¿Ves aquella línea de molinos interrumpida por aquel monte? Sí, contesto. Pues es porque los vecinos nos opusimos. Somos los dueños. En Cantabria casi todos los montes son comunales. Nos tienen que preguntar. Tenemos que dar permiso. Tras pensarlo mucho decidimos negarnos.
Entonces a mí se me vino a la cabeza la palabra cántabra ralaa, el espacio en blanco dentro de una sucesión.
Y no es porque no estemos a favor de las energías alternativas, continúa, sino porque creemos que tienen su sitio, como todo: y no puede ser éste.
Porque acabarían con todo lo demás, responde a mi pregunta. No se puede jugar todo a una sola carta, completo. Exactamente, confirma. Esos molinos gigantescos ahí acabarían con todo lo que no fueran ellos mismos.
¿Dónde, pues?, pregunto. En los polígonos industriales, por ejemplo, responde. Son espacios ya muy degradados. Ahí no harían daño. Pero en estos montes no es que lo cambiarían todo, es que acabarían con todo. No podemos dejar que pase.

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