Sabes más, mucho más
y lo aprendiste
descalzo:
sintiendo entre tus pies
lo dura que es la tierra:
pulso, humedad, polvo;
yerba en otoño,
hojas en el bosque
¡y el camino
siempre cuesta arriba!
¡Descalzo!
Tu juguete era un charco muy grande;
un charco con el agua siempre turbia;
era tu mar pequeño
y nunca conseguiste verlo azul
como el cielo.
Descalzo: sin protesta.
Te fuiste haciendo hombre
acurrucado en una puerta ajena;
soñando con más pan
con más cariño,
con más justo calor
para tu carne
descalza -sobre todo-
de promesas.
Poema tomado del libro En silencio (La Isla de los Ratones, 1978).
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