sábado, 13 de septiembre de 2014

MAS Lafuente, variedades cabuérnigas de manzana, marcas de cantero contemporáneas, piedras del rayo y aportaciones interesantes de Morecar y Diegu San Gabriel en sus cuentas de twitter

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Entradas más atrás, concretamente aquí, acompañé mi opinión respecto al enfoque de la exposición de Lafuente en el MAS con un fragmento del libro Los Países de Pedro G. Romero.

Pues bien, nada más entrar en el MAS, a mano izquierda, están todos los originales de Los Países.

Touché.

Aprovecho para decir que no creo que la motivación inicial de Lafuente fuera espuria (espuria desde un punto de vista social). De hecho no es que lo crea, es que lo sé. Su motor era más generoso de lo que está haciendo ver. Lo que pasa es que la cohorte que le rodea, y empleo este verbo a posta porque sus aliados a sueldo hacen por mantenerle aislado de su entorno, por si acaso, está compuesta, decía, esta cohorte por trepas que solo ven beneficio personal en todo lo que hacen. Es de sobra conocido. Y se le está pegando. Le están llevando al lado oscuro. Sus aliados a sueldo viven de eso. Pero él no. Se está perdiendo por el camino. Y la caminata ha sido muy larga como para acabarla así.

Sé que los dos admiramos a Borja-Villel. Lo primero que hizo al llegar al Reina fue repensar la colección. De hecho, esta revisión la ha convertido, en un juego de espejos genial, en hilo argumental de la propia colección. Creo que Lafuente debería repensar no tanto su colección o su anclaje físico, ni siquiera su misión, sino sus valores. Cuando ves que un párrafo no termina como debe terminar el error no suele estar en la última frase, sino en la primera del párrafo. Empezó bien, pero le han torcido.

Nunca está de más revisar tu encaje en el mundo, tus coordenadas vitales, qué es el mundo para ti y qué tú para él, que es donde creo que Lafuente empieza a hacer aguas gracias a, o por culpa de, sus asesores.

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Pongo foto de tres variedades de manzana de Cabuérniga:



La de la izquierda y más pequeña sabe a reineta. La del medio parece golden. La de la derecha es una incógnita. Todavía no la he probado.

Mi abuela tenía un manzano en la huerta de Sopeña. Murió de alzheimer. El árbol ya estaba podrido. No lo talamos hasta que murió. Hoy queda el tocón. Las manzanas eran pequeñas y no maduraban en el árbol. Había que ponerlas al sol en el balcón. No se parecían a ninguna de las manzanas de la foto. ¿Serían maíllas, es decir, silvestres? Cuatro variedades ya. ¿No se hacen muchas para un solo valle?

Comentándoselo a mi madre me dijo que hace pocos días encontró en la lera de Sopeña un manzano muy pequeño del que prendían manzanas muy rojas que eran poco más que canicas. Cuando tenga un hueco tengo que buscarlo.

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Se supone que las marcas de cantero respondían a un código desaparecido en torno al año 1600. Así lo asegura Juan Luis Puente López en Marcas, signos lapidarios y símbolos: Firmado en la piedra por los maestros canteros medievales. En Cantabria se publicó en los años veinte del pasado siglo un vocabulario de pantoja, jerga de los canteros trasmeranos (se incluye jeroa, "cara", que utiliza todavía mi padre, cuyo abuelo, mi bisabuelo, era cantero santanderino).

Hay varias marcas de cantero en el claustro de la catedral. En particular, marcas de las profesiones que tenían los canteros antes de serlo, como navegante (dos barcos grabados), viñador (un cesto alto de vendimia), etc. Lo trató Casado Soto en sus distintos libros sobre la catedral.

Pongo foto de marca de cantero en una de las losas de la machina de Santander. Es una de las pocas que se salvó del "acondicionamiento" que sufrió el muelle hace unos años. Está cerca de la gasolinera. Es de destacar que estas losas no van más allá del s. XIX. ¿Se trata, pues, de una losa reutilizada o es que los canteros de Santander no olvidaron su código en piedra, sus marcas, como tampoco la pantoja, hasta las mismas puertas del s. XX?



Hay al lado otra con lo que parecen cuentas. Pongo tras ésta otra foto con una "A" en un bordillo antiguo de acera, cerca de la estación de autobuses.



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Piedra del rayo en un museo extremeño. Es un hacha pulimentada neolítica. Dice la cartela que se le atribuían poderes protectores.

En una revista de Caja Cantabria de hace mil años aparecía una entrevista a José Hierro en la que decía que en Liencres las piedras del rayo eran fósiles de erizo (bolas de piedra con una estrella en mitad; son relativamente fáciles de encontrar). El nombre se debe a que son las piedras que van en la punta del rayo y que es por eso que los rayos matan, porque te golpean con esa piedra.

Hace aprox. quince años coincidí en el tren Lisboa - París con un paisano de la zona de la Sierra de la Estrella que también me habló de piedras del rayo.

En Liébana han aparecido varias hachas de este tipo en contextos extraños. ¿Elementos protectores, amuletos tal vez?

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Interesante el apunte que hace Morecar en su cuenta de Twitter sobre la distinción entre por ahí y por àhi.

Interesante también la aportación que hace Diegu San Gabriel en su cuenta de twitter sobre las /-s/ pejinas. En Cazoña, que yo sepa (Llou y Chori no se apeaban), son más que frecuentes en contextos de camaradería.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se si conoces o quieres conocer la historia de La Torre de La Cantolla, lo acabo de leer en un libro publicado en la web de ACANTO.

Yo.

Anónimo dijo...

Esas manzanas muy rojas que dices, ¿será lo mismo que algunos de los árboles del Parque de Las LLamas?

.Yo

Serrón dijo...

Hace un par de años estuve al pie de la torre que mencionas y alguien me contó la historia. Es sobre una cría que encerraron en ella, ¿verdad? Tengo que echar un ojo al libro que dices. Gracias por la sugerencia.

Los árboles de Las Llamas son los mismos afectados de raquitismo que hay en todas las ciudades españolas, no creo que procedan de Cabuérniga.

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