Sale una camilla aparatosa del ascensor grande. Al señor se le ve asustado, va muy tapado y mirando al techo. Baja de la habitación. Le llevan o a quirófano o a hacerle alguna prueba. Por debajo de la sábana con el anagrama del hospital asoma una mantita a cuadros rojos y negros
de esas suaves que dan gusto
traída de casa.
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