viernes, 23 de marzo de 2018

Que blanca pero que negra



El comunismo dice (Trotsky concretamente) que la cultura es una y que está en manos de la burguesía porque es suya, es la burguesía quien la ha creado, por eso hay que entrar, aprenderla y arrebatársela para volverla en su contra y abolirles. Bien mirado, no es una postura revolucionaria sino reformista.

Por el contrario, el anarquismo dice (incluso antes del enviado de Bakunin a España, el italiano Fanelli) que la cultura hoy es una e injusta, la burguesa, pero que puede ser otra y justa, la suya (donde el único perfil que no tiene cabida es el burgués por antinatural). Primero hay que liberarse de la cultura que impide al ser humano serlo y después construir la alternativa, aparte, quizá inevitablemente en contra. Y a ello se aplica con denuedo el anarquismo. Es ésta una postura no reformista sino revolucionaria. La batería de herramientas de producción ideológica con que el movimiento obrero, significativamente el anarquista, mayoritario en España, comienza a dotarse a partir de aprox. 1915 es impresionante: he ahí editoriales como Tierra y Libertad, Acracia, Generación Consciente, etc., todas desaparecidas y, lo que es peor, fatalmente olvidadas. Ni qué decir de los ateneos, etc.

Pero a diferencia de la meta comunista (hemos aprendido que de tí solo entra lo que luego te impide cambiar lo que entraste a cambiar, todo lo demás se queda fuera), la anarquista sí se alcanzó, sí se logró construir una cultura autónoma (la burguesa no es contraejemplo, no es frontón, tan solo impedimento, presidio) con vocación universal.

Los mataron, vale. Y a los que no, los apresaron u obligaron a huir. Hicieron desaparecer sus libros, sus revistas. Incautaron sus ateneos. Todo (ésto sí lo aprendimos en la escuela, el miedo). Pero lo hicieron, qué cabrones.

Lo hicieron posible. Nieva en Santander.

No hay comentarios:

Archivu del blog