, mientras la imagen descendía tendida de espaldas, mostrando a flor de agua su vientre dorado y su carita de muñeca sagrada. Un gabarrero, cruzando la ría en su barcaza, avanzó hacia la imagen como si quisiese cortarle el paso. Los devotos aplaudieron la piedad del marinero. ¡Iba a salvar a la Virgen! Cuando su barca estuvo cerca, dejó de manejar el remo, y levantándolo en alto, después de mirar a ambas orillas, dio con él un golpe tremendo a la imagen, que desapareció en un remolino de agua para no flotar más. Entonces fueron los otros los que prorrumpieron en aplausos, mientras los devotos elevaban los ojos al cielo. (...)

El doctor contemplaba la fuga del ídolo sobre las aguas, y como atraído por él, lo siguió un buen rato a lo largo de la ribera."

Vicente Blasco Ibáñez, El intruso, novela de 1904 radicada en Bilbao.

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