lunes, 13 de julio de 2026

El círculo

Un amigo nos invitó a comer a su casa. No recuerdo si antes o después fuimos a dar un paseo hasta el yacimiento de una antigua ermita rodeada de pastos de altura donde, según nos dijo, habían salido cosas interesantes, por ejemplo monedas (imprescindibles para datar el yacimiento, de ahí su importancia, no por su valor económico) o restos de búcaros para flores. 

Pero lo más llamativo, quizá por no haberlo sabido ver hasta ahora, fue lo que apareció fuera, tanto en el soportal, de alguna manera un espacio de transición, como sobre todo a resguardo de una de las paredes laterales, donde incluso encontraron restos de antiguas hogueras.

Este emplazamiento se explica como un lugar de encuentro o reunión de pastores, remarcó nuestro amigo. Es en lugares como este, no de paso sino de estancia, donde se aquilató una cultura pastoril desarrollada todo a lo largo de la Cordillera Cantábrica, desde las brañas vaqueiras hasta las cabañas pasiegas.

Es en torno a hogueras como esta donde se aprendió a hacer cibillas, a levantar cuerres o a tallar un palu pintu, ejemplificó. Hasta ahora nos habíamos quedado con el desarrollo vertical, siguiendo el discurrir de los ríos, el valle como unidad de análisis, el Nansa o Cabuérniga, por ejemplo, pero estamos empezando a reconocer un corredor horizontal de carácter pastoril previo.

A mediados de la semana pasada fuimos mi tía, mi madre y yo en taxi a ver a otra tía al valle. Salimos todos juntos a La Castañera. Buscamos un banco bajo algún árbol pero como ninguno nos gustó, nos sentamos en la pared que rodea la iglesia, por la parte de la puerta, que está más baja. Conocemos el sitio. No es la primera vez que vamos. Nos pusimos en círculo y sacamos las viandas: quesitos para poder masticar bien, un poco de chorizo, unas rosquillas, agua. Hablamos de esto y de aquello.

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