Un cunucíu me diz que no li gusta la Navidá, que li amurria y da mal aquél. Y yo pienso, no me priguntéis la razón, en simios:
En una plantación brasileña, jaz aina setenta años, el dueñu tinía un gurila machu col que echaba cambalúas pola su propiedá y echábali, pa divertise, contra las mujeres negras: anantis de violalas, las mataba. Mejor dicho: las mataba mientras las violaba. Murió cuando li echó contra una mujer delantre de la su pareja: el maríu cugió una estaca y lu mató. Dimpués lu matarin a él los guardeses de la plantación.
L´otru día me cuntaba un colugista que pertenez a la UICN que enos bosques d´Indonesia los obreros que lu están tumbando cuejin a los orangutanes esmanaos y los llevan a los burdelis. Cumo son mansos, los clientes subin a las habitaciones con una prostituta y con un orangután. Al paecer está de moda atar al simiu a la cabecera de la cama y que se la meta a la chica qu´está a cuatru patas mientras se la mama al cliente.
No pueo cumer polvoronis porque me subi l´azúcara. Probe de mí. Qué tristis son las Navidaes.
El cajigal balumba de lo irremediable a lo inesperáu.
miércoles 16 de diciembre de 2009
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