sábado, 4 de julio de 2026

Sobre mitología cántabra sí o no

Él consigue hablar subiendo cuestas sin que se le note. Yo en circunstancias así no puedo hacer otra cosa que escuchar, también por gusto.

Mi amigo trató de convencerme de que el ojáncanu, con un solo ojo y un cuervo al hombro (que le chiva lo que ha escuchado asomado a las chimeneas), emparenta con Lug, como Odín, también con un solo ojo y asociado a un cuervo. No digo ni que sí ni que no, lo estoy procesando todavía.

El ojáncanu es un mito que no tuvo proyección de futuro, no supo en qué otra entidad transfigurarse para sobrevivir, si acaso en la figura de San Cristóbal, pero este santo perdió pegada tras el Concilio de Trento y hasta ahí llegó.

No pasó así con la anjana. Para mi amigo, la anjana es la Virgen. Ciertamente, hay atribuciones que comparten (saliéndome ya del eje, el mensaje apocalíptico de la Virgen de Garabandal, que los católicos esgrimen como prueba definitiva de que no podía ser la Virgen María, plena de bondad, colocaría a esta dentro de una tradición celestial ambigua: si bien, bien; si mal, mal). Que sea así, que el paralelismo se haya trazado a este nivel tan alto, demostraría que la anjana no es una entidad menor, una mera creencia popular, sino pilar de un antiguo panteón mítico.

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