Iba andando atento a un escaparate hasta que me topé con él. Estaba parado mirando el de un taller de cerámica de la misma acera. Paro a su lado. No le había reconocido. Imagino que se me notara la sorpresa. Me mira también él con sorpresa y le pregunto qué tal está. Podía haberle preguntado otras mil cosas, pero no. Calla y se levanta el sombrero:
- Mira - dice. No tenía pelo.
- ¿Y qué tal estás de ánimo?- pregunto, sin saber.
Se vuelve a poner el sombrero y se queda un instante pensativo. Luego levanta el brazo y extiende la mano. La lleva desnuda. Suele llevar mitones. Siempre viste de negro. Le conozco desde que me dio clase. Le profeso gran admiración.
- Puedo mover los dedos - dice.
Parece estar señalando algo. Nos quedamos otra vez en silencio pero más tiempo. Finalmente se despide. Le digo adiós. Vuelvo la cabeza al cabo de un rato y ya no alcanzo a verle.
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