Del capítulo "Silenciosa era la noche" del libro Bucarest: polvo y sangre (La Caja Books, 2019) de Margo Rejmer, p. 23. Es un libro de crónicas fantástico.
Había reunión de gerifaltes en mi planta. Iba a durar mucho tiempo. A media mañana salí de mi despacho para dar una vuelta y comprobar que todo estaba yendo bien. En esas estaba cuando vi salir a uno de ellos, además el más zafio, del baño que tenemos reservado para personal. Hay otros tres. En el nuestro hay un cartel puesto desde la pandemia que indica que está reservado. En ese tuvo que meterse. Me vio y sonrió.
Desde entonces mantengo ese baño cerrado con llave.


