domingo, 14 de diciembre de 2014

De emigrantes retornados que duermen en los balcones, verbo tornar, solanas y solainas montañesas y gallegas que no son lo mismo que balcones, patines, el éxitus y las abejas, la luz y los espejos

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Leo en A casa, de Xaquín Lorenzo, lo siguiente: "A última solución [o corredor] deu lugar ó nacemento dun elemento novo na casa, de importación ultramarina. A fins do século XIX e comenzos do XX, en que tan intensa foi a emigración dos nosos campesiños ás Américas, os que tornaban de alá atopábanse mal a xeito ó teren que habitar en demasiada intimidade co resto da familia. Procuraron una solución e atopárona facendo construir no extremo do corredor, por medio duns tabiques de táboas, e por veces de ladrillo, una dependencia para pasaren a noite, dependencia que recibiu o nome xeral de alcoba".

Recupero a continuación foto puesta muchas entradas más atrás (podéis buscar San Pedro y aparece en su contexto original) de cuartu del correor en San Pedro, Carmona. Lo que en gallego sería una alcoba.


(2)

En montañés el verbo tornar tiene una acepción parecida a la primera del gallego: "facer que algo ou alguén (...) se desvíe do camino que leva". Por ejemplo un socallu sirve para tornar el viento.

Me recuerda al verbo tichar: hacer retroceder a la pareja de bueyes y, por extensión, recular.

(3)

En el libro sobre arquitectura doméstica tradicional gallega que he citado en el primer punto se explica la diferencia que hay entre solaina y corredor y cómo éste nace, en opinión del autor, del patín ("pequena terraza en que remata a escaleira exterior dunha casa, e que dá acceso ao sobrado ou á vivenda", según el diccionario de la Real Academia Galega, por cierto, bastante malo).

En La Montaña solana y correor (Nansa y cuenca alta del Saja) o balcón (cuenca media del Saja) tampoco son lo mismo, como en Galicia. Lo que está por ver es que el correor o balcón derive de la escalera exterior, como defiende el autor gallego. Las escaleras exteriores abundan en la cuenca alta del Nansa. Aquí puse fotos de una escalera exterior de madera de Tudanca y aquí otras de una escalera exterior de Garabandal. Son escaleras, estas dos, de enorme interés... y ambas en estado ruinoso. No conozco otras tan antiguas en toda la comarca Saja-Nansa.

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Escribe Julio Caro Baroja en Ser o no ser vasco lo siguiente: "Cuando el amo de la casa moría se comunicaba la muerte a los animales domésticos, sobre todo a las abejas, para que hicieran cera." Es un texto en origen de los sesenta.

Creo que es en Leyendas del Valle de Soba en la Montaña de Santander recogidas de la tradición oral y puestas en romance de Castilla por Miguel Angel Sáiz Antomil, de los años cincuenta, que se hace referencia a lo mismo: cuando moría alguien de la familia se le comunicaba a las abejas.

¿Sustrato común?

Las lechuzas avisan cuando alguien va a morir. Si además aúlla un perro, no hay duda. Quedamos a la espera. Cuando muere al que le ha tocado, que hasta la fecha no hemos sido nosotros, se lo decimos a las abejas y a continuación ponemos una esquela con foto en El Diario Montañés. El protocolo es el protocolo. O en el Alerta. El protocolo no es tan rígido.

(5)

A alguien le va a tocar un día estudiar la luz natural en la casa montañesa: la que entra al soberáu por la tronera aguantando la respiración, la que invade el correor o balcón, la que descansa en el poyu, la luz hogareña de los cuarterones, la que caldea la sala y se escurre por el carreju, la laboriosa del portal, la luz anfitriona del patiu o estragal, la resuelta luz del ventanu de la escalera...

A alguien le va a tocar estudiar los espejos en la casa montañesa: sabemos que solía haber uno de pequeño tamaño en uno de los postes del balcón y que solía emplearlo el hombre para afeitarse. ¿Había otros espejos dentro? ¿Dónde? ¿Cómo eran? ¿Qué uso se les daba?

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