martes, 21 de abril de 2026

Las flores frescas y las otras del "santucu" de Pelacastillo

Resulta que hay un santucu a la entrada de Santander, a la altura de Peñacastillo. Concuerda con su lógica liminal, fronteriza.


Iba andando por la acera que bordea el monte. Al verlo, crucé y sin que llegara a la mediana se puso a llover. Me cubrí con el cortavientos que llevaba atado a la cintura y me puse a sacar fotos de las flores secas que había dentro, metidas en un jarrón, de las que el modo IA de mi móvil reconoció Limonium (también había restos de cala), y fuera, atadas a la reja, algunas de plástico con el color apagado por el sol y otras naturales, de las que el móvil reconoció:


Valeriana roja y:


Vulneralia.


A las que estaban en macetas en el suelo no las presté atención. El nombre de las anteriores las había apuntado a lápiz en las páginas de respeto de un libro que llevaba y con la lluvia se me estaba mojando, así que no seguí.


Volví a cruzar y seguí subiendo. Dejó de llover. Hice fotos a dos flores de la cuneta:


Galio blanco.


Geranio silvestre.

A la vuelta, pasadas un par de horas, pregunté a una señora mayor que estaba fumando a la ventana de su casa con la bata de guatiné puesta, varias colillas en el suelo que el agua de lluvia todavía no había tenido fuerza para llevarse, y me dijo:

bien pero hace mucho frío, aquí

en invierno no vemos el sol

nada. No hay árboles 

ni edificios alrededor

nada que resguarde

aquellos que están construyendo

donde las grúas: rápido suben

igual de rápido caerán

verás, vistas sí y guardias

ese es el cuartel antiguo

y por detrás está el nuevo

aquí vivimos rodeados

solos, también

dijo. Le pregunté entonces por el santucu y respondió que ni idea de quién lo mantenía ni de quién se encargaba de las flores: ellos serán, añadió, e hizo así con un gesto.

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