La casa de Las Balbases la recuerdo cerrada siempre. Nunca he llegado a llamar a su puerta. Tiene una verja que gana unos metros a la fachada. Se corresponde con las goteraas. Hace tiempo robaron el picaporte, un perro de presa de bronce. Enfrente está la huerta y en la pared, un poyu al que siguen dando sombra varios avellanos. Pero de pequeños apenas nos sentábamos ahí. Si acaso para cascar alguna avellana pero poco más. Nos daban miedo las abejas que cada año hacían colmena en la galería. Estaban los cristales rotos y entraban por ahí. Yo siempre las había tomado por avispas. No eran amarillas, sino negras. Nunca me lo había planteado. Pero ahora sé que las autóctonas son negras, que la amarilla es una híbrida.
Venía un vecino y con muy buena voluntad se las llevaba. Nunca le vi hacerlo porque nos metíamos en la cocina por miedo. Ahora cada vez que paso me fijo y nunca las veo. Ya no debe haber.
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2 comentarios:
El apellido Balbás, tan montañés, yo lo hago compuesto de "val" y de "bas", en relación con bosque, igual que el "basa" vasco, salvaje, o sea, algo así como "valle boscoso".
El vecino las llevaba a un invernal que hay al otro lado del Saja, en Zalcéu.
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