martes, 7 de julio de 2026

Los dos que nos saltamos el semáforo

Paro en el semáforo que da a la plaza de México, donde están montando el mercadillo. Hay muchas furgonetas y coches con mal aspecto mal aparcados. Un revuelo de gente sacando persianas de lamas que sirven como tableros, hatillos de hierros, fardos de ropa, cajas. No se oyen voces. Veo que no viene nadie así que me salto el semáforo. Se lanza conmigo un chico negro parece que muy joven y delgado, va vestido ligero y se le ve bien, quiero decir, lo delgado que está, no bien de salud, aunque puede que no tenga nada que ver, con una mochila grande que, pienso, va al instituto de Cazoña como hacía yo por aquí mismo a su edad, también con una mochila, como ahora, aunque ahora no tan grande como entonces ni como la de él, ni tan pronto (me gusta llegar temprano al trabajo, si puedo el primero) y ahora que pienso estamos en julio. Bajamos los dos por la cuesta de los toros y a los pocos metros se para donde una furgoneta con las puertas de atrás abiertas que se ha metido mal en el carril del autobús, saluda a los que allí están y le alcanzan un carretillo que coge raudo sin ni siquiera quitarse la mochila, y yo sigo.

Su mochila parece pesada.

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