Ya nos había pasado otra vez, preguntar precio y mirarnos mal: los
campanos no se venden, por nada. Esta vez fue en Lamiña. Es lo más preciado de un
vaqueru. Representa su condición, lo que es. Es por este motivo, en último término, por lo que los
campanos suelen estar
marcados.
Éste es el
marcu de Lamiña. Está dibujado por un paisano en la barra de la taberna con la tiza con que se echan las cuentas, que para esto también sirve.
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