miércoles, 7 de enero de 2026

"Muerte de un caballo" de Henri Michaux

Muerte de un caballo

Hacienda Guadalupe,
hacia Pelileo, Ambato,
a las 6 de la madrugada,
11 de julio [de 1928]

Apenas acabábamos de salir
De repente se nos ha muerto.
Ha querido saltar
Y está muerto.
Yo iba delante.
No podía ver nada.
Después Gustavo se ha reunido conmigo.
"¿Y tu caballo?", le dije extrañado.
"Allí está", explica, "ha querido saltar
Y de repente se ha muerto.
No tuvo sino el tiempo para soltarme." ¡Ah!...
No obstante tenemos prisa; se nos espera en la etapa.
Hay que galopar, llegamos, aquí está el camión.
Debemos reemprender la marcha en seguida.
Gustavo está apurado. No ha sido culpa suya.
El caballo primero tembló. De repente se cayó.
Nosotros sentados en la parte posterior, con las piernas colgantes, afuera.
El camino se empina siempre más.
"Veis esta mancha, es él
Allí: murió en la encrucijada de los dos caminos."
El camino se empina siempre más.
Entretanto un nubarrón desciende hacia el valle,
Desciende, ya está a nuestros pies,
De pronto se afana, con tacto,
Pero ampliamente,
Amortaja al caballo muerto,
Bajo hectáreas de blancor, tanto en altura como en anchura.
Y con él todos los caballos aún vivos,
Los potros, los bueyes, y toda res lanar
Y la hacienda hasta sus abrevaderos y su algorín de aguardiente.
Hemos franqueado un collado,
Nos alejamos más y más,
Allá, por allí, el caballo murió.
Gustavo ignora si murió con los ojos abiertos o cerrados.
Entreabiertos, cree.
Tercera jornada, y todavía hay que darse prisa, el tren va a salir.
Entonces Gustavo... un gran caballito, dice, y eso es todo.
(Lo cual quiere decir a la vez un buen caballo de raza,
un excelente caballito, y el cariño que sentía por él.)
Eso está bien, piensa cada cual y aún más, pero ¿cómo expresarse adecuadamente sobre un caballo?

Caballo trigueño, con penacho de leche y de viento,
Caballo, jamás quieto, cabeceante en perpetua negación,
Protestas, resistencias a la obediencia, reiteradas-a-pesar-de-todo-eso-es,
Tentativas de violencia inmediatas, no disimuladas-bien-se-verá,
Al acecho activamente del misterio del aire,
Con la cabeza flotando en estos aires demasiado ligeros para sostenerlo,
Constantemente traicionado por él, flotando siempre.
Con un aspecto valeroso, tan conmovedor, tan inútil.
Tú, al que incluso los demás caballos
No se acercaban, a no ser con cierto aire,
Un gran caballito, ahí lo tenéis, y está muerto.

Del diario de viaje titulado Ecuador (Tusquets, 1983) de Henri Michaux, traducción de Cristóbal Serra, pp. 86-87.

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