En casa tenemos muchos libros y muchas estanterías. Hay una en una pared a la que le da directamente el sol de la tarde. Me duele porque sé que el sol daña los libros pero no hay más. No suelo anotarlos ni subrayarlos. Desde pequeño. Los cuido. Pero estos libros al sol he asumido que van a terminar marcados. La palidez inducida por el sol en los lomos será mi marca. Así como otros los abren mucho al leerlos, por ejemplo, yo a estos les he abandonado al sol. Así me consuelo.
Llevaba tiempo buscando uno sobre toponimia de Santander para ver si daba con el topónimo del antiguo lugar que ocupa el Hospital Valdecilla (Fuente Mar, ya lo adelanto). Pero nada. Anoche me senté a leer en una butaquita pequeña que tenemos al lado de esta estantería y donde dejé el móvil estaba el libro. Lo recordaba de un azul muy intenso y resulta que tiene el lomo comido por el sol, blanquecino, por eso no le reconocí. La marca que he hecho mía me lo había hurtado. Voy en mi contra. Será porque es un arreglo. Tengo que mover esos libros de ahí.
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